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Tomando la palabra
La modernización del Estado salvadoreño

Es bueno expresar también que la población salvadoreña ha experimentado ya el grado de madurez suficiente para conocer y escoger sin mayor esfuerzo el candidato y su plan de Gobierno.

Publicada 18 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Ricardo Mauricio Menesses*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Siempre que se avecina el evento electoral para elegir al Presidente y Vicepresidente de la República, se escuchan discursos y muchas propuestas, por parte de sus actores, y en este referente se informa a la población expectante, a través de los diferentes medios de comunicación, que el candidato, en su plan de Gobierno, involucra el proceso de modernización del Estado.

Esto, naturalmente, motiva el interés de todo salvadoreño, que anhela que nuestro El Salvador trascienda de los niveles actuales en sus diferentes ámbitos de acción, hacia una verdadera dinámica administrativa, que favorezca a la población y que el país sea proyectado hacia mejores horizontes de grandeza, excelencia y rentabilidad social, para las futuras generaciones.

Naturalmente que un plan específico de modernización del Estado constituye un desafío que va más allá de la simple intención, de la teoría simplista, y de promesas y compromisos electoreros, que puedan presentarse en un plan de gobierno; precisamente, por cuanto conlleva el provocar una transformación profunda en el engranaje burocrático de todo el aparato gubernamental, de tal forma que cada ministerio, entidad autónoma y cada unidad organizativa del Estado responda con efectividad a sus basamentos legales, al logro de sus objetivos, a la ejecución de principios de desarrollo organizacional y desde luego en virtud de las corrientes transformadoras de la gestión de la calidad, pero, sobre todo, que respondan con un enfoque serio y responsable a las necesidades y demandas de la población en sus diferentes expresiones.

En tal sentido vale la pena preguntarse si cada ministerio, entidad u organismo del Estado está cumpliendo su verdadera misión y si su visión se ha alcanzado en alguna medida en virtud de los intereses de la ciudadanía. Las diversas respuestas seguramente no será difícil obtenerlas y servirían de instrumento para tomar el pulso del corazón de cada unidad organizativa del Estado, con respecto a su participación real en la satisfacción de las demandas de la población.

Y es que la modernización nunca ha sido ni será una opción, sino algo de carácter urgente e indispensable. Si en un país y dentro de él sus instituciones no entran en el proceso de modernización, la obsolescencia y el fracaso están a sus puertas. Toda organización empresarial debe ajustarse al presente dinámico en el que opera, para asegurar un futuro mejor. En este marco referencial se debe comprender que el Gobierno es una gran empresa; asimismo, entenderse que su modernización es impostergable.

En todo proceso de modernización los espectadores no cuentan. El costo de reaccionar es demasiado elevado. O se incorpora el aparato gubernamental al proceso y se aprovechan las ventajas del mismo, o se decide voluntaria o involuntariamente a permanecer en el mismo Estado anticuado y anquilosado del accionar tradicional y obsoleto.

El proceso de modernización del Estado incluye entonces todos los ámbitos de acción del Gobierno, es decir, todo el aparataje gubernamental debe adecuarse a la implementación exitosa del plan de modernización.

En nuestro querido país, El Salvador, se han iniciado procesos y llevado a cabo muchos esfuerzos, pero no han sido suficientes y luego se han quedado estancados; por lo tanto, deberán fortalecerse y continuar su implementación en forma inteligente. La modernización es el oxígeno que necesitan los gobernantes modernos para responder con veracidad al cumplimiento de sus promesas electorales.

Ahora bien, es tiempo ya de que la población no se deje engañar por promesas electoreras y hasta cierto punto demagógicas, que juegan con los anhelos de la ciudadanía. Es tiempo, hoy, de que los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República para el quinquenio 2004/2009 definan con realidades salvadoreñas hacia dónde proyectan enrumbar nuestro país. Es también tiempo propicio para que se identifiquen con las verdaderas necesidades y deseos de la población y sobre las mismas, diseñar un verdadero plan de Gobierno, de los salvadoreños y para los salvadoreños; es decir, que sea algo nuestro y, por ende, que no sea el producto de criterio e intereses foráneos, que nada tienen que ver con nuestra realidad.

Es bueno expresar también que la población salvadoreña ha experimentado ya el grado de madurez suficiente para conocer y escoger sin mayor esfuerzo el candidato y su plan de Gobierno, concordante con sus reales necesidades y demandas. En este contexto, no se dejará sorprender por promesas utópicas, es decir, irreales y discordantes con la realidad de nuestro país.
El candidato que ha hecho realmente suyas las necesidades de la ciudadanía y su plan las considera como verdaderas prioridades, y define también un verdadero proceso de modernización del Estado será, sin lugar a dudas, el próximo Presidente de todos los salvadoreños.

*Consultor y asesor empresarial.

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