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La columna nacional
Lemmings, samuráis y una conferencia apocalíptica

Presenta un cronograma que podría empezar en junio del presente año, y a más tardar en junio de 2006, para que empiece lo que se denomina El final de los tiempos.

Publicada 09 de marzo 2004, El Diario de Hoy

Roberto López-Geissman
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

¿Es el salvadoreño un pueblo de lemmings?

El lemming es una especie de roedor, también conocido como “perrito de las praderas”, que existe en las llanuras del oeste de los Estados Unidos y que cada cierto tiempo corre en cantidad de millones de individuos... a despeñarse desde altos riscos, provocando así uno de los suicidios colectivos más curiosos y crueles que se registran en el mundo animal.

En vista de la alternativa que representa la extrema izquierda en las próximas elecciones, no es difícil comparar el cruel y estúpido suicidio que constituiría el que una masa crítica de salvadoreños votara por la muerte colectiva, que es lo que, sin más, haría al votar por los rojos. Ahora que hay tres factores que distinguirían a este suicidio del acaecido en el mundo animal:

1) A los animales los mueve un instinto, que si bien no se ha determinado en forma satisfactoria, obedece a una fuerza de la naturaleza... mientras que en nuestra sociedad no existe explicación alguna, a no ser la muy dura catalogación de masoquismo, estupidez o una combinación de ambos, que yo no me atrevo a certificar 2) Los graciosos animalitos encuentran una muerte rápida... mientras que los salvadoreños sufriríamos una lenta y dolorosa defenestración 3) Los lemmings, al fin y al cabo, se suicidan voluntariamente... mientras que en nuestra brutal democracia seríamos arrastrados un número significativo a la muerte por el error de otros.

La esencia samurai y la base de su fuerza es el honor. Aunque ya esperaba algo grandioso en la película El último samurai, con Tom Cruise, he quedado realmente impresionado con la nítida producción, plena de múltiples valores que constituye esa extraordinaria obra cinematográfica, la que recomiendo sin reservas, que aparte de la acción tiene un fondo precioso.

La impresión primera de un samurai es la de un guerrero. Y es certero representárselo así. Al ahondar más vemos que el guerrero es también un aristócrata, fiel a su emperador. Si vamos más profundo todavía encontramos que la regla formativa, el ideal de la vida y la razón de ser del samurai es el Bushido. Se llama así al código de honor que rige y da valor a sus vidas: sin honor no hay rumbo, se está perdiendo lo más importante, es como quedarse sin amo: un Ronin. Como muestra el film, hasta un bárbaro (con una excelente materia prima base, claro) que ha caído en el deshonor puede revindicarse a través de la lucha, siendo la principal que ha de arrostrar la de sus propios fantasmas. Derrotando el morboso sentimiento de culpa y perdonándose. ¿Habrá samuráis entre nosotros? ¿En el ejército, en la iglesia, entre los funcionarios, empleados, profesionales, dónde...? ¿Puede alguien todavía apreciar estos códigos? Una palabrita al oído del que algo atraiga esto: Poco te importe la repercusión de un tal accionar, la vía del guerrero con honor es, como toda vía auténtica, de sólo dos: Dios y tú mismo.

La gran verdad de López Padilla. Mexicano, abogado, con décadas de estudiar los temas de la escatología católica, la Virgen María y el futuro de la Iglesia, con 14 o más libros publicados, el señor es, además, un buen conferencista. Estuvimos en las dos reuniones de más de seis horas, que dictó en el auditorio del Ministerio de Gobernación. “La gran verdad” y “El gobierno mundial” son sus últimos libros. Dejando lo muy “esotérico” a un lado. Reseñaré esto:

Presenta un cronograma que podría empezar en junio del presente año, y a más tardar en junio de 2006, para que empiece lo que se denomina El final de los tiempos.

El anticristo, proviene de la política, sería un personaje que se convertirá en el más grande dirigente mundial, logrando la pacificación y el desarrollo de todo el globo.

La iglesia católica se dividirá, después de la huida del papa de Roma (posteriormente asesinado), quedando reducida a un número de unos cuantos millones, ya que la mayoría se unirá a otras iglesias y cultos, realizando un gigantesco sincretismo.
He tenido, por el espacio, que dejar por fuera muchísimo, pero quiero hacer ver lo siguiente: Suponer que la iglesia postconciliar con su “aggionamiento” (puesta al día) ha cumplido con ello su tradición más íntima sin “modernizarse” (como vicio doctrinario) es querer tapar el sol con un dedo. Más vale tener el valor de ubicarse en que se vive en medio de una institución en que “el humo de satanás” ya se ha colocado dentro; que tiene santos, pero también demonios y que, consecuentemente, hay que estar alertas y con espíritu crítico.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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