elsalvador.com WWW

Sentido común
Tampoco Cárdenas creía en las encuestas

“El decir que no se cree en las encuestas cuando uno va perdiendo no pasa de ser una exuberancia retórica. También lo es la cháchara esa de que “la verdadera encuesta es la del 21 de marzo”

Publicada 09 de marzo 2004, El Diario de Hoy


Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Dentro del manejo político que cada partido le imprime a los últimos metros de su campaña, no dejan de caer en gracia los exóticos argumentos de algunos institutos políticos con respecto a las encuestas, a las que ahora descalifican genérica y sistemáticamente, olvidando que, tan sólo unos días atrás, estos mismos partidos celebraban con bombo y platillo cada punto de más que éstas mismas les reconocían.

El que haya casas encuestadoras con algún grado cuestionable de credibilidad, para nada deslegitima los sondeos de opinión pública en el país. De todas formas, si uno revisa la historia, la tendencia general que estos sondeos han advertido en eventos electorales previos, rara vez han sido las equivocadas.

“Recuerden el fenómenos de Evelyn”, sugiere el FMLN, ahora que las encuestas no le favorecen. Y luego, a renglón seguido, intenta justificar su incredulidad argumentando que el año pasado, a estas alturas, las encuestas daban a Evelyn Jacir una importante ventaja contra su oponente por la Alcaldía de San Salvador, Carlos Rivas Zamora.

A parte de comparar peras con manzanas (éstas son elecciones presidenciales, no municipales ni legislativas), da la impresión de que el Frente confunde las fechas. El año pasado, a dos semanas del 16 de marzo, lo que la mayoría de casas encuestadoras serias reflejaba era un empate entre ambos candidatos, y lo que aquí afuera se olía era un gane del Frente. Y así fue.

Ahora, a casi una semana del cierre de campaña, nadie habla de empate. Todas las mediciones independientes advierten que ARENA, con mayor o menor margen, supera al FMLN. El ambiente también huele a eso. Otros cincos pesos serán si en estos días que faltan para el 21, las tendencias cambian, se mantienen o, incluso, se profundiza la diferencia ya anunciada.

Esto de descalificar a las encuestas, no es un infortunio de nuevo cuño. Cuando Cuauhtémoc Cárdenas disputó la presidencia de México en 1994, su portavoz, Adolfo Aguilar Zinser, le convenció de que contrataran a Juan Forch, un experto encuestador chileno. Aguilar había participado como observador internacional durante el plebiscito de Chile en 1988, y le habían impresionado las estrategias de marketing con las que la oposición había ganado al oficialismo.

Cárdenas le dijo que sí, pero en el fondo creía muy poco en el mercadeo electoral y en las encuestas. Más bien pensaba que eso del marketing político era un puro invento gringo, y él —¡por supuesto!— se resistía a ser vendido como una Cherry Coke o una Whopper doble. Cuenta Oppenheimer, en su libro “México: en la frontera del caos”, que según Aguilar Zinser, para Cárdenas “La Jornada —un diario de izquierda— era la Biblia, el termómetro y el espejo de su campaña”. Lo demás parecía ser lo de menos.

Para esas elecciones de 1994, Cárdenas tenía metido entre ceja y ceja que sólo el fraude le podía separar de la banda presidencial. Sus asesores de línea dura le daban cuerda.

A Forch, el asesor, le preocupaba el comportamiento de Cárdenas: “No podía esperar ser visto como un candidato presidencial responsable y a la vez comportarse como un revolucionario en constante confrontación con el Estado”, decía el chileno, según se relata en el libro de Oppenheimer. Sin embargo, en el cuartel general del PRD, los huesos duros peerredistas calentaban la cabeza del jefe y le echaban querosén a la imagen bochinchera de Cárdenas. Y el hombre agarraba vara.

Forch fue y se lo dijo a su asesorado. Y le enseñó los sondeos de opinión pública independientes donde le demostraba que su candidatura se caía, porque su campaña no pasaba de ser una plática entre parientes. Y le habrá dicho que a puro voto duro no llegaban ni a Pénjamo. Pero Cárdenas no tenía oídos más que para su petit comité de incondicionales, y terminó deshaciéndose de Forch, de las encuestas y de todo aquel que no bailara el tango que a él le gustaba bailar. Así, don Cuauhtémoc finalizó la campaña apostando a la confrontación y a la agitación, y, una vez más, la gente le mandó a freír espárragos.

El decir que no se cree en las encuestas cuando uno va perdiendo no pasa de ser una exuberancia retórica. También lo es la cháchara esa de que “la verdadera encuesta es la del 21 de marzo”. Independientemente de quién gane las elecciones, el próximo 21 de marzo no se celebra ninguna encuesta. Lo que habrá son elecciones. Y ahí, a lo que iremos los salvadoreños no es a contestar preguntas, sino a elegir Presidente.

Ese día también competirán la seriedad de estos partidos políticos que hoy reniegan de los sondeos públicos preelectorales, contra la credibilidad de las casas encuestadoras. Ya veremos quién le gana a quién, y por qué margen.
*Columnista de El Diario de Hoy.

elsalvador.com WWW