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Opinando
¡Dale salvadoreño!

A nivel de medios internacionales, la impresión, bastante simplista, de que en El Salvador podría producirse la instauración de un gobierno comunista está proporcionando una gran cantidad de material noticioso

Publicada 06 de marzo 2004, El Diario de Hoy


Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Mucho más que en cualquier otra de las consultas electorales de los últimos 25 años, las elecciones presidenciales del 21 de marzo han propiciado un ambiente de incertidumbre, que se puede percibir a todo lo largo y ancho de nuestro país, y aún fuera de él. La variable que mueve este fenómeno es la posibilidad de un triunfo del ex guerrillero FMLN y, con ello, la idea muy generalizada de que se producirá un cambio radical del modelo político, social y económico en el que hemos vivido hasta hoy.

Últimamente no he asistido a una sola reunión social o de trabajo en la que no se especule y se argumente sobre el probable triunfador de los comicios, y las consecuencias que traería tal o cual partido en el poder. El mismo tema está acaparando buena parte de los espacios informativos y de opinión de la totalidad de medios de comunicación de nuestro país. Incluso, a nivel de medios internacionales, la impresión, bastante simplista, de que en El Salvador podría producirse la instauración de un gobierno comunista está proporcionando una gran cantidad de material noticioso; lo que me hace prever que, como ocurrió durante la guerra, tendremos una buena representación de periodistas extranjeros que no se quieren perder la oportunidad de retratar al legendario líder comunista, alzando el puño izquierdo en señal de victoria.

La comunidad internacional tampoco despega sus ojos de nuestro pequeño país. Recientemente fuimos sede de un cónclave de partidos políticos de derecha de todo el mundo, en el que se hablaron pestes de los comunistas y se alabaron las virtudes de las sociedades libres. La visita del secretario adjunto de asuntos del hemisferio occidental, del Departamento de Estado norteamericano, Roger Noriega, tampoco fue una casualidad, parte de su misión era venir a hacerle el feo al partido de izquierda y dejar en claro que su país no tolerará cambios demasiado abruptos en el status quo.

Internamente, el efecto de la coyuntura no ha sido muy alentador, aunque es positivo el nivel de debate que se ha generado, resulta muy negativa la parálisis productiva a la que nos ha conducido. Tengo la impresión de que desde hace algunos meses, particularmente cuando ciertas encuestas comenzaron a reflejar buenos números para la fórmula de izquierda, se ha venido reduciendo paulatinamente la actividad económica; muchas inversiones locales y extranjeras han quedado en suspenso, hay una disminución en la contratación de muchos servicios, se ha vuelto más difícil obtener un empleo.

Los comerciantes se quejan de que están vendiendo menos, al igual que los agentes de bienes raíces, los constructores, los publicistas que no participan de alguna campaña y casi cualquier salvadoreño que se dedica a alguna actividad productiva.
Es paradójico que la campaña propagandística, patrocinada por ciertos grupos de derecha, supuestamente con el objetivo de advertirnos sobre los peligros del comunismo y para preservar nuestro clima de libertad, en realidad hayan estimulado un pánico casi generalizado, que ahora nos mantiene en un limbo emocional y en franco retroceso económico.

Tampoco he dejado de escuchar con mayor insistencia, comentarios como, “si gana el FMLN, nos vamos del país”. Todo ello me hace preguntarme: ¿Qué pasa, salvadoreños?, ¿es que acaso no somos el pueblo valiente que resistió 12 años de guerra civil?, ¿no somos nosotros los que fuimos a votar bajo las balas, los que soportamos los prolongados racionamientos de energía, los que sobrevivimos a una ofensiva que sitió nuestra capital durante más de un mes, los que enfrentamos a los escuadrones de la muerte, los paros de transporte, las bombas en los postes, la destrucción de puentes, la falta de libertad de expresión, la represión y la crisis económica?, ¿será posible que ahora nos amilanemos ante una posibilidad?

Definitivamente no debemos hacerlo. Sin importar quién llegue a Casa Presidencial, no debemos permitir que nuestro espíritu sea doblegado. Puede que nuestro futuro inmediato nos depare el intento de imponernos ideologías extrañas, o que debamos seguir presenciando la voracidad de unos pocos, lo verdaderamente importante es ¿cuál va a ser tu actitud? Yo te invito a trabajar duro, a prepararte, a cultivar los valores, a mostrar optimismo y fe en Dios. Recordemos que somos salvadoreños, forjadores de nuestro destino, ¡dale salvadoreño!

*Columnista de El Diario de Hoy.
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