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Tomando la palabra
Schafik está destrozando a la izquierda

Sobre el pasado los comunistas están dando ventaja a un discurso anticomunista y sobre el presente han dejado en manos de la derecha las ideas de libertad, modernidad y progreso.

Publicada 19 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Joaquín Villalobos*
Oxford, Inglaterra.
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Recién finalizada la guerra, luego de una reunión con un grupo de empresarios, una señora que participó en el evento me recriminó diciéndome: “Por qué no pensaron ustedes en toda la destrucción y las terribles consecuencias que traería la violencia”.

Mi respuesta fue: “Sólo hay dos posibles explicaciones, o nosotros con menos de 20 años de edad fuimos tan inteligentes que provocamos un conflicto muy grande, o ustedes, que no eran jóvenes, fueron demasiado torpes para gobernar que llevaron al país a una guerra”.

Pasarán muchos años y generaciones para que el país tenga una respuesta más o menos común en ese tema. Lo fundamental en el debate político nacional es lograr una mayor elaboración intelectual en las posiciones, ya que es la racionalidad la que lleva a la objetividad y esta última, a la estabilidad.

Sin embargo, nuestros debates son todavía bastante emocionales, en parte porque la oposición está dominada por los comunistas, quienes tratan de convertir descontentos en deseos de venganza. Esto ha facilitado que la racionalidad quede en manos de la derecha. Sobre el pasado los comunistas están dando ventaja a un discurso anticomunista y sobre el presente han dejado en manos de la derecha las ideas de libertad, modernidad y progreso. Con los comunistas a la cabeza, la izquierda resulta patéticamente pobre en el orden intelectual y termina quedando de tonta para no usar otra palabra más fuerte.

En tanto Handal no cree en la democracia, sino en la revolución popular, no puede ni quiere defender la democracia como una conquista de la izquierda. Entonces la derecha, que tiene raíces autoritarias, aparece abanderando unas libertades que nunca respetó, y la izquierda, que luchó por la democracia, aparece como antidemocrática por unas ideas marxistas que nunca implementó. La democracia que hoy existe no fue iniciativa de la derecha, resultó del golpe militar de 1979, del pacto de Apaneca, del gobierno demócrata cristiano y del Acuerdo de Paz.

Todos los puntos de los acuerdos fueron propuestas de la insurgencia. La diferencia es que, para unos, en la izquierda, esos acuerdos eran un desenlace final feliz, y para Handal, eran sólo un infeliz asunto táctico para buscar una definición revolucionaria. Los comunistas y la derecha coinciden así en despreciar el papel de los combatientes de la izquierda en la democratización; para los primeros, no valió la pena porque no se logró una revolución socialista, y para la derecha, fue un terrorismo sin sentido porque vivíamos en libertad. La derecha olvida que la violencia gubernamental fue la generadora del conflicto, habla de puentes, secuestros y ajusticiamientos, sin haber pedido perdón por los fraudes, las matanzas y los magnicidios, mientras los comunistas, por su parte, siguen alentando la violencia.

La falta de democracia en el país le permitió a la insurgencia salvadoreña alcanzar una legitimidad política casi de Estado y en el aspecto militar se encuentra entre las tres experiencias contemporáneas más importantes del mundo, después de Vietnam y el Frente Polisario en el Sahara español; con bastante más capacidad que las guerrillas de Fidel Castro en la Sierra Maestra. Pero lo más importante fue la capacidad de la insurgencia de pasar de las consignas a la política realista. Se convirtió en una fuerza transformadora cuando puso su fuerza en función de un proyecto democrático.

Esto no surgió de un día para otro, ni resultó de frustraciones, impotencia o de la caída del Muro de Berlín. Si de ser fanáticos se trataba, la guerra podría haber continuado y con bastante fuerza. Tampoco el viraje de la derecha hacia la democracia o el del ejército a buscar un acuerdo negociado resultaron de presiones o temores. El balance de fuerzas se convirtió en oportunidad para quienes querían un cambio democrático en ambos lados. Las iniciativas vinieron de la insurgencia y de la oposición, en tanto los moderados de la derecha obligaban a su propio bando a realizar concesiones.

Pero la derecha no sólo está derrotando a Handal en el debate sobre el pasado, sino que en el presente ha logrado modernizar su agenda, mientras los comunistas mantienen a la oposición cuarenta años atrás. Sobre el papel del Estado, la derecha tiene un planteamiento de reforma muy simplista, pero está proponiendo un cambio. Su política consiste en reducir el tamaño del gobierno partiendo de que lo privado es superior a lo público. El FMLN, por su parte, lo que propone es agrandar el gobierno y defender al viejo concepto de Estado heredado del PCN. Handal quiere convertir al gobierno en una fuente empleos como Cuba y Venezuela, pero ¿aceptarían los funcionarios públicos trabajar por $20 al mes y una bicicleta como en Cuba? La mediocridad privaría sobre la calidad, y los mejores tendrían que ceder sus puestos a los peores.

Durante la huelga del Seguro Social, el FMLN se opuso a la privatización sin proponer una reforma distinta, simplemente se opuso al cambio y defendió a la burocracia. En sentido estricto, la huelga fue una pelea entre el sector privado y la burocracia por controlar recursos públicos. El FMLN, cuando detuvo la privatización, no le mejoró la salud a la gente, simplemente aseguró que las burocracias continuaran consumiendo dinero público. La responsabilidad de una izquierda sensata era responder a la reforma de la derecha basada en la privatización, con un proyecto de reforma basado en la eficiencia del sector.

Esto es bastante distinto que decidir entre pequeño o grande, público o privado, pero implica enfrentar a las burocracias. No hay nada revolucionario en defender burócratas que dan servicios ineficientes. Si es la izquierda la más interesada por el Estado, es ésta la que debe tomar la iniciativa en reformar, depurar y calificar al sector público.

Ahora que la Alcaldía de San Salvador quedó en manos de los comunistas, la burocracia política del Frente está tomando control de las oficinas y los vendedores están retomando los espacios públicos del centro capitalino, que habían sido recuperados por el anterior alcalde. Si ARENA es prisionera de un conflicto de interés con los grandes capitales, el FMLN es prisionero de los intereses de burocracias y grupos de presión, en ambos casos las mayorías salen sobrando. Los comunistas siguen hablando de antiimperialismo cuando tenemos millones de compatriotas en Estados Unidos, quieren parar una globalización que nadie puede parar y evitar una integración inevitable, han colocado a la izquierda en una posición retrógrada, volviéndose nacionalistas cuando el fin de las fronteras ha sido una idea de izquierda.

Margaret Thatcher, líder del conservatismo británico, y Schafik Handal, líder comunista de El Salvador coinciden, la primera propone salvar la libra esterlina; el segundo, el colón; la primera rechaza la integración de Gran Bretaña con Europa; el segundo, el Tratado de Libre Comercio de Centro América con Estados Unidos; ambos son reaccionarios y ambos han trabajado para destrozar políticamente a la izquierda.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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