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La nota del día
Quieren el colón para robar el ahorro

Con los sandinistas, los nicaragüenses se convirtieron en millonarios. Se les pagaba con billetes de quinientos mil, un millón y diez millones de córdobas, pero una Coca Cola costaba tres millones

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Los comunistas ofrecen que de llegar al poder -y Dios libre a El Salvador de tal catástrofe-, reinstalarán el colón.

Lo dicen no porque les importe un bledo tal o cual moneda, sino por la manipulación que tendrían sobre los medios de pago, en especial porque así caerán encima de los ahorros de la gente y reservas financieras de toda índole.

Eso hicieron en Nicaragua y lo mismo están haciendo en Venezuela.

No hay que ir muy lejos para saber cuáles serían las consecuencias de un regreso al colón.

El ejemplo lo dieron los sandinistas, almas gemelas de los farabundistas criollos, que convirtieron la política monetaria en el perfecto instrumento para robar los ahorros y los bienes de los nicaragüenses.

El primer atraco lo perpetraron pocos meses después de llegar al poder, al prohibir la circulación de los billetes de cien, quinientos y mil córdobas, con lo que confiscaron los ahorros y el dinero de la gente, que sólo pudo redimir pequeñas cantidades.

Los nicaragüenses iban a los bancos con sus billetes de altas denominaciones, para que allí únicamente les cambiaran en billetes de denominaciones pequeñas, unos cuantos de ellos. ¡Imagínese, estimado lector, que el Gobierno salvadoreño prohibiera el uso y decomisara los billetes de cien y cincuenta dólares!

Con los sandinistas, los nicaragüenses se convirtieron en millonarios. Se les pagaba con billetes de quinientos mil, un millón y diez millones de córdobas, pero una Coca Cola costaba tres millones. Y era tan rápido el crecimiento monetario, que semana a semana había que ajustar los salarios.

Lo primero que se perdería con la vuelta al colón y “el manejo de la economía” que proponen los comunistas, son los ahorros. Muchos salvadoreños piensan que ellos no tienen ahorros, pero olvidan que entre todos, trabajadores y empleados, han ahorrado más de dos mil millones de dólares para sus jubilaciones. Todo ese dinero está en las inversiones, las reservas y los fondos líquidos de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP’s.

Los comunistas, que no entienden nada de estos asuntos, creen que las reservas son dineros inactivos que los bancos y las empresas mantienen en cajas fuertes. En sus nieblas mentales, los comunistas piensan que las reservas se guardan en contante y sonante, billete sobre billete, en monedas de oro y en joyas. Y por eso prometen que sacarán el dinero de la inactividad para “generar trabajo”. Lo mismo que hace Hugo Chávez en Venezuela.

Barras de jabón como moneda

Todos pierden con la inflación, en particular los ahorrantes y los inversionistas. Pero con las hiperinflaciones, y el caso nicaragüense es uno de los peores (se llegó a veinticinco millones de córdobas por dólar) un régimen queda con el control financiero de un país. Los bancos prácticamente dejan de existir, los préstamos se vuelven impagables (dos mil por ciento al mes y barbaridades parecidas) y las empresas apenas subsisten.

Al caerse en una hiperinflación el dinero se convierte en una brasa ardiente: nadie lo guarda pues la gente trata de salir de él lo más rápido posible. Al mismo tiempo, los trueques y las monedas alternativas se adueñan del mercado. En Nicaragua, asómbrese el lector, bolsas de granos básicos, barras de jabón, toallas sanitarias y rollos de papel higiénico llegaron a sustituir los córdobas en los intercambios.

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