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La nota del día
La matanza perpetrada en la pacífica Madrid

Ninguna persona normal consigue explicarse lo que pasa dentro de las podridas mentes y almas del terrorista, el secuestrador, el asesino serial, los descuartizadores

Publicada 14 de marzo 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Los atentados en Madrid sincronizados en forma escalofriante y despiadada para causar el mayor número posible de víctimas, todas inocentes, comprueba que se debe mantener la lucha contra el terror, pues los terroristas no conceden tregua a los pueblos bajo ataque.

El atentado es contra la civilización, contra el orden moral y la convivencia pacífica, contra la democracia y contra el noble pueblo español.

Los salvadoreños hemos recibido, desde siempre, las más grandes muestras de afecto, de apoyo y de solidaridad de parte del gobierno y del ciudadano común de España. A ellos les hacemos llegar nuestro más profundo pésame por la tragedia sufrida. Asimismo, condenamos el execrable atentado, el que se suma a las múltiples atrocidades que viene perpetrando ETA desde hace muchos años.

¿Fue ETA o Al Qaeda o una combinación de ambos grupos quienes perpetraron los atentados? Se ha demostrado que la internacional del terror sostiene vínculos entre las diversas organizaciones, sean palestinos, montoneros argentinos o terroristas japoneses. Al Qaeda por sí sola no tiene el milimétrico conocimiento del terreno para planificar con tal precisión los atentados de ayer; de haber intervenido, es seguro que se apoyaron en ETA, la que por sí sola pudo llevarlos a cabo.

Lo más repugnante del terrorismo es que en su totalidad sus víctimas son personas inocentes, gente cuya tragedia es causada “por haber estado allí” cuando estalló la bomba, asaltaron la discoteca o secuestraron el avión. A la hora del atentado de ayer, niños y jóvenes estudiantes, empleados, trabajadores y profesionales iban a colegios, oficinas y fábricas. Era el momento de mayor circulación de personas; casi todos son de clase media y obreros que se valen de los medios masivos de transporte para llegar a sus destinos.

La perversidad de los autores se evidencia por la hora escogida y los sitios donde hicieron detonar los artefactos, precisamente donde se dan las concentraciones más grandes de gente. Además intentaron hacer estallar las bombas en sincronización, lo que falló por el retraso en segundos de uno de los trenes. La policía logró desactivar la bomba de mayor potencia, que por fortuna no explotó. El número de muertos y heridos pudo haber sido el triple.

Una amenaza a los hombres libres

Ninguna persona normal consigue explicarse lo que pasa dentro de las podridas mentes y almas del terrorista, el secuestrador, el asesino serial, los descuartizadores. Una diabólica mezcla de perversidad, de sicopatía extrema, de desequilibrios emocionales, de resentimientos, mueve a estos verdugos de la sociedad a atentar contra inocentes. Se regocijan por la cantidad de muertos que ocasionan, por las escenas de dolor que contemplan, por el espanto generado, por las vidas destrozadas. Y ese dolor es el incentivo para preparar nuevos espantos, prometiéndose no cometer “errores”.

Muchos salvadoreños tienen muy fresco en el recuerdo lo que les tocó sufrir a causa del terrorismo durante los años de la locura. No es casualidad que los terroristas criollos fraguaron alianzas con terroristas de otras latitudes, entre los que destacaron etarras. Fueron etarras los que volaron nuestros dos maravillosos puentes sobre el río Lempa, y etarras los que entrenaban a los dinamiteros de la guerrilla. Algunos de esos criminales se nacionalizaron nicaragüenses bajo el sandinismo, de hecho escapando el castigo por los delitos que habían cometido en España.

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