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La nota del día
La conciliación a favor del criminal

Aquí no cuesta anticipar lo que sucede al enfrentar a una pobre señora con sus verdugos y pedirle que “concilie”.

Publicada 19 de febrero 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Los mareros no podrán conciliar con sus víctimas si se aprueba el Artículo 18 del proyecto de nueva ley antimaras presentada a la Asamblea Legislativa, con lo cual se anulará una de las causas principales de la impunidad. Hasta la fecha, la mayor parte de víctimas concilia con sus agresores, sabiendo muy bien que de no hacerlo se exponen a las peores represalias.

La figura de la “conciliación”, ocurrencia de paternidad indefinida presente en nuestra legislación penal, se presta para chantajes, secuestros legales y coacción de víctimas. Es posible, como hemos ya señalado, que en Suiza la conciliación opere de maravilla, pues no sólo víctimas y victimarios son medio civilizados en el peor de los casos, sino que los jueces actúan con plena sensatez, lo que no siempre ocurre en los trópicos. Aquí no cuesta anticipar lo que sucede al enfrentar a una pobre señora con sus verdugos y pedirle que “concilie”. Ella de inmediato piensa en sus hijos, en lo que le puede pasar al llegar tarde por la noche, en los riesgos que corren sus familiares, en la posibilidad de que le den fuego a su casa. Y siendo así, concilia en el acto. Como en la película El Padrino, la señora no puede rehusar esa clase de ofertas.

El pertenecer a una mara será delito de ser aprobada la nueva ley. En Estados Unidos, cuando alguien es miembro de una mara y perpetra un crimen, el juez le incrementa la pena en cinco o seis años. En ambos casos se parte de una contundente realidad: las maras son crimen organizado, bandas formadas para delinquir. El hecho mismo, como lo dijo el doctor Bertrand Galindo en una entrevista de TCS, que las maras 18 y Salvatrucha que operan en nuestro país existan desde Washington hasta Nicaragua, comprueba que son “crimen organizado”. Tan organizado que tres gobiernos centroamericanos se han unido para combatirlas, y tan organizado que en Los Ángeles y muchas otras ciudades de Estados Unidos la policía se esfuerza por desmantelarlas.

Más y más el delito es colectivo

¿Es que las maras y sus miembros viven de actividades lícitas? Lo que se les conoce es todo lo contrario: tráfico de estupefacientes, asaltos, extorsiones, robos, asesinatos, “impuestos de guerra”, secuestros. Una de sus defensas es intimidar jueces, testigos potenciales, vecindarios, litigantes, familiares de policías. El hecho de que son bandas ramificadas en cien ciudades, les permite gran movilidad y además tomar venganzas.

Es obvio que a diferencia del crimen “artesanal”, las maras pueden delinquir debido, sobre todo, a su organización como bandas del crimen. Si se comete un asalto, no sólo participan los actores directos, sino la cadena de cómplices que van desde vigías hasta los que disponen y venden el botín. El engranaje es lo que les concede movilidad y efectividad.

Las leyes penales, como otro mal subproducto de los Acuerdos de Paz, casi ac- túan como si no existiera el crimen organizado. De allí la dependencia en testigos, pruebas puntuales, etcétera, sin tomar en cuenta las pruebas científicas e indirectas. Por ello es que apenas si caen capos de la droga o cabecillas de robacarros. Lo irónico de esto es que cada vez más el crimen es una manifestación de bandas más que de individuos.

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