Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Dentro
de la exaltación política, hubo dos acontecimientos que
pasaron desapercibidos para la mayoría, porque, como de costumbre,
lo bueno y lo genuino no hacen ruido. En el bullicioso Soyapango, se inició
la construcción de la segunda etapa del Centro de Capacitación
Profesional para la Mujer Siramá-Prusia, gracias a la visión
generosa de don Ricardo Meléndez, quien donó los terrenos,
a la ayuda del FISDL y a la colaboración de diferentes personas,
empresas nacionales, organismos internacionales y el Gobierno belga.
En las magníficas instalaciones que constituyen la primera parte
del proyecto, mujeres de escasos recursos, la mayoría procedentes
de zonas marginales, han recibido capacitación que les permitirá
desenvolverse en la vida con seguridad y dignidad.
Se enseña panadería, corte y confección, hechura
piñatas y cosmetología que en cursos de tres meses dotan
a las alumnas, muchas de ellas cabezas de familia, de herramientas para
ganarse la vida honradamente y convertirse en pequeñas empresarias.
Es conmovedor asistir a una graduación en la que una mujer feliz
sube a recibir su título estrenando el vestido que ella misma cosió.
O saber que una familia entera trabaja en la hechura de piñatas,
porque la mamá ya no da abasto a la demanda de sus vecinas.
Ver cómo estas heroicas mujeres se rebuscan para convertir un barril
y un par de rines de automóvil, en un horno artesanal, hasta que
con la venta del pan puedan comprar uno a plazos. Y comprobar que la cipota
que empezó cortando pelo en una esquina del mercado, con una silla
y unas tijeras como únicas herramientas, es luego la propietaria
de un salón de belleza.
Y esos ojos abiertos a la esperanza vislumbran un futuro mejor. Abrir
su taller de costura, una tienda de flores de papel, una panadería
cuyos primeros operarios serán los hijos y el marido. Y el entusiasmo
de crecer y abrir una sucursal, y la necesidad de iniciarse en conocimientos
de contabilidad, en costos, en estudios de mercado, porque han perdido
el temor al futuro, pues además de conocimientos técnicos,
han sido dotadas de formación humana y espiritual, según
el espíritu de San Josemaría
Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, que durante toda su
vida promovió iniciativas en beneficio de los más necesitados.
En Prusia se evidencia ese cambio simultáneo que ocurre cuando
se devuelve a la mujer la seguridad en sí misma, al estar consciente
de su dignidad de hija de Dios y del papel crucial que le corresponde
desempeñar en su familia, en su comunidad y en la sociedad.
Otro proyecto ambicioso recientemente inaugurado se llama Tupal,
que en náhuatl significa lo tuyo y que define exactamente
la nueva casa donde los artesanos salvadoreños podrán mostrar
a los capitalinos, a los visitantes, a los turistas y al mundo, las bellezas
que, hasta en los últimos rincones del país, son capaces
de producir esas manos laboriosas.
Un esfuerzo del Comité de Proyección Social, junto con un
grupo de ONG de diversos colores políticos, pero unidos por un
profundo amor a la Patria y por el deseo de ayudar a tantos artesanos,
a quienes Dios dio esas manos milagrosas, capaces de crear belleza, pero
que no cuentan con las posibilidades de comercializarlas, ni siquiera
de exponerlas a los ojos de futuros compradores.
Este centro mágico está situado en la calle a Huizúcar,
donde el buen gusto ha sabido combinar materiales nobles con elementos
decorativos típicos del país y sirve como marco para admirar
una exposición de muebles de Nahuizalco para dormitorio, sala y
comedor decorados con cubrecamas y hamacas tejidos en San Sebastián,
jarrones, miniaturas y una increíble variedad de adornos en barro
originales de Ilobasco y otros bellamente pintados en madera, elaborados
en La Palma.
El plan piloto que se ha iniciado en estos cuatro municipios pretende
extenderse a todos los demás, lo que se puede admirar en los vídeos
que constantemente se exhiben, grabados con mucho profesionalismo en todos
los rincones del país. Una cafetería muy bien montada hace
de Tupal un lugar ideal para llevar invitados que puedan degustar las
delicias de la gastronomía nacional.
Estas dos extraordinarias iniciativas deben multiplicarse porque es lo
que necesita en este momento nuestro país.
Capacitación y oportunidad de enseñar al mundo lo que nuestros
artesanos pueden producir, pero tienen limitaciones para comercializar.
Esta es la llave para entrar al progreso y al desarrollo: enseñar
a trabajar, ayudar a crecer para mejorar la autoestima y la dignidad de
tantos salvadoreños con gran potencial, que sólo esperan
una oportunidad para poder superarse y salir de la pobreza.
* Columnista de El Diario de Hoy
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