Margarita S./Henry
Santos
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Rubidia Sandibel, de 10 años, es la paciente más grave de
las 18 personas que se intoxicaron el jueves en el Caserío San
Juan del Gozo, de Jiquilisco, Usulután.
La menor se encuentra ingresada en la Unidad de Cuidados Intermedios del
Hospital Benjamín Bloom, desde la noche del jueves.
El resto de afectados, entre ellos la madre de la niña, permanecen
ingresados en el Hospital de San Pedro, en Usulután.
Las autoridades sanitarias están casi seguras de que el origen
del envenenamiento masivo está en el agua contaminada de unos pozos
de la zona.
En ese sentido, los funcionarios tomaron las respectivas muestras para
comprobar la calidad del agua.
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| Varios pacientes fueron trasladados al centro
de salud de Usulután. Foto EDH |
Delicada
La niña presenta un cuadro de diarrea, vómitos y convulsiones.
La jefe de la Unidad de Cuidados Intermedios, Doctora Mirna Pérez
Carbajal, explica que, en estos casos no existe un antídoto concreto
para tratar al paciente. Se trabaja con un medicamento que disminuye los
efectos secundarios que produce el tóxico.
Todavía desconocen el tipo de producto que ocasionó el envenenamiento.
Hasta ayer, el laboratorio de Medicina Legal no tenía los resultados
de las pruebas para determinar el tipo de veneno.
No obstante, y según los síntomas, se presume que podría
tratarse de plaguicidas, además de que son productos muy utilizados
en esta zona.
Los médicos del Hospital Bloom desconocen el estado de salud del
resto de pacientes ingresados en el centro de salud de Usulután.
Según los especialistas, las intoxicaciones a través de
la piel, como vía de entrada de los agentes patógenos en
el organismo, son las más frecuentes.
Una vez impregnan una parte del cuerpo, a través de los poros llegan
al torrente sanguíneo. De este modo se puede desplazar a todas
las partes del cuerpo.
En el caso de Rubidia, el químico alcanzó a llegar hasta
el cerebro.
Actualmente, la menor presenta un estado de agitación donde continuamente
se levanta de su cuna y se vuelve a acostar.
Además tiene trastornos en el estado de consciencia y presenta
alucinaciones.
Los médicos no se atreven a dar un pronóstico de la menor,
toda vez que la recuperación de la niña depende de la cantidad
de tóxico ingerido.