El Diario de Hoy
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Los comunistas ofrecen que de llegar al poder -y Dios libre a El Salvador
de tal catástrofe-, reinstalarán el colón.
Lo dicen no porque les importe un bledo tal o cual moneda, sino por la
manipulación que tendrían sobre los medios de pago, en especial
porque así caerán encima de los ahorros de la gente y reservas
financieras de toda índole.
Eso hicieron en Nicaragua y lo mismo están haciendo en Venezuela.
No hay que ir muy lejos para saber cuáles serían las consecuencias
de un regreso al colón.
El ejemplo lo dieron los sandinistas, almas gemelas de los farabundistas
criollos, que convirtieron la política monetaria en el perfecto
instrumento para robar los ahorros y los bienes de los nicaragüenses.
El primer atraco lo perpetraron pocos meses después de llegar al
poder, al prohibir la circulación de los billetes de cien, quinientos
y mil córdobas, con lo que confiscaron los ahorros y el dinero
de la gente, que sólo pudo redimir pequeñas cantidades.
Los nicaragüenses iban a los bancos con sus billetes de altas denominaciones,
para que allí únicamente les cambiaran en billetes de denominaciones
pequeñas, unos cuantos de ellos. ¡Imagínese, estimado
lector, que el Gobierno salvadoreño prohibiera el uso y decomisara
los billetes de cien y cincuenta dólares!
Con los sandinistas, los nicaragüenses se convirtieron en millonarios.
Se les pagaba con billetes de quinientos mil, un millón y diez
millones de córdobas, pero una Coca Cola costaba tres millones.
Y era tan rápido el crecimiento monetario, que semana a semana
había que ajustar los salarios.
Lo primero que se perdería con la vuelta al colón y el
manejo de la economía que proponen los comunistas, son los
ahorros. Muchos salvadoreños piensan que ellos no tienen ahorros,
pero olvidan que entre todos, trabajadores y empleados, han ahorrado más
de dos mil millones de dólares para sus jubilaciones. Todo ese
dinero está en las inversiones, las reservas y los fondos líquidos
de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFPs.
Los comunistas, que no entienden nada de estos asuntos, creen que las
reservas son dineros inactivos que los bancos y las empresas mantienen
en cajas fuertes. En sus nieblas mentales, los comunistas piensan que
las reservas se guardan en contante y sonante, billete sobre billete,
en monedas de oro y en joyas. Y por eso prometen que sacarán el
dinero de la inactividad para generar trabajo. Lo mismo que
hace Hugo Chávez en Venezuela.
Barras de jabón como moneda
Todos pierden con la inflación, en particular los ahorrantes y
los inversionistas. Pero con las hiperinflaciones, y el caso nicaragüense
es uno de los peores (se llegó a veinticinco millones de córdobas
por dólar) un régimen queda con el control financiero de
un país. Los bancos prácticamente dejan de existir, los
préstamos se vuelven impagables (dos mil por ciento al mes y barbaridades
parecidas) y las empresas apenas subsisten.
Al caerse en una hiperinflación el dinero se convierte en una brasa
ardiente: nadie lo guarda pues la gente trata de salir de él lo
más rápido posible. Al mismo tiempo, los trueques y las
monedas alternativas se adueñan del mercado. En Nicaragua, asómbrese
el lector, bolsas de granos básicos, barras de jabón, toallas
sanitarias y rollos de papel higiénico llegaron a sustituir los
córdobas en los intercambios.