Joseph S. Nye*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En 1977, cuando trabajé en el Departamento de Estado del Presidente
Jimmy Carter, me enviaron a la India para disuadir a los dirigentes de
ese país de su intención de fabricar una bomba nuclear.
Mis anfitriones respondieron que necesitaban hacerlo para no quedar rezagados
respecto a China. Yo dije que Pakistán seguiría su ejemplo
inevitablemente y el mundo pasaría a ser menos seguro.
La India prometió no exportar su tecnología armamentista.
Por lo que sabemos, sus dirigentes han mantenido su promesa, pero las
revelaciones sobre la red de contrabando de armas nucleares organizada
por A. Q. Jan, el padre de la bomba del Pakistán, confirman el
peligro que predije entonces. Algunos llaman a la red de Jan una operación
para propagar una bomba islámica, pero, en vista de
que Corea del Norte figuraba en la lista de receptores, junto con Libia
e Irán, sería mejor denominar la bomba corrupta.
Como lo ejemplifican los acontecimientos en Pakistán, la propagación
de la tecnología nuclear no amplía la estabilidad inherente
a la disuasión mutua. Más bien aumenta las posibilidades
de filtraciones corruptas que pueden brindar a grupos terroristas el acceso
a las armas nucleares. Con eso todo, el mundo resulta menos seguro. Cualquier
grupo patológico de extremistas podría destruir Nueva Delhi,
Tokio, París o cualquier ciudad que eligiera.
Ahora la atención del mundo está centrada en Irán,
uno de los receptores de tecnología pakistaní, como el país
más deseoso, al parecer, de crear su arsenal nuclear propio. Según
el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Irán
comenzó a enriquecer uranio en una instalación centrifugadora
experimental el pasado mes de agosto y está construyendo mayores
instalaciones subterráneas de enriquecimiento.
Irán proclama que sus programas son para la generación pacífica
de energía nuclear, pero los inspectores ya han encontrado rastros
de uranio muy enriquecido para fines armamentistas. El pasado mes de octubre,
Mohamed El Baradei, director del OIEA, anunció que Irán
había aceptado procedimientos de inspección más rigurosos.
Además, después de las visitas de los ministros de Asuntos
Exteriores de Francia, Gran Bretaña y Alemania, Irán anunció
una suspensión temporal de su programa de enriquecimiento. Ahora
insinúa que puede reanudar el enriquecimiento y recientes informes
de prensa sobre las importaciones procedentes del Pakistán indican
que Irán no enseñó todo al OIEA.
Irán afirma que, como parte que es en el Tratado sobre la no Proliferación
(TNP), tiene derecho a enriquecer uranio para fines pacíficos.
Es cierto, porque dicho Tratado nació con una laguna. Aunque un
país acepte inspecciones en gran escala del OIEA, puede acumular
legalmente uranio enriquecido (o plutonio reprocesado) bajo capa de un
programa de energía pacífica y después declarar de
repente que las circunstancias han cambiado y retirarse del Tratado...
con la capacidad para producir armas nucleares a corto plazo.
Si así lo hiciera Irán, no sólo aumentaría
los peligros en una región inestable, sino que, además,
probablemente, iniciaría un proceso de desmantelamiento del régimen
de no proliferación a escala mundial. Irán puede preguntar
qué derecho tienen otros a exigirle que renuncie a las armas nucleares.
La respuesta radica en que prometió hacerlo cuando firmó
el TNP, y en las consecuencias que impondría a otros.
Por esas razones, el Presidente Bush declaró inaceptable un arma
nuclear iraní. Sin embargo, las opciones unilaterales de Estados
Unidos son limitadas. No sólo está el ejército de
Estados Unidos muy ocupado en Iraq, sino que, además, la forma
como ese país intervino en el Iraq -que resultó tener menos
capacidades nucleares que Irán- socavó el crédito
americano, lo que dificulta el reclutamiento de aliados para contener
las ambiciones nucleares de Irán.
Por fortuna, existe una opción multilateral y ya hay un precedente.
A mediados del decenio de 1970, muchos países que eran parte en
el TNP se propusieron importar y desarrollar instalaciones de enriquecimiento
y reprocesamiento. Al comprender la amenaza que ello representaba para
el régimen de no proliferación, países tan diversos
como la Unión Soviética, Francia, Alemania y Japón
constituyeron un grupo de proveedores nucleares, que limitó
la exportación de instalaciones de enriquecimiento y reprocesamiento.
Así se colmó en parte la laguna del Tratado sin modificarlo.
En la actualidad, dichos países deben agruparse para ofrecer al
Irán (y a otros) un trato. Los países que deseen desarrollar
la energía nuclear, pero no fabricar bombas nucleares, deben recibir
garantías internacionales de suministro de combustible y eliminación
del combustible apagado.
Por ejemplo, Rusia, que está ayudando a Irán a construir
un reactor nuclear en Bushehr, debe ofrecer a ese país una garantía
de combustible de uranio poco enriquecido y reprocesamiento del combustible
apagado del reactor enviándolo de vuelta a Rusia, si Irán
acepta renunciar a su enriquecimiento y reprocesamiento. Después,
dicho trato podría ser ratificado por el Consejo de Seguridad de
las Naciones unidas.
Copyright: Project Syndicate.
*Decano de la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard y ex subsecretario
de Defensa de E.U.