El Diario de Hoy
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Una cosa es la Constitución y otra las fuertezas.
Los comunistas, en boca de su candidato Schafik Handal, aseguran que van
a gobernar con la Constitución.
Pues podrían haber comenzado a obedecer la Constitución
hace setenta y cinco años, cuando Farabundo Martí fundó
el Partido Comunista.
En ese largo lapso los comunistas se han esmerado no sólo en violar
la Constitución y todas las leyes de la República, sino
lo que es ley, decencia y buenas costumbres en cualquier país civilizado,
comenzando por los secuestros.
Las linduras que perpetran estos fervientes y convencidos admiradores
de la Constitución se contempla, como ejemplo, en los últimos
actos vandálicos del Sindicato del ISSS: daños a la propiedad,
robos, agresiones a transeúntes, ultrajes al personal del Seguro,
intimidación a los pacientes, insultos.
El sindicato la emprende contra todos aquellos que no se suman a sus desmanes,
llegando al extremo, hace unos meses, de meterse por la fuerza en las
salas de cuidados intensivos del hospital general, para insultar a los
médicos y al personal que estaba trabajando. Estas salas, hay que
agregarlo, se mantienen asépticas para evitar que los pacientes,
de estado muy delicado, cojan alguna infección que les mataría.
A cualquiera se le pone de punta el pelo pensando en la asepsia de sudorosos
y exaltados sindicalistas vociferando al lado de enfermos que por definición
están graves.
Lo uno contrasta con lo otro: las solemnes promesas de obedecer la ley,
la que permanentemente invocan cuando les conviene, y los actos fuera
de la ley que militantes comunistas, diputados, sindicalistas y grupos
diversos efectúan para avanzar sus tácticas. En la Asamblea
los comunistas presentan mociones y vociferan, mientras otros de sus militantes
dan fuego a las máquinas de empresas constructoras, bloquean calles,
agreden transeúntes y golpean a quienes no se les unen.
En los desórdenes del Seguro a los que nos referimos participaron
miembros del autodenominado BRES, banda que tiene el perfil de los antiguos
comandos urbanos que sembraron el terror en los años
setenta y ochenta. Como entonces, los asaltantes se cubren el rostro con
pañuelos y pasamontañas, lo que es el usual proceder del
facineroso.
Se cubren la cara los mareros, se cubren la cara los que montan puntos
de asalto, se cubren la cara los sindicalistas del Seguro y se cubren
la cara los del BRES. Pero estos actos no los denuncian los ardientes
defensores de la Constitución agrupados en el FMLN. Ya imaginamos
la clase de país que tendríamos, si de pronto toda la gente
anduviera con el rostro cubierto en plan de asalto a sus semejantes.
Ya señalamos que la Constitución, al igual que el ordenamiento
legal que nos rige, no es como un almacén donde cada quien se sirve
de los artículos y preceptos que le convienen, y desconoce o viola
los que no le convienen. Pero eso es precisamente lo que pretenden hacer
los comunistas: armarse un traje a la medida para perpetrar sus desmanes.
Entre otras cosas invocan la libertad de expresión cuando les toca
a ellos, pero persiguen, amenazan y agreden periodistas cuando éstos
no se prestan a sus designios.