Carmen María Gallardo Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La
tarea del próximo Gobierno será enorme, cuanto más
respaldo tenga, mejor será para todos los salvadoreños.
Por eso hemos de ir a votar el 21 de marzo.
El Gobierno que necesita El Salvador no gira sólo en torno a una
victoria en número de votos, sino en el compromiso con un proyecto
político integrador para todos los cuidadanos. En el perfil del
próximo Presidente de la República aspiramos a encontrar
un liderazgo cercano a las preocupaciones diarias, capaz de gobernar para
los hombres y mujeres que aspiran a un cambio con progreso.
Nos ha llegado uno de los momentos históricos en que hemos de elegir
por el futuro de nuestro país. Posiblemente sea éste uno
de los pasos de mayor trascendencia política desde la firma de
los Acuerdos de Paz.
En efecto, más allá de la elección de un candidato,
se vislumbra la elección de un sistema y visión de la realidad
internacional.
Los agricultores, los pequeños y medianos empresarios, los estudiantes,
así como los desempleados y los pensionistas, por citar sólo
a algunos, son llamados a dar su voto por la seguridad y por la paz social
en El Salvador.
Es hora de hacer un llamado a la serenidad. Al votar, si bien marcamos
nuestra preferencia por un determinado partido, no olvidemos que en esta
ocasión los perfiles de los candidatos encarnan trayectorias de
vida, valores y conceptos de la realidad internacional muy diferentes.
Recordemos que no se trata sólo de ganar las elecciones, sino de
algo más. Se trata de ganar la apuesta de cara al futuro, integrando
a El Salvador en las oportunidades del mundo globalizado; de redefinir
nuestras prioridades nacionales creando empleo, transfiriendo y elevando
el conocimiento, reconvirtiendo el agro, recuperando la credibilidad en
nuestras instituciones democráticas.
Nuestro voto lleva, además, una exigencia de ética, porque
se ha hablado en estos últimos tiempos, insistentemente, de corrupción.
Necesitamos revitalizar nuestra democracia con un compromiso real, por
parte de nuestro futuro Presidente de la República: la lucha contra
la corrupción se hará realidad.
La revitalización de la democracia requiere, así mismo,
recordar lo que quedó plasmado al firmar los Acuerdos de Paz, en
cuanto a la separación de poderes. Lo escrito en Chapultepec, escrito
está para la Historia.
Quizás sea bueno traerlo de nuevo a nuestra memoria. El sentido
nacional que en ese entonces animó a la mayoría de los salvadoreños
sigue siendo el eje de equilibrio que hemos de buscar juntos con quien
nos gobierne.
El Salvador moderno está cimentado en ambas cosas, en nuestro pasado
y nuestro futuro. Nos falta en este momento un líder que sea capaz
de enfrentar mediante el diálogo y la negociación los distintos
asuntos nacionales, desde el servicio del agua hasta la distribución
de los impuestos, pasando por la seguridad en salud, trabajo y educación.
Sentimos que la política nos ha privado de diálogo. Por
ello, al ir a votar, lo haremos convencidos de que hemos de reencontrarnos
a través de una forma de gobernar más cerca de la gente.
Lo haremos conscientes de que El Salvador necesita reglas claras para
generar respeto e interés en la inversión extranjera y la
cooperación internacional.
Estamos en el derecho de pedirle al próximo gobierno que no permita
se sigan alimentando escándalos ni prácticas irregulares.
No podremos potenciar nuestro papel de líder en Centro América
ni de socio estratégico con EE.UU., la Unión Europa o países
asiáticos, si no somos capaces de convertir nuestras discrepancias
internas en nuevos compromisos nacionales que coadyuven a la cohesión
social y a la seguridad jurídica.
¿Cómo pretendemos contar para el resto del mundo si al decidir
nuestro voto nos dejamos llevar por una decisión de corto plazo?
Con esto queremos decir que si bien es deseable una alternancia en cierto
momento de la vida democrática de una nación, es necesario
para ello que exista renovación en aquellos partidos que pudieran
representar esa alternancia. La realidad de nuestro país se ha
transformado, y las necesidades de los votantes son diferentes. Las nuevas
generaciones quieren ver nuevos líderes en la política,
que les hablen al corazón y les presenten ofertas claras sin demagogia.
Las encuestas evidencian que los que aspiran a un cambio en el poder político
ponen en la balanza, así mismo, sus propias expectativas de progreso
para los próximos años. En otros términos, el cambio
por el cambio parece que no termina de convencer a los indecisos.
La nueva etapa de la historia de El Salvador que nos aprestamos a escribir
el 21 de marzo al ir a votar constituye una oportunidad ante nosotros
mismos y ante el mundo. Es ocasión para demostrar que tenemos capacidad,
más allá de nuestras diferencias políticas, de volver
a crear un clima de ilusión colectiva semejante a la que
vivimos cuando firmamos la paz, buscando espacios de entendimiento
para crear cohesión social y voluntad de trabajar juntos.
Vamos a ir a votar para recuperar la idea de El Salvador que por ratos
sentimos fragmentada. Que algo de las palabras de Ortega y Gasset nos
motive el día de la elección: La patria es una tarea
a cumplir, una tarea a resolver, un deber.
*Columnista de El Diario de Hoy.