El Diario de Hoy
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El ex presidente de Guatemala Alfonso Portillo huyó ayer, desde
El Salvador, hacia México, después de abandonar su país
unas 10 horas antes de que el Ministerio Público decretara una
orden de arraigo en su contra, acusado de corrupción.
Portillo, quien gobernó Guatemala hasta el 14 de enero pasado,
ingresó a territorio salvadoreño a las 6:24 a.m., acompañado
por varios guardaespaldas y su ex secretario particular, Julio Girón
Barillas. Todos ellos viajaban en dos vehículos.
Al final, Portillo y su comitiva ingresaron al país en una camioneta
Nissan Patrol, pues el segundo carro no poseía los documentos requeridos
para entrar en territorio salvadoreño.
Eso ocurrió pocas horas antes de que se decretara, en Guatemala,
una orden de arraigo contra el ex mandatario como una medida preventiva
antes de formulársele cargos penales por corrupción en su
país.
Después de ingresar en territorio nacional, Portillo, guiado por
Girón, su hombre de mayor confianza, se dirigió hasta San
Salvador y, de ahí, hacia el aeropuerto de Comalapa, donde abordó,
a las 12:39 p.m., un vuelo que le llevó hasta la ciudad de México.
De acuerdo con una serie de versiones conocidas por El Diario de Hoy,
Portillo llegó a Comalapa vestido con ropa informal. Sobre su cabeza
se colocó una gorra.
Al ingresar a la terminal aérea, saludó, militarmente, a
un policía que estaba colocado en la puerta de ingreso al despacho
de Mexicana de Aviación. Del vehículo Nissan Patrol sólo
bajaron dos de sus guardaespaldas y él. Girón prefirió
esperar dentro del auto.
De esa forma, antes del mediodía, Portillo entregó su pasaporte
a una empleada de Mexicana de Aviación, compró un boleto
ordinario que le llevó hasta la ciudad de México y pidió
que, en su calidad de ex presidente guatemalteco, le colocaran en clase
ejecutiva. Esta demanda fue aceptada por el empleado de la compañía
aérea que le atendió.
Una vez cumplido todo el procedimiento migratorio salvadoreño,
los guardaespaldas dejaron a Portillo en la puerta que lleva hasta las
salas de abordaje.
A la 1:30 p.m., el ex gobernante guatemalteco dejó El Salvador
en el vuelo 288 de Mexicana de Aviación, que le llevó, sin
escalas, hasta el Distrito Federal. No compró, en la línea
aérea, un boleto adicional hacia otro país o a alguna otra
ciudad mexicana.
Portillo viajó solo hasta la ciudad de México, donde arribó
a eso de las cuatro de la tarde.
La fuga de Portillo, utilizando territorio salvadoreño, ocurrió
pocas horas después de que la Sala de lo Constitucional de la Corte
Suprema de su país les quitara la inmunidad a él y a su
vicepresidente, José Francisco Reyes López.
Ése fue el primer anuncio de que la administración Berger
se dispone a levantar cargos penales en su contra, sobre todo, después
de que la administración Portillo acabara envuelta en toda suerte
de escándalos públicos.
La huida, sin embargo, tiene otra particularidad: se da apenas horas después
de que la noche del martes se reunieran el nuevo presidente guatemalteco,
Óscar Berger, con el Fiscal General de ese país, Carlos
de León Argueta, quien no sólo fue nombrado por Portillo,
sino que también es fuertemente cuestionado por no presentar cargos
contra Portillo.
Fue probablemente esa reunión la que llevó al Fiscal General
a decretar una orden de arraigo contra Portillo, la tarde de ayer.
No obstante, esa orden se giró cuando Portillo había escapado
hacia El Salvador.
Por eso es que en Guatemala se rumora que, probablemente, el propio Fiscal
y sus amigos le adelantaron la medida al ex mandatario y por eso decidió
fugarse hacia la ciudad de México, después de atravesar
el territorio salvadoreño.
Tanto Portillo como Reyes, y el hijo de éste, José Francisco
Reyes Wild, están involucrados con la denominada conexión
Panamá, en la que se supone que se trasegaron dineros estatales
a cuentas que esos personajes abrieron en bancos de ese país.
Para hacerlo, utilizaron una serie de sociedades anónimas fantasmas.
En las cuentas habrían depositado sumas millonarias mediante el
uso de un típico esquema de lavado de dinero sustraído a
todos los guatemaltecos.
Este caso, denunciado por el periódico guatemalteco Siglo XXI,
se conoció hace tres años, aunque es hasta ahora que el
Fiscal General, presionado por Berger, decidió plantear acusaciones
penales y ordenar el arraigo del ex mandatario.