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Desde Washington
NAFTA como tema de campaña en E.U.

Tal como los promotores de CAFTA se han dado cuenta, este es el momento de empezar a jugar la que podría ser la carta de triunfo de América Latina

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

El comercio -el tema central en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica-se ha movido de repente más cerca del centro del cuadrilátero en la contienda presidencial estadounidense.

Y el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica o NAFTA, tan a menudo maldecido, es frecuentemente el punto de partida.

El senador John F. Kerry, el presunto nominado demócrata a la presidencia, y el senador John Edwards, su principal rival, vienen debatiendo NAFTA ahora que su carrera por la nominación se dirige hacia la recta final en el llamado “Super Tuesday”, este 2 de marzo.

Ninguno habla de revocar el NAFTA, sólo prometen mejorarlo para darle mayor protección a los trabajadores en este país.
El lunes el Presidente Bush dirigió un tanto la atención sobre el tema, aunque indirectamente. En su muy anunciado discurso del lunes en la noche, arremetió contra su probable rival, burlándose de Kerry por votar por NAFTA en 1993 y ahora estar tratando de aparecer como que se opone al acuerdo.

Pero, mientras los candidatos a la presidencia discuten sobre quién se lleva el crédito o la culpa por lo mejor y lo peor del libre comercio, los enemigos de mercados abiertos no deben pensar que hay razón para celebrar. Por el contrario, en estos eventos Latinoamérica debiera encontrar motivos para romper el actual impasse en las conversaciones hacia un comercio libre hemisférico y definir nuevas bases para el consenso.

Después de todo, detrás de esta retórica de campaña yace una real y seria ansiedad entre los trabajadores estadounidenses sobre la actual y futura pérdida de empleos -la misma clase de ansiedad que trabajadores latinoamericanos han estado sintiendo de tiempo atrás.

Por primera vez en más de 10 años, la última encuesta de Gallup encontró que uno de cada cinco estadounidenses considera el trabajo y el desempleo como los principales problemas en este país. Cerca de 1.7 millones de puestos de trabajo se han perdido desde que Bush llegó a la Casa Blanca, y los sindicatos laborales en particular acusan de ello al libre comercio.
No es la primera vez que el NAFTA se convierte en tema de campaña. En 1992, el entonces candidato Bill Clinton y sus consejeros sopesaron las ventajas y desventajas del acuerdo y terminaron divididos. Una vez en el cargo, Clinton se convirtió en un firme defensor del acuerdo norteamericano.

Algunos dicen que esta pequeña historia comprueba que, independientemente de quién gane en noviembre, poco cambiará. Charlene Barshefsky, quien fue la principal negociadora comercial de Clinton, alertó sobre lo contrario. “La preocupación subyacente que ha llevado a la actual retórica (contra el comercio) persistirá y generará su propia dinámica, que podría ser igual de negativa o aún más”.

Todo esto debería llevar a dos importantes conclusiones para el hemisferio. Primero, a que Washington reconozca que, dado el debate en casa, es ridículo pretender que las negociaciones para un Área de Libre Comercio de las Américas -ALCA-puedan concluirse para finales del año.

Segundo, a que Brasil y otros países reacios a firmar acuerdos con Estados Unidos tengan tiempo para que reconsideren sus prioridades y usen las actuales circunstancias en su provecho. La ansiedad laboral en las Américas, que ahora incluso afecta a trabajadores estadounidenses de corbata, debería servir como sobrada motivación para explorar los beneficios del libre comercio, especialmente si las preocupaciones de los trabajadores empiezan a tomarse en cuenta.

En los 90, Japón demostró ser menos amenaza de lo que se temió. Los temores de hoy ante la globalización responden a un reto de verdadero peso pesado: China e India, los dos países más poblados del mundo.

El ALCA crearía el mercado libre más grande del mundo, con más de 800 millones de personas. La población de China es por lo menos un 50 por ciento más grande, pero ya hoy el poder adquisitivo de América Latina y el Caribe es por lo menos 50 por ciento superior al de China.

Y existen otras ventajas en la región. En la industria textil, por ejemplo, aquellos que abogan por la aprobación legislativa del recientemente alcanzado acuerdo del libre comercio de Centroamérica o CAFTA, afirman que el 90 por ciento de las prendas confeccionadas en Centroamérica será hecho con telas e hilos estadounidenses. Para China, ese número es mucho menos del 1 por ciento.

También sostienen que los acuerdos con países vecinos ofrecen beneficios que van más allá del comercio al pro- veer, entre otras cosas, oportunidades para evitar que más trabajadores emigren y promover competitividad que contrarreste el maremoto asiático.

Todas estas son buenas razones para mantener el ímpetu comercial incluso durante esta época de elecciones en Estados Unidos. Tal como los promotores de CAFTA se han dado cuenta, este es el momento de empezar a jugar la que podría ser la carta de triunfo de América Latina, con el argumento de que los acuerdos regionales pueden crear y ayudar a preservar empleos, tanto acá como allá.

*Columnista del Washington Post.

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