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Comentando
Cómo reducir los riesgos nucleares

Irán proclama que sus programas son para la generación pacífica de energía nuclear, pero los inspectores ya han encontrado rastros de uranio muy enriquecido para fines armamentistas

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Joseph S. Nye*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

En 1977, cuando trabajé en el Departamento de Estado del Presidente Jimmy Carter, me enviaron a la India para disuadir a los dirigentes de ese país de su intención de fabricar una bomba nuclear.

Mis anfitriones respondieron que necesitaban hacerlo para no quedar rezagados respecto a China. Yo dije que Pakistán seguiría su ejemplo inevitablemente y el mundo pasaría a ser menos seguro.

La India prometió no exportar su tecnología armamentista. Por lo que sabemos, sus dirigentes han mantenido su promesa, pero las revelaciones sobre la red de contrabando de armas nucleares organizada por A. Q. Jan, el padre de la bomba del Pakistán, confirman el peligro que predije entonces. Algunos llaman a la red de Jan una operación para propagar una “bomba islámica”, pero, en vista de que Corea del Norte figuraba en la lista de receptores, junto con Libia e Irán, sería mejor denominar la bomba corrupta.

Como lo ejemplifican los acontecimientos en Pakistán, la propagación de la tecnología nuclear no amplía la estabilidad inherente a la disuasión mutua. Más bien aumenta las posibilidades de filtraciones corruptas que pueden brindar a grupos terroristas el acceso a las armas nucleares. Con eso todo, el mundo resulta menos seguro. Cualquier grupo patológico de extremistas podría destruir Nueva Delhi, Tokio, París o cualquier ciudad que eligiera.

Ahora la atención del mundo está centrada en Irán, uno de los receptores de tecnología pakistaní, como el país más deseoso, al parecer, de crear su arsenal nuclear propio. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Irán comenzó a enriquecer uranio en una instalación centrifugadora experimental el pasado mes de agosto y está construyendo mayores instalaciones subterráneas de enriquecimiento.

Irán proclama que sus programas son para la generación pacífica de energía nuclear, pero los inspectores ya han encontrado rastros de uranio muy enriquecido para fines armamentistas. El pasado mes de octubre, Mohamed El Baradei, director del OIEA, anunció que Irán había aceptado procedimientos de inspección más rigurosos.

Además, después de las visitas de los ministros de Asuntos Exteriores de Francia, Gran Bretaña y Alemania, Irán anunció una suspensión temporal de su programa de enriquecimiento. Ahora insinúa que puede reanudar el enriquecimiento y recientes informes de prensa sobre las importaciones procedentes del Pakistán indican que Irán no enseñó todo al OIEA.

Irán afirma que, como parte que es en el Tratado sobre la no Proliferación (TNP), tiene derecho a enriquecer uranio para fines pacíficos. Es cierto, porque dicho Tratado nació con una laguna. Aunque un país acepte inspecciones en gran escala del OIEA, puede acumular legalmente uranio enriquecido (o plutonio reprocesado) bajo capa de un programa de energía pacífica y después declarar de repente que las circunstancias han cambiado y retirarse del Tratado... con la capacidad para producir armas nucleares a corto plazo.

Si así lo hiciera Irán, no sólo aumentaría los peligros en una región inestable, sino que, además, probablemente, iniciaría un proceso de desmantelamiento del régimen de no proliferación a escala mundial. Irán puede preguntar qué derecho tienen otros a exigirle que renuncie a las armas nucleares. La respuesta radica en que prometió hacerlo cuando firmó el TNP, y en las consecuencias que impondría a otros.

Por esas razones, el Presidente Bush declaró inaceptable un arma nuclear iraní. Sin embargo, las opciones unilaterales de Estados Unidos son limitadas. No sólo está el ejército de Estados Unidos muy ocupado en Iraq, sino que, además, la forma como ese país intervino en el Iraq -que resultó tener menos capacidades nucleares que Irán- socavó el crédito americano, lo que dificulta el reclutamiento de aliados para contener las ambiciones nucleares de Irán.

Por fortuna, existe una opción multilateral y ya hay un precedente. A mediados del decenio de 1970, muchos países que eran parte en el TNP se propusieron importar y desarrollar instalaciones de enriquecimiento y reprocesamiento. Al comprender la amenaza que ello representaba para el régimen de no proliferación, países tan diversos como la Unión Soviética, Francia, Alemania y Japón constituyeron un “grupo de proveedores nucleares”, que limitó la exportación de instalaciones de enriquecimiento y reprocesamiento. Así se colmó en parte la laguna del Tratado sin modificarlo.

En la actualidad, dichos países deben agruparse para ofrecer al Irán (y a otros) un trato. Los países que deseen desarrollar la energía nuclear, pero no fabricar bombas nucleares, deben recibir garantías internacionales de suministro de combustible y eliminación del combustible apagado.

Por ejemplo, Rusia, que está ayudando a Irán a construir un reactor nuclear en Bushehr, debe ofrecer a ese país una garantía de combustible de uranio poco enriquecido y reprocesamiento del combustible apagado del reactor enviándolo de vuelta a Rusia, si Irán acepta renunciar a su enriquecimiento y reprocesamiento. Después, dicho trato podría ser ratificado por el Consejo de Seguridad de las Naciones unidas.

Copyright: Project Syndicate.
*Decano de la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard y ex subsecretario de Defensa de E.U.

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