elsalvador.com WWW

Motivando el voto ciudadano
¿Por qué debemos ir a votar?

Debemos disponernos a ir a votar, a honrar nuestra calidad de ciudadano salvadoreño, de tal manera que el Presidente que resulte electo tenga un respaldo real.

Publicada 19 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Raymundo A. Rodríguez Barrera*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Posiblemente algunos ciudadanos todavía no han decidido ir a votar el próximo 21 de marzo, porque tal vez consideran abstenerse como lo hicieron en elecciones pasadas, y porque además, en esta ocasión, no han sido suficientemente motivados por el discurso político de ningún partido, para cambiar de actitud, no obstante que esta vez se trata de una elección presidencial de mucha significación para el futuro de nuestro país.

Muchos que en el pasado se abstuvieron de votar son personas trabajadoras, honestas y muy responsables en sus negocios y actividades profesionales; gente que nunca ha asistido a concentraciones políticas ni pertenece a partido político alguno; ciudadanos que jamás han tenido aspiraciones de ocupar puestos públicos, porque se sienten orgullosos y satisfechos de su actividad privada, porque ésta les ha permitido, con entera dignidad, percibir ingresos y obtener bienes para satisfacer sus anhelos y necesidades personales y familiares, por cuya razón ven a la política como una actividad marginal en sus vidas.

Otras personas se han estado absteniendo de votar, posiblemente, porque han encontrado en la política que han venido haciendo desgastados políticos de profesión, una fuente de frustraciones y engaños, que sólo les ha dejado un marcado desencanto y cierta alergia a toda promesa política.

Y habrá otros que, por ignorancia cívica, piensen que ir a votar es una actividad que solamente compete a la gente vinculada con determinada partido político, o que el voto es un mero acto formal propio de nuestra cultura política.

Pero aun con todo, es preciso señalar que la convivencia social impone al ciudadano, a la par de los derechos de que goza, la obligación cívica de participar en la definición de las grandes decisiones del país, con conciencia de pertenencia y como expresión de identidad con nuestra nacionalidad, bajo el bien entendido principio moral de que somos uno, pero pertenecientes a un todo, que nos propicia condiciones favorables, pero que al mismo tiempo nos demanda una participación razonable en la definición y consecución de un bien común.

Por otra parte, debemos enfatizar que la sociedad civil y que el “demos” ciudadano están conceptual y vivencialmente estructurados dentro de una concepción unitaria, integral, en donde todos y cada uno de los salvadoreños tenemos potencialmente una opinión, una decisión y un voto necesarios para mantener el status republicano, para vitalizar la democracia y para que tengan vigencia las libertades civiles, elementos que dan soporte a la conciencia cívica nacional, y que al mismo tiempo condicionan la viabilidad y funcionalidad de la institucionalidad del estado y de sus instituciones, razones suficientes para desestimar cualquier forma de exclusión, aun cuando ésta obedezca a una actitud autonómica de la misma libertad individual.

No debemos olvidar que las contiendas electorales fortalecen, en cierto modo, los valores cívico-patrióticos, permitiendo al mismo tiempo que afloren los sentimientos de pertenencia a una patria, de orgullo por una nacionalidad y de satisfacción de ser partícipe en la toma de las grandes decisiones nacionales.

Debemos tener bien claro que las elecciones presidenciales del 21 de marzo próximo son de una particular importancia histórica, dadas las encontradas diferencias ideológicas de los dos partidos de mayor acopio popular y a los controvertidos planteamientos programáticos contenidos en sus ofertas de gobierno, situación que según el parecer de algunos observadores experimentados desde ya le está negando espacios a cualquier otra opción.

Por todo lo mencionado debemos disponernos a ir a votar, a honrar nuestra calidad de ciudadano salvadoreño, de tal manera que el Presidente que resulte electo tenga un respaldo real que pueda invocar en todos sus actos de gobierno.

*Columnista de El Diario de Hoy.

elsalvador.com WWW