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Una boda singular fuera de las rejas

Cabañas. El sueño de un hombre, que cumple una pena en la cárcel de doce años, tuvo un final feliz. El domingo recibió a su esposa en la parroquia de San Isidro.

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

René Serrano
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com

Ángel Misael Amaya estaba nervioso al saber que quedaría “esposado” para toda la vida. Sólo que esta vez la esposa que recibió fue la mujer con la que compartirá el resto de sus días.

Amaya, de 28 años, un recluso del centro penal de Sensuntepeque que cumple una condena de doce años por el delito de secuestro, llegó una hora antes de la ceremonia para esperar a su prometida, Miriam Isabel Amaya, de 21, con quien procreó un hijo de dos años.
El prometido era custodiado por dos custodios del recinto penitenciario, quienes le acompañaron al agasajo en su casa en la colonia La Lomita, lugar que no visitaba desde hacía cinco años, el tiempo que lleva de estar en la cárcel.

Alrededor de trescientos feligreses fueron testigo del compromiso matrimonial entre la inusual pareja de novios.
El presbítero Gonzalo Miguel Barrera, párroco de San Isidro, fue el encargado de oficiar la ceremonia.

“Felicito a la pareja que de un modo muy especial han decidido contraer el sacramento del matrimonio”, exclamó el sacerdote, mientras la gente los felicitaba con aplausos.

“Estoy agradecido por el privilegio que me conceden las autoridades, espero salir pronto de la cárcel para rehacer mi vida junto a mi familia”, manifestó Amaya.

Permiso

El inspector de seguridad del centro penal, Camilo Enrique Méndez, en donde Misael permanecerá cuatro años más, expresó que el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de San Vicente concedió la salida para casarse, porque lo acostumbran cuando tienen buena conducta.

“Su buen comportamiento le ha ayudado a conseguir este privilegio. Además, le han disminuido la pena de doce a nueve años”, agregó el representante del penal, quien lo acompañó a todo lugar.

Los familiares no podían esconder la alegría. La más emocionada era su madre, Cristina Amaya.
“Es una bendición de Dios al saber que mi hijo cumplió el sueño que tenía desde hacía bastantes días”, expresó la progenitora.

Vecinos del municipio expresaron que es la primera vez que un reo originario del lugar contrae nupcias en la iglesia parroquial.
guia de fotos “matrimonio reo”

foto 1 Ángel Misael Amaya, recluso del penal de Sensuntepeque durante el desarrollo de la boda en la Iglesia parroquial de San Isidro, Cabañas.

foto 2 En todo momento el reo fue vigilado por una pareja de custodios del penal de Sensuntepeque, donde cumple una sentencia de doce años por el delito de secuestro.


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