Oscar Rodríguez Blanco s, d, b.
El Diario de Hoy
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El
próximo 21 de marzo, el pueblo salvadoreño acudirá
a las urnas para ejercer su derecho al voto y elegir al Presidente que
gobernará la nación durante los próximos cinco años.
Seguimos escuchando día a día las promesas que los candidatos
a la presidencia hacen al pueblo, para atraer a los votantes y ganarse
su confianza. En general, todo lo que se promete es bueno, útil
y necesario.
Ojalá que a la hora de la verdad los salvadoreños no queden
defraudados. Es lógico que ante la proximidad de estos comicios
presidenciales, muchos se sientan nerviosos, impacientes, desconfiados
y hasta descontrolados.
Otros, a pesar de ser creyentes, piensan que su fe no tiene nada que ver
con la política o la economía; se olvidan de que toda tarea
humana se encamina hacia el bien común y que la fe guarda una relación
directa con Dios y que esta relación repercute en toda actividad
humana; se olvidan de que el Concilio Vaticano II nos enseña que
la política es la más alta actividad humana porque
contribuye al bien común (GS, 75).
La participación del laico en la política encuentra su referencia
directa en la exhortación Fieles cristianos laicos
(n.42): Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de
su participación en la política, es decir, de la multiforme
y variada acción económica, social, legislativa, y cultural,
destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común.
Los señores obispos de El Salvador, en su última carta pastoral:
Testigos de Cristo en la Iglesia y en el mundo, nos recuerdan
una vez más la necesidad de que existan laicos maduros que superen
la apatía y la falta de conciencia política que reina en
muchas personas que consideran la política como algo sucio, y que,
por tanto, tenemos que mantenernos alejados de ella.
Es todo lo contrario, pues cuando los valores éticos y morales
están presentes en las actividades humanas, y la política
es una actividad humana, éstas no se vuelven contra la persona
humana. Un ciudadano responsable de su fe y del bien público no
puede permanecer indiferente ante las decisiones políticas que
se tomen. Es necesario que todo creyente conozca y asuma responsablemente
sus deberes cívicos para no abstenerse de emitir su voto, ya que
muchas veces nos quejamos de las decisiones que toman las autoridades
y que afectan nuestros intereses, pero no hacemos nada para evitar que
las decisiones gubernamentales favorezcan a la persona humana.
El voto es un derecho y, al mismo tiempo, una obligación moral
que tiene todo ciudadano. Exige, por lo tanto, una toma de
conciencia para que se sienta corresponsable en la defensa del bien común.
Quien por negligencia o capricho no emite su voto, va en contra de los
intereses del bien común. El voto, por otra parte, debe ser conforme
el dictamen que emita la propia conciencia, sin presión de ninguna
clase, sabiendo que nadie debe comprarle su libre derecho de elegir a
quien le parezca; en caso contrario, sería un voto deshonesto y
censurable, pues se estaría manipulando la dignidad de la persona
humana.
Todos somos corresponsables en alguna forma de la seguridad de la nación,
y con el voto se puede participar e influir en el bien público,
manifestando en esta forma la aprobación o desaprobación
a los candidatos, partidos políticos o programas que se ofrecen
durante el período de la propaganda electoral.
El ciudadano que va a emitir un voto debe conocer y valorar todos los
programas y propuestas de todos y cada uno de los partidos políticos,
debe ser un crítico constructivo para asegurarse la garantía
de la defensa de los derechos humanos, y en forma especial el derecho
a la vida, tiene que velar para que los programas que prometen sean realistas
y transparentes, programas que luchen contra la corrupción y combatan
la impunidad y aseguren una convivencia pacífica, valorizando al
mismo tiempo la calidad moral de cada uno de los candidatos.
El que vota y es creyente debe tener en cuenta que ser cristiano no consiste
sólo en participar en los ritos y ceremonias de la Iglesia. Jesús
ayudó, con palabras y hechos, a la gente necesitada y sufriente,
y por lo tanto el creyente, como portador de la Buena Noticia de salvación,
no debe mostrarse indiferente ante los problemas y retos que presenta
el momento histórico que le toca vivir.
*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com