El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Un número de agricultores se ha puesto a si mismo en venta: va
a votar, dice, por el partido que le ofrezca más, por aquel que
tenga las plataformas más atractivas.
Ante eso, los comunistas meten de todo en el anzuelo: créditos
sin garantías a los más bajos intereses, insumos casi gratuitos,
generosisísimas depreciaciones, semillas regaladas, asistencia
técnica con sólo llamar por teléfono, y sigue la
letanía. Como ya dijimos, hasta dinero para casar a las hijas feas.
Lo que nunca van a ofrecer los comunistas es la seguridad de que sus tierras
no serán invadidas por chusmas azuzadas por los mismos rojos. Los
agricultores se deben ver en el espejo venezolano: Chávez y los
bolivarianos están invadiendo inmuebles urbanos, jardines,
casas temporalmente desocupadas, edificios a punto de ser terminados de
construir. Invaden propiedades rurales, casas de playa, todo lo que en
un momento está con poca vigilancia y que los matones chavistas
puedan intimidar o vencer.
¿Han olvidado estos agricultores, lo ocurrido antes de la guerra
y durante la década perdida? Las invasiones de tierras eran un
fenómeno recurrente y lo ha venido siendo desde esos años.
Agitadores comunistas se han dado a la tarea de ofrecer lo que no es suyo,
armando y organizando bandas que se toman propiedades, las que no siempre
son fáciles de desalojar. En muchos casos los invasores ya se perpetuaron,
pues cuando los jueces llegan con la fuerza pública para sacarles,
amenazan de muerte a los dueños e inclusive a los mismos jueces.
Venden su alma por promesas
La más importante promesa que un candidato puede hacer a los agricultores
y a toda una nación, es comprometerse con el cumplimiento de la
ley, con el respeto a la propiedad privada y la persecución y castigo
de usurpadores, ladrones, asaltantes y mareros. De nada le sirve a un
agricultor que le ofrezcan créditos fáciles o insumos regalados,
si su propiedad va a ser víctima de invasiones ilegales, de robos
perpetrados por bandas armadas y de manipulaciones amañadas en
alcaldías y tribunales contra sus derechos. De nada le sirve al
dueño de una casa que le ofrezcan bajar los intereses que paga
por ella, si un grupo de invasores se la quita, como hicieron los sandinistas
con miles y miles de viviendas en Nicaragua, propiedades que al día
de hoy siguen en manos de miembros del sandinismo.
El derecho de propiedad es el fundamento de las libertades individuales,
tanto para los que son dueños de algo, como para aquellos que a
simple vista no son considerados propietarios. Pero sin ese
derecho nadie podría disponer de su trabajo, de sus aspiraciones,
de lo que ha acumulado en conocimientos y experiencia. En Cuba nadie es
dueño de la casa donde vive, y por ello tampoco es dueño
de su esfuerzo, de su iniciativa, de sus sueños y de su voluntad.
Al no reconocerse el derecho de propiedad, todos se convierten en esclavos
del Estado.