El Diario de Hoy
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Los atentados en Madrid sincronizados en forma escalofriante y despiadada
para causar el mayor número posible de víctimas, todas inocentes,
comprueba que se debe mantener la lucha contra el terror, pues los terroristas
no conceden tregua a los pueblos bajo ataque.
El atentado es contra la civilización, contra el orden moral y
la convivencia pacífica, contra la democracia y contra el noble
pueblo español.
Los salvadoreños hemos recibido, desde siempre, las más
grandes muestras de afecto, de apoyo y de solidaridad de parte del gobierno
y del ciudadano común de España. A ellos les hacemos llegar
nuestro más profundo pésame por la tragedia sufrida. Asimismo,
condenamos el execrable atentado, el que se suma a las múltiples
atrocidades que viene perpetrando ETA desde hace muchos años.
¿Fue ETA o Al Qaeda o una combinación de ambos grupos quienes
perpetraron los atentados? Se ha demostrado que la internacional del terror
sostiene vínculos entre las diversas organizaciones, sean palestinos,
montoneros argentinos o terroristas japoneses. Al Qaeda por sí
sola no tiene el milimétrico conocimiento del terreno para planificar
con tal precisión los atentados de ayer; de haber intervenido,
es seguro que se apoyaron en ETA, la que por sí sola pudo llevarlos
a cabo.
Lo más repugnante del terrorismo es que en su totalidad sus víctimas
son personas inocentes, gente cuya tragedia es causada por haber
estado allí cuando estalló la bomba, asaltaron la
discoteca o secuestraron el avión. A la hora del atentado de ayer,
niños y jóvenes estudiantes, empleados, trabajadores y profesionales
iban a colegios, oficinas y fábricas. Era el momento de mayor circulación
de personas; casi todos son de clase media y obreros que se valen de los
medios masivos de transporte para llegar a sus destinos.
La perversidad de los autores se evidencia por la hora escogida y los
sitios donde hicieron detonar los artefactos, precisamente donde se dan
las concentraciones más grandes de gente. Además intentaron
hacer estallar las bombas en sincronización, lo que falló
por el retraso en segundos de uno de los trenes. La policía logró
desactivar la bomba de mayor potencia, que por fortuna no explotó.
El número de muertos y heridos pudo haber sido el triple.
Una amenaza a los hombres libres
Ninguna persona normal consigue explicarse lo que pasa dentro de las podridas
mentes y almas del terrorista, el secuestrador, el asesino serial, los
descuartizadores. Una diabólica mezcla de perversidad, de sicopatía
extrema, de desequilibrios emocionales, de resentimientos, mueve a estos
verdugos de la sociedad a atentar contra inocentes. Se regocijan por la
cantidad de muertos que ocasionan, por las escenas de dolor que contemplan,
por el espanto generado, por las vidas destrozadas. Y ese dolor es el
incentivo para preparar nuevos espantos, prometiéndose no cometer
errores.
Muchos salvadoreños tienen muy fresco en el recuerdo lo que les
tocó sufrir a causa del terrorismo durante los años de la
locura. No es casualidad que los terroristas criollos fraguaron alianzas
con terroristas de otras latitudes, entre los que destacaron etarras.
Fueron etarras los que volaron nuestros dos maravillosos puentes sobre
el río Lempa, y etarras los que entrenaban a los dinamiteros de
la guerrilla. Algunos de esos criminales se nacionalizaron nicaragüenses
bajo el sandinismo, de hecho escapando el castigo por los delitos que
habían cometido en España.