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La nota del día
Debieron comenzar hace setenta años

La Constitución, al igual que el ordenamiento legal que nos rige, no es como un almacén donde cada quien se sirve de los artículos y preceptos que le convienen

Publicada 06 de marzo 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Una cosa es la Constitución y otra las “fuertezas”. Los comunistas, en boca de su candidato Schafik Handal, aseguran que van a gobernar “con la Constitución”.

Pues podrían haber comenzado a obedecer la Constitución hace setenta y cinco años, cuando Farabundo Martí fundó el Partido Comunista.

En ese largo lapso los comunistas se han esmerado no sólo en violar la Constitución y todas las leyes de la República, sino lo que es ley, decencia y buenas costumbres en cualquier país civilizado, comenzando por los secuestros.

Las linduras que perpetran estos fervientes y convencidos admiradores de la Constitución se contempla, como ejemplo, en los últimos actos vandálicos del Sindicato del ISSS: daños a la propiedad, robos, agresiones a transeúntes, ultrajes al personal del Seguro, intimidación a los pacientes, insultos.

El sindicato la emprende contra todos aquellos que no se suman a sus desmanes, llegando al extremo, hace unos meses, de meterse por la fuerza en las salas de cuidados intensivos del hospital general, para insultar a los médicos y al personal que estaba trabajando. Estas salas, hay que agregarlo, se mantienen asépticas para evitar que los pacientes, de estado muy delicado, cojan alguna infección que les mataría. A cualquiera se le pone de punta el pelo pensando en la asepsia de sudorosos y exaltados sindicalistas vociferando al lado de enfermos que por definición están graves.

Lo uno contrasta con lo otro: las solemnes promesas de obedecer la ley, la que permanentemente invocan cuando les conviene, y los actos fuera de la ley que militantes comunistas, diputados, sindicalistas y grupos diversos efectúan para avanzar sus tácticas. En la Asamblea los comunistas presentan mociones y vociferan, mientras otros de sus militantes dan fuego a las máquinas de empresas constructoras, bloquean calles, agreden transeúntes y golpean a quienes no se les unen.

En los desórdenes del Seguro a los que nos referimos participaron miembros del autodenominado BRES, banda que tiene el perfil de los antiguos “comandos urbanos” que sembraron el terror en los años setenta y ochenta. Como entonces, los asaltantes se cubren el rostro con pañuelos y pasamontañas, lo que es el usual proceder del facineroso.

Se cubren la cara los mareros, se cubren la cara los que montan “puntos de asalto”, se cubren la cara los sindicalistas del Seguro y se cubren la cara los del BRES. Pero estos actos no los denuncian los ardientes defensores de la Constitución agrupados en el FMLN. Ya imaginamos la clase de país que tendríamos, si de pronto toda la gente anduviera con el rostro cubierto en plan de asalto a sus semejantes.

Ya señalamos que la Constitución, al igual que el ordenamiento legal que nos rige, no es como un almacén donde cada quien se sirve de los artículos y preceptos que le convienen, y desconoce o viola los que no le convienen. Pero eso es precisamente lo que pretenden hacer los comunistas: armarse un traje a la medida para perpetrar sus desmanes. Entre otras cosas invocan la libertad de expresión cuando les toca a ellos, pero persiguen, amenazan y agreden periodistas cuando éstos no se prestan a sus designios.

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