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Tomando la palabra
De la confusión a la sensatez

Debemos pasar a una época de trabajo arduo y de recuperación de principios y valores morales y éticos, para ubicarnos en la posición de liderazgo que merecemos ante el resto de países.

Publicada 09 de marzo 2004, El Diario de Hoy


Guillermo Guido*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Faltan pocos días para las elecciones presidenciales más cruciales del país, tal como lo vine advirtiendo desde el año pasado en artículos publicados en este mismo periódico.

La razón de que estas elecciones sean tan trascendentales es que, por primera vez, desde que se firmaron los Acuerdos de Paz, los más extremistas comunistas del país que dirigen al FMLN, buscarán quitar el gobierno al sector de derecha, representada por ARENA, sin que otros partidos puedan lograr mayor protagonismo. El pueblo salvadoreño tendrá finalmente que escoger entre los comunistas del FMLN, que quieren “cambiar” por otro El Salvador, o los derechistas de ARENA, que aseguran harán mejorar el sistema de gobierno para fortalecer la democracia y la libertad.

Durante la campaña política, los partidos han manifestado y divulgado sus proyectos y ofertas, que tienen como finalidad terminar con todos los problemas que agobian a los salvadoreños. Los comunistas ofrecen una vida más barata y trabajo “al nomás terminar de estudiar”; el candidato de ARENA dice que él no es politiquero y lo que ofrece es trabajar duro para salir adelante, combatiendo con fuerza a la delincuencia y promoviendo más producción y exportación.

¿Pero qué es en realidad lo que la población ha percibido de toda la campaña política?

Al principio hubo mucha algarabía entre los políticos y diferentes representantes profesionales, en especial médicos y abogados alrededor del FMLN, asegurándole un triunfo y dando la impresión de que el pueblo cada día le apoyaba más. En medio de esa euforia combinada con huelgas, protestas y marchas, aparecieron los candidatos y, con ellos, las declaraciones de lo que harían si llegaban a gobernar..., eso fue suficiente para que la bulla quedara atrás y se comenzara a detectar que algo andaba mal; los asesores del Sr. Handal declararon en público lo que ya se sospechaba, el plan de gobierno no es otra cosa que pasar del sistema democrático actual a un nuevo Estado socialista, es decir, convertir a El Salvador en un país comunista.
ARENA, por su parte, eligió al Sr. Saca, un candidato nuevo en política, con una trayectoria limpia, de esfuerzos y trabajo desde la adolescencia hasta la fecha, que claramente representa una alternativa decente de la generación joven del país.

Los salvadoreños comenzamos a evaluar con detenimiento ambas ideologías y sus posiciones y ofertas; obviamente que, para la mayoría, la posibilidad de terminar siendo comunistas nos asustó... y cómo no tener miedo, si vivimos 12 años de guerra y conocimos cómo los comunistas pasaron de insurgentes a terroristas y nos impusieron años y años de sangre y dolor. Nunca construyeron nada, todo el tiempo pasaron destruyendo y sembrando el odio entre nosotros mismos, soñando con el día en que ellos vivirían como ricos y poderosos. Inmediatamente surgieron sus defensores y sus discursos fueron suavizados, como tratando de tranquilizar a la gente.

Mientras tanto, hemos podido observar los resultados de las encuestas de opinión que, criticados algunas veces y aceptados en su mayoría, han logrado mostrar una tendencia de crecimiento en apoyo a ARENA desde septiembre del año pasado hasta la fecha. No cabe duda de que ahora habrá mucha más gente votando (más del doble de las últimas elecciones), y todo parece indicar que de aquí vendrá la fuerte cantidad de votos que recibirá el Sr. Saca y que le convertirá en el seguro ganador de la presidencia.

Cuando todo esto pase y los salvadoreños hayamos agregado una experiencia más a nuestras vidas y a la historia del país, quizá tenga la oportunidad de encontrarme de nuevo con un señor campesino de San Julián, que una vez en medio de una plática en la que discutíamos cómo terminar con la pobreza, me dijo: “Yo no sé cómo dicen estos señores del FMLN que quieren y se preocupan por los pobres del país, si yo nunca he conocido un comunista que sea pobre y tampoco conozco pobres que sean comunistas, por eso nunca van a llegar al poder”. Esa fue una gran demostración de sabiduría y sensatez.

Los salvadoreños tenemos forzosamente que arreglar las fallas que tiene el sistema institucional actual y cambiar las actitudes y las personas que se opongan a este fin, no necesitamos de otros sistemas ni de las pretensiones personales de líderes obcecados y ya gastados por el tiempo.

Debemos pasar a una época de trabajo arduo y de recuperación de principios y valores morales y éticos, para ubicarnos en la posición de liderazgo que merecemos ante el resto de países. La gran esperanza será que la izquierda permita que esto se dé y no continúen imponiendo su política de oposición sin razón.
¿Será esto posible?

*Mercadólogo.

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