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Menor sufre rechazo por dolencia de la piel

La Libertad. Es un caso incurable que no se transmite a otras personas. La familia pide ayuda para tratar los síntomas.

Publicada 7 de febrero 2004, El Diario de Hoy


Yanci Pérez
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com

Doce años de vida le han bastado para conocer el sufrimiento físico, prolongados tratamientos médicos y la resignación de saber que nunca se curará completamente.

Todo lo soporta, pero nada le duele más que sentirse rechazada por la sociedad. No es su culpa sufrir una dolencia que, además, no es contagiosa.

Es Griselda, una pequeña inteligente, normal salvo por el problema de su piel que muestra daños continuos, especialmente en las manos. Su padecimiento se llama ictiosis y se origina en un defecto congénito.

Su madre, Gloria Díaz, recuerda que los primeros problemas en la piel se los detectaron a la pequeña cuando apenas tenía ocho días de nacida.

Las manos de la niña muestran el padecimiento. Foto EDH

En ese tiempo empezó la permanente peregrinación por unidades de salud y hospitales.

Fue hasta los ocho años, y cuando ya se había acostumbrado a que otros niños se burlaran de ella y la rechazaran, que le informaron a la madre que el padecimiento es incurable.

Los médicos sólo pueden dar medicinas para reducir el daño.

En esa época, incluso, se le formaron llagan que se infectaban continuamente.

El maltrato de su piel es considerable y doloroso, pero ella trata de llevar una vida normal.

Pero sufre el rechazo de quienes la rodean. La ignorancia de muchos hace que la traten incluso con desprecio y burlas.

Problemas

Pocos amigos juegan con Griselda. Son más los que se burlan.

Incluso, en el Centro Escolar Ofelia Herrera, le exigieron una constancia médica de que su enfermedad no es transmisible y, según la madre, de no hacerlo así le pedían que se retirara.

El caso fue considerado una discriminación y llegó a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. Ahí se pidió a la madre de la niña presentar una denuncia. Pero Mario Antonio Prudencio, director del centro de estudios, expresó que “todo fue un mal entendido y ya se solucionó”.

La niña pide que la comprendan, quiere subir a los buses sin que la gente se aleje de ella, quiere que la acepten como una persona normal, con aspiraciones y sueños, aunque con una incómoda enfermedad.

En espera de ayuda y aprecio

Griselda pide que la comprendan, quiere subir a los buses sin que la gente se aleje de ella, quiere que la acepten como una persona normal.

Suficientes problemas tiene su familia para comprar las medicinas que ella necesita o para buscar alternativas médicas a su dolencia, como para ver a la pequeña triste cada vez que es rechazada. En su familia sólo el padre trabaja y, además de la pequeña, hay otros dos hijos. La compra de medicinas para aliviar el sufrimiento físico de la pequeña significa un gasto mensual de más de 100 dólares, y muchas veces no pueden hacerlo. Ellos esperan alternativas médicas. Confían en que algún profesional conozca la manera de reducir el daño. Quien les quiera ayudar puede visitarles en la 3a. Calle Poniente, Residencial Las Águilas, Polígono N, casa 7, tercera etapa.


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