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La nota del día
A lo que se exponen es a perder su tierra

¿Han olvidado estos agricultores, lo ocurrido antes de la guerra y durante la década perdida? Las invasiones de tierras eran un fenómeno recurrente y lo ha venido siendo desde esos años.

Publicada 09 de marzo 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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Un número de agricultores se ha puesto a si mismo en venta: va a votar, dice, por el partido que le ofrezca más, por aquel que tenga las plataformas más atractivas.

Ante eso, los comunistas meten de todo en el anzuelo: créditos sin garantías a los más bajos intereses, insumos casi gratuitos, generosisísimas depreciaciones, semillas regaladas, asistencia técnica con sólo llamar por teléfono, y sigue la letanía. Como ya dijimos, hasta dinero para casar a las hijas feas.

Lo que nunca van a ofrecer los comunistas es la seguridad de que sus tierras no serán invadidas por chusmas azuzadas por los mismos rojos. Los agricultores se deben ver en el espejo venezolano: Chávez y los “bolivarianos” están invadiendo inmuebles urbanos, jardines, casas temporalmente desocupadas, edificios a punto de ser terminados de construir. Invaden propiedades rurales, casas de playa, todo lo que en un momento está con poca vigilancia y que los matones chavistas puedan intimidar o vencer.

¿Han olvidado estos agricultores, lo ocurrido antes de la guerra y durante la década perdida? Las invasiones de tierras eran un fenómeno recurrente y lo ha venido siendo desde esos años. Agitadores comunistas se han dado a la tarea de ofrecer lo que no es suyo, armando y organizando bandas que se toman propiedades, las que no siempre son fáciles de desalojar. En muchos casos los invasores ya se perpetuaron, pues cuando los jueces llegan con la fuerza pública para sacarles, amenazan de muerte a los dueños e inclusive a los mismos jueces.

Venden su alma por promesas

La más importante promesa que un candidato puede hacer a los agricultores y a toda una nación, es comprometerse con el cumplimiento de la ley, con el respeto a la propiedad privada y la persecución y castigo de usurpadores, ladrones, asaltantes y mareros. De nada le sirve a un agricultor que le ofrezcan créditos fáciles o insumos regalados, si su propiedad va a ser víctima de invasiones ilegales, de robos perpetrados por bandas armadas y de manipulaciones amañadas en alcaldías y tribunales contra sus derechos. De nada le sirve al dueño de una casa que le ofrezcan bajar los intereses que paga por ella, si un grupo de invasores se la quita, como hicieron los sandinistas con miles y miles de viviendas en Nicaragua, propiedades que al día de hoy siguen en manos de miembros del sandinismo.

El derecho de propiedad es el fundamento de las libertades individuales, tanto para los que son dueños de algo, como para aquellos que a simple vista no son considerados “propietarios”. Pero sin ese derecho nadie podría disponer de su trabajo, de sus aspiraciones, de lo que ha acumulado en conocimientos y experiencia. En Cuba nadie es dueño de la casa donde vive, y por ello tampoco es dueño de su esfuerzo, de su iniciativa, de sus sueños y de su voluntad. Al no reconocerse el derecho de propiedad, todos se convierten en esclavos del Estado.

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