Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Unos cien miembros de la Mara Salvatrucha recluidos en el Centro de
Reeducación de Menores de Tonacatepeque, vieron frustrado su intento
de fuga ayer al ser descubierto un túnel por donde pretendían
evadirse.
Según Aída Santos de Escobar, jueza de Ejecución
de Medidas a Menores, acabar el subterráneo era cuestión
de tres o cuatro días. Sólo faltaban entre tres o cuatro
metros para traspasar el último muro de la prisión.
El conducto fue descubierto ayer por la mañana en el dormitorio
cinco, del sector tres, ocupado únicamente por miembros de la Mara
Salvatrucha, quienes ya son mayores de 18 años, pero que guardan
prisión por delitos que cometieron cuando eran menores.
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| Descubierto. Vista parcial del subterráneo
descubierto ayer en un reclusorio de menores. Estaban a punto de acabarlo.
Foto EDH |
Tenía una profundidad de 1.60 m; de ancho, 1.50 m y de largo 8.50
m. Perfectamente cabían cuatro personas cavando, aseguró
la jueza De Escobar.
La juzgadora dijo que le sorprendía que el ardid fuese descubierto
hasta ayer y aseguró que investigarán si hubo complicidad
de parte de empleados de ese centro.
El 19 de enero anterior hubo un registro en las instalaciones. Esa vez
hallaron varios teléfonos celulares y antes del mismo explotó
una granada artesanal en el sector tres.
Mañana efectuarían otra requisa general. Autoridades suponen
que los pandilleros pretendían acabar el túnel antes de
mañana.
El principal sospechoso de la excavación podría ser un sujeto
que en los próximos días sería trasladado a un centro
penal para adultos para pagar una abultada sentencia por un doble homicidio,
indicó una fuente judicial.
Amenazantes
Luego de que el director del centro, Alfredo Muñoz, fuera informado
del hallazgo, éste mandó encerrar a todos los reclusos y
ordenó suspender la entrada de las visitas de los mismos.
Los pandilleros se mostraron amenazantes diciendo que tenían bombas
y otras armas contra los vigilantes del centro, por lo que se solicitó
ayuda a la Policía Nacional Civil.
Un pelotón de la Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO) de la
policía llegó al sitio al filo del mediodía.
Luego de inspeccionar el subterráneo, la PNC comenzó un
registro en todo el centro sin que los jóvenes se resistieran al
mismo.
Al cierre de esta nota, fuentes judiciales dijeron que mientras la requisa
transcurría no habían encontrado explosivos ni drogas, pero
que aún no había acabado.
A escasos metros de la libertad
La consistencia arenosa del suelo habría facilitado la excavación.
Además, mojaban el suelo para hacerlo más blando. Cavaban
día y noche. Se alumbraban con lámparas hurtadas del mismo
dormitorio.
Las herramientas eran varios picos hechos de los metales de las literas
y la tierra que sacaban la depositaban en una bodega de objetos inservibles,
adyacente al dormitorio, donde habían acumulado varias toneladas.
La entrada la disimulaban sobreponiéndole una litera.
La zapa habría sido comenzada después del 19 de enero, cuando
realizaron la última requisa en el recinto. La sospecha recae en
varios reclusos que en los últimos días no asistían
a clases ni a los talleres de aprendizaje.
Por las noches ponían música a todo volumen y las griterías
eran constantes. Dos reclusos vigilaban el dormitorio mientras el zapador
se amarraba una cuerda al cinto; cuando un extraño se acercaba,
le advertían halándole la cuerda. Ayer les faltaban tres
o cuatro metros para convertirse en prófugos.