Guillermo Guido*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Faltan pocos días para las elecciones presidenciales más
cruciales del país, tal como lo vine advirtiendo desde el año
pasado en artículos publicados en este mismo periódico.
La razón de que estas elecciones sean tan trascendentales es que,
por primera vez, desde que se firmaron los Acuerdos de Paz, los más
extremistas comunistas del país que dirigen al FMLN, buscarán
quitar el gobierno al sector de derecha, representada por ARENA, sin que
otros partidos puedan lograr mayor protagonismo. El pueblo salvadoreño
tendrá finalmente que escoger entre los comunistas del FMLN, que
quieren cambiar por otro El Salvador, o los derechistas de
ARENA, que aseguran harán mejorar el sistema de gobierno para fortalecer
la democracia y la libertad.
Durante la campaña política, los partidos han manifestado
y divulgado sus proyectos y ofertas, que tienen como finalidad terminar
con todos los problemas que agobian a los salvadoreños. Los comunistas
ofrecen una vida más barata y trabajo al nomás terminar
de estudiar; el candidato de ARENA dice que él no es politiquero
y lo que ofrece es trabajar duro para salir adelante, combatiendo con
fuerza a la delincuencia y promoviendo más producción y
exportación.
¿Pero qué es en realidad lo que la población ha percibido
de toda la campaña política?
Al principio hubo mucha algarabía entre los políticos y
diferentes representantes profesionales, en especial médicos y
abogados alrededor del FMLN, asegurándole un triunfo y dando la
impresión de que el pueblo cada día le apoyaba más.
En medio de esa euforia combinada con huelgas, protestas y marchas, aparecieron
los candidatos y, con ellos, las declaraciones de lo que harían
si llegaban a gobernar..., eso fue suficiente para que la bulla quedara
atrás y se comenzara a detectar que algo andaba mal; los asesores
del Sr. Handal declararon en público lo que ya se sospechaba, el
plan de gobierno no es otra cosa que pasar del sistema democrático
actual a un nuevo Estado socialista, es decir, convertir a El Salvador
en un país comunista.
ARENA, por su parte, eligió al Sr. Saca, un candidato nuevo en
política, con una trayectoria limpia, de esfuerzos y trabajo desde
la adolescencia hasta la fecha, que claramente representa una alternativa
decente de la generación joven del país.
Los salvadoreños comenzamos a evaluar con detenimiento ambas ideologías
y sus posiciones y ofertas; obviamente que, para la mayoría, la
posibilidad de terminar siendo comunistas nos asustó... y cómo
no tener miedo, si vivimos 12 años de guerra y conocimos cómo
los comunistas pasaron de insurgentes a terroristas y nos impusieron años
y años de sangre y dolor. Nunca construyeron nada, todo el tiempo
pasaron destruyendo y sembrando el odio entre nosotros mismos, soñando
con el día en que ellos vivirían como ricos y poderosos.
Inmediatamente surgieron sus defensores y sus discursos fueron suavizados,
como tratando de tranquilizar a la gente.
Mientras tanto, hemos podido observar los resultados de las encuestas
de opinión que, criticados algunas veces y aceptados en su mayoría,
han logrado mostrar una tendencia de crecimiento en apoyo a ARENA desde
septiembre del año pasado hasta la fecha. No cabe duda de que ahora
habrá mucha más gente votando (más del doble de las
últimas elecciones), y todo parece indicar que de aquí vendrá
la fuerte cantidad de votos que recibirá el Sr. Saca y que le convertirá
en el seguro ganador de la presidencia.
Cuando todo esto pase y los salvadoreños hayamos agregado una experiencia
más a nuestras vidas y a la historia del país, quizá
tenga la oportunidad de encontrarme de nuevo con un señor campesino
de San Julián, que una vez en medio de una plática en la
que discutíamos cómo terminar con la pobreza, me dijo: Yo
no sé cómo dicen estos señores del FMLN que quieren
y se preocupan por los pobres del país, si yo nunca he conocido
un comunista que sea pobre y tampoco conozco pobres que sean comunistas,
por eso nunca van a llegar al poder. Esa fue una gran demostración
de sabiduría y sensatez.
Los salvadoreños tenemos forzosamente que arreglar las fallas que
tiene el sistema institucional actual y cambiar las actitudes y las personas
que se opongan a este fin, no necesitamos de otros sistemas ni de las
pretensiones personales de líderes obcecados y ya gastados por
el tiempo.
Debemos pasar a una época de trabajo arduo y de recuperación
de principios y valores morales y éticos, para ubicarnos en la
posición de liderazgo que merecemos ante el resto de países.
La gran esperanza será que la izquierda permita que esto se dé
y no continúen imponiendo su política de oposición
sin razón.
¿Será esto posible?
*Mercadólogo.