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Dos iniciativas
Luces de esperanza

Estas dos extraordinarias iniciativas deben multiplicarse porque es lo que necesita en este momento nuestro país. Capacitación y oportunidad de enseñar al mundo lo que nuestros artesanos pueden producir

 

Publicada 14 de marzo 2004, El Diario de Hoy


Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Dentro de la exaltación política, hubo dos acontecimientos que pasaron desapercibidos para la mayoría, porque, como de costumbre, lo bueno y lo genuino no hacen ruido. En el bullicioso Soyapango, se inició la construcción de la segunda etapa del Centro de Capacitación Profesional para la Mujer Siramá-Prusia, gracias a la visión generosa de don Ricardo Meléndez, quien donó los terrenos, a la ayuda del FISDL y a la colaboración de diferentes personas, empresas nacionales, organismos internacionales y el Gobierno belga.

En las magníficas instalaciones que constituyen la primera parte del proyecto, mujeres de escasos recursos, la mayoría procedentes de zonas marginales, han recibido capacitación que les permitirá desenvolverse en la vida con seguridad y dignidad.

Se enseña panadería, corte y confección, hechura piñatas y cosmetología que en cursos de tres meses dotan a las alumnas, muchas de ellas cabezas de familia, de herramientas para ganarse la vida honradamente y convertirse en pequeñas empresarias. Es conmovedor asistir a una graduación en la que una mujer feliz sube a recibir su título estrenando el vestido que ella misma cosió. O saber que una familia entera trabaja en la hechura de piñatas, porque la mamá ya no da abasto a la demanda de sus vecinas.

Ver cómo estas heroicas mujeres se rebuscan para convertir un barril y un par de rines de automóvil, en un horno artesanal, hasta que con la venta del pan puedan comprar uno a plazos. Y comprobar que la cipota que empezó cortando pelo en una esquina del mercado, con una silla y unas tijeras como únicas herramientas, es luego la propietaria de un salón de belleza.

Y esos ojos abiertos a la esperanza vislumbran un futuro mejor. Abrir su taller de costura, una tienda de flores de papel, una panadería cuyos primeros operarios serán los hijos y el marido. Y el entusiasmo de crecer y abrir una sucursal, y la necesidad de iniciarse en conocimientos de contabilidad, en costos, en estudios de mercado, porque han perdido el temor al futuro, pues además de conocimientos técnicos, han sido dotadas de formación humana y espiritual, según el espíritu de San Josemaría
Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, que durante toda su vida promovió iniciativas en beneficio de los más necesitados.

En Prusia se evidencia ese cambio simultáneo que ocurre cuando se devuelve a la mujer la seguridad en sí misma, al estar consciente de su dignidad de hija de Dios y del papel crucial que le corresponde desempeñar en su familia, en su comunidad y en la sociedad.

Otro proyecto ambicioso recientemente inaugurado se llama “Tupal”, que en náhuatl significa “lo tuyo” y que define exactamente
la nueva casa donde los artesanos salvadoreños podrán mostrar a los capitalinos, a los visitantes, a los turistas y al mundo, las bellezas que, hasta en los últimos rincones del país, son capaces de producir esas manos laboriosas.

Un esfuerzo del Comité de Proyección Social, junto con un grupo de ONG de diversos colores políticos, pero unidos por un profundo amor a la Patria y por el deseo de ayudar a tantos artesanos, a quienes Dios dio esas manos milagrosas, capaces de crear belleza, pero que no cuentan con las posibilidades de comercializarlas, ni siquiera de exponerlas a los ojos de futuros compradores.

Este centro mágico está situado en la calle a Huizúcar, donde el buen gusto ha sabido combinar materiales nobles con elementos decorativos típicos del país y sirve como marco para admirar una exposición de muebles de Nahuizalco para dormitorio, sala y comedor decorados con cubrecamas y hamacas tejidos en San Sebastián, jarrones, miniaturas y una increíble variedad de adornos en barro originales de Ilobasco y otros bellamente pintados en madera, elaborados en La Palma.

El plan piloto que se ha iniciado en estos cuatro municipios pretende extenderse a todos los demás, lo que se puede admirar en los vídeos que constantemente se exhiben, grabados con mucho profesionalismo en todos los rincones del país. Una cafetería muy bien montada hace de Tupal un lugar ideal para llevar invitados que puedan degustar las delicias de la gastronomía nacional.

Estas dos extraordinarias iniciativas deben multiplicarse porque es lo que necesita en este momento nuestro país.

Capacitación y oportunidad de enseñar al mundo lo que nuestros artesanos pueden producir, pero tienen limitaciones para comercializar. Esta es la llave para entrar al progreso y al desarrollo: enseñar a trabajar, ayudar a crecer para mejorar la autoestima y la dignidad de tantos salvadoreños con gran potencial, que sólo esperan una oportunidad para poder superarse y salir de la pobreza.

* Columnista de El Diario de Hoy

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