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El Diario de Hoy
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Haití se preparaba ayer para enfrentar nuevos actos de violencia
tras la llegada de un conocido líder de escuadrones de la muerte
y su grupo de veteranos ex soldados para reforzar una revuelta que amenaza
al Presidente Jean Bertrand Aristide.
Seguidores del Gobierno, calificado de comunista, levantaron nuevas barricadas
en las calles y hombres armados atacaron una estación de gasolina
mientras el miedo se extendía en el país caribeño.
La aparición del exiliado líder de la milicia derechista
Jodel Chamblain ha agregado una nueva dimensión a la hasta ahora
desorganizada rebelión contra Aristide, un ex cura que era visto
como el paladín de la democracia haitiana pero que ahora es acusado
de corrupción y violencia política.
Muchos, incluido el Gobierno, creen que la desentrenada fuerza policial
de Haití enfrenta un desafío para el que no tiene ni la
capacidad ni las armas para derrotar la rebelión sin ayuda del
exterior.
¿Va a negociar Aristide su partida con la gente de Chamblain,
o con nosotros? Esa es la elección, dijo Charles Baker, un
líder de la oposición política que se ha distanciado
de la revuelta armada, pero que todavía rechaza negociar el final
de las tensiones políticas a menos que renuncie Aristide.
El puerto de Saint Marc, a medio camino entre Puerto Príncipe y
la ciudad de Gonaives, donde la revuelta armada comenzó hace casi
dos semanas, fue cerrado el martes por la noche por milicianos que se
instalaron en barricadas contra posibles ataques.