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Nuestra realidad común
Paz con seguridad

Al votar, si bien marcamos nuestra preferencia por un determinado partido, no olvidemos que en esta ocasión los perfiles de los candidatos encarnan trayectorias de vida, valores.

Publicada 06 de marzo 2004, El Diario de Hoy


Carmen María Gallardo Hernández*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

La tarea del próximo Gobierno será enorme, cuanto más respaldo tenga, mejor será para todos los salvadoreños. Por eso hemos de ir a votar el 21 de marzo.

El Gobierno que necesita El Salvador no gira sólo en torno a una victoria en número de votos, sino en el compromiso con un proyecto político integrador para todos los cuidadanos. En el perfil del próximo Presidente de la República aspiramos a encontrar un liderazgo cercano a las preocupaciones diarias, capaz de gobernar para los hombres y mujeres que aspiran a un cambio con progreso.

Nos ha llegado uno de los momentos históricos en que hemos de elegir por el futuro de nuestro país. Posiblemente sea éste uno de los pasos de mayor trascendencia política desde la firma de los Acuerdos de Paz.
En efecto, más allá de la elección de un candidato, se vislumbra la elección de un sistema y visión de la realidad internacional.
Los agricultores, los pequeños y medianos empresarios, los estudiantes, así como los desempleados y los pensionistas, por citar sólo a algunos, son llamados a dar su voto por la seguridad y por la paz social en El Salvador.

Es hora de hacer un llamado a la serenidad. Al votar, si bien marcamos nuestra preferencia por un determinado partido, no olvidemos que en esta ocasión los perfiles de los candidatos encarnan trayectorias de vida, valores y conceptos de la realidad internacional muy diferentes.

Recordemos que no se trata sólo de ganar las elecciones, sino de algo más. Se trata de ganar la apuesta de cara al futuro, integrando a El Salvador en las oportunidades del mundo globalizado; de redefinir nuestras prioridades nacionales creando empleo, transfiriendo y elevando el conocimiento, reconvirtiendo el agro, recuperando la credibilidad en nuestras instituciones democráticas.

Nuestro voto lleva, además, una exigencia de ética, porque se ha hablado en estos últimos tiempos, insistentemente, de corrupción. Necesitamos revitalizar nuestra democracia con un compromiso real, por parte de nuestro futuro Presidente de la República: la lucha contra la corrupción se hará realidad.

La revitalización de la democracia requiere, así mismo, recordar lo que quedó plasmado al firmar los Acuerdos de Paz, en cuanto a la separación de poderes. Lo escrito en Chapultepec, escrito está para la Historia.

Quizás sea bueno traerlo de nuevo a nuestra memoria. El sentido nacional que en ese entonces animó a la mayoría de los salvadoreños sigue siendo el eje de equilibrio que hemos de buscar juntos con quien nos gobierne.

El Salvador moderno está cimentado en ambas cosas, en nuestro pasado y nuestro futuro. Nos falta en este momento un líder que sea capaz de enfrentar mediante el diálogo y la negociación los distintos asuntos nacionales, desde el servicio del agua hasta la distribución de los impuestos, pasando por la seguridad en salud, trabajo y educación.

Sentimos que la política nos ha privado de diálogo. Por ello, al ir a votar, lo haremos convencidos de que hemos de reencontrarnos a través de una forma de gobernar más cerca de la gente. Lo haremos conscientes de que El Salvador necesita reglas claras para generar respeto e interés en la inversión extranjera y la cooperación internacional.

Estamos en el derecho de pedirle al próximo gobierno que no permita se sigan alimentando escándalos ni prácticas irregulares. No podremos potenciar nuestro papel de líder en Centro América ni de socio estratégico con EE.UU., la Unión Europa o países asiáticos, si no somos capaces de convertir nuestras discrepancias internas en nuevos compromisos nacionales que coadyuven a la cohesión social y a la seguridad jurídica.

¿Cómo pretendemos contar para el resto del mundo si al decidir nuestro voto nos dejamos llevar por una decisión de corto plazo?

Con esto queremos decir que si bien es deseable una alternancia en cierto momento de la vida democrática de una nación, es necesario para ello que exista renovación en aquellos partidos que pudieran representar esa alternancia. La realidad de nuestro país se ha transformado, y las necesidades de los votantes son diferentes. Las nuevas generaciones quieren ver nuevos líderes en la política, que les hablen al corazón y les presenten ofertas claras sin demagogia.

Las encuestas evidencian que los que aspiran a un cambio en el poder político ponen en la balanza, así mismo, sus propias expectativas de progreso para los próximos años. En otros términos, el cambio por el cambio parece que no termina de convencer a los indecisos.

La nueva etapa de la historia de El Salvador que nos aprestamos a escribir el 21 de marzo al ir a votar constituye una oportunidad ante nosotros mismos y ante el mundo. Es ocasión para demostrar que tenemos capacidad, más allá de nuestras diferencias políticas, de volver a crear un clima de ilusión colectiva —semejante a la que vivimos cuando firmamos la paz—, buscando espacios de entendimiento para crear cohesión social y voluntad de trabajar juntos.

Vamos a ir a votar para recuperar la idea de El Salvador que por ratos sentimos fragmentada. Que algo de las palabras de Ortega y Gasset nos motive el día de la elección: “La patria es una tarea a cumplir, una tarea a resolver, un deber”.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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