Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Mucho
más que en cualquier otra de las consultas electorales de los últimos
25 años, las elecciones presidenciales del 21 de marzo han propiciado
un ambiente de incertidumbre, que se puede percibir a todo lo largo y
ancho de nuestro país, y aún fuera de él. La variable
que mueve este fenómeno es la posibilidad de un triunfo del ex
guerrillero FMLN y, con ello, la idea muy generalizada de que se producirá
un cambio radical del modelo político, social y económico
en el que hemos vivido hasta hoy.
Últimamente no he asistido a una sola reunión social o de
trabajo en la que no se especule y se argumente sobre el probable triunfador
de los comicios, y las consecuencias que traería tal o cual partido
en el poder. El mismo tema está acaparando buena parte de los espacios
informativos y de opinión de la totalidad de medios de comunicación
de nuestro país. Incluso, a nivel de medios internacionales, la
impresión, bastante simplista, de que en El Salvador podría
producirse la instauración de un gobierno comunista está
proporcionando una gran cantidad de material noticioso; lo que me hace
prever que, como ocurrió durante la guerra, tendremos una buena
representación de periodistas extranjeros que no se quieren perder
la oportunidad de retratar al legendario líder comunista, alzando
el puño izquierdo en señal de victoria.
La comunidad internacional tampoco despega sus ojos de nuestro pequeño
país. Recientemente fuimos sede de un cónclave de partidos
políticos de derecha de todo el mundo, en el que se hablaron pestes
de los comunistas y se alabaron las virtudes de las sociedades libres.
La visita del secretario adjunto de asuntos del hemisferio occidental,
del Departamento de Estado norteamericano, Roger Noriega, tampoco fue
una casualidad, parte de su misión era venir a hacerle el feo al
partido de izquierda y dejar en claro que su país no tolerará
cambios demasiado abruptos en el status quo.
Internamente, el efecto de la coyuntura no ha sido muy alentador, aunque
es positivo el nivel de debate que se ha generado, resulta muy negativa
la parálisis productiva a la que nos ha conducido. Tengo la impresión
de que desde hace algunos meses, particularmente cuando ciertas encuestas
comenzaron a reflejar buenos números para la fórmula de
izquierda, se ha venido reduciendo paulatinamente la actividad económica;
muchas inversiones locales y extranjeras han quedado en suspenso, hay
una disminución en la contratación de muchos servicios,
se ha vuelto más difícil obtener un empleo.
Los comerciantes se quejan de que están vendiendo menos, al igual
que los agentes de bienes raíces, los constructores, los publicistas
que no participan de alguna campaña y casi cualquier salvadoreño
que se dedica a alguna actividad productiva.
Es paradójico que la campaña propagandística, patrocinada
por ciertos grupos de derecha, supuestamente con el objetivo de advertirnos
sobre los peligros del comunismo y para preservar nuestro clima de libertad,
en realidad hayan estimulado un pánico casi generalizado, que ahora
nos mantiene en un limbo emocional y en franco retroceso económico.
Tampoco he dejado de escuchar con mayor insistencia, comentarios como,
si gana el FMLN, nos vamos del país. Todo ello me hace
preguntarme: ¿Qué pasa, salvadoreños?, ¿es
que acaso no somos el pueblo valiente que resistió 12 años
de guerra civil?, ¿no somos nosotros los que fuimos a votar bajo
las balas, los que soportamos los prolongados racionamientos de energía,
los que sobrevivimos a una ofensiva que sitió nuestra capital durante
más de un mes, los que enfrentamos a los escuadrones de la muerte,
los paros de transporte, las bombas en los postes, la destrucción
de puentes, la falta de libertad de expresión, la represión
y la crisis económica?, ¿será posible que ahora nos
amilanemos ante una posibilidad?
Definitivamente no debemos hacerlo. Sin importar quién llegue a
Casa Presidencial, no debemos permitir que nuestro espíritu sea
doblegado. Puede que nuestro futuro inmediato nos depare el intento de
imponernos ideologías extrañas, o que debamos seguir presenciando
la voracidad de unos pocos, lo verdaderamente importante es ¿cuál
va a ser tu actitud? Yo te invito a trabajar duro, a prepararte, a cultivar
los valores, a mostrar optimismo y fe en Dios. Recordemos que somos salvadoreños,
forjadores de nuestro destino, ¡dale salvadoreño!
*Columnista de El Diario de Hoy.
scastellanos @elsalvador. com