Yanci Pérez
El Diario de Hoy
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Doce años de vida le han bastado para conocer el sufrimiento
físico, prolongados tratamientos médicos y la resignación
de saber que nunca se curará completamente.
Todo lo soporta, pero nada le duele más que sentirse rechazada
por la sociedad. No es su culpa sufrir una dolencia que, además,
no es contagiosa.
Es Griselda, una pequeña inteligente, normal salvo por el problema
de su piel que muestra daños continuos, especialmente en las manos.
Su padecimiento se llama ictiosis y se origina en un defecto congénito.
Su madre, Gloria Díaz, recuerda que los primeros problemas en la
piel se los detectaron a la pequeña cuando apenas tenía
ocho días de nacida.
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| Las manos de la niña muestran el padecimiento.
Foto EDH |
En ese tiempo empezó la permanente peregrinación por unidades
de salud y hospitales.
Fue hasta los ocho años, y cuando ya se había acostumbrado
a que otros niños se burlaran de ella y la rechazaran, que le informaron
a la madre que el padecimiento es incurable.
Los médicos sólo pueden dar medicinas para reducir el daño.
En esa época, incluso, se le formaron llagan que se infectaban
continuamente.
El maltrato de su piel es considerable y doloroso, pero ella trata de
llevar una vida normal.
Pero sufre el rechazo de quienes la rodean. La ignorancia de muchos hace
que la traten incluso con desprecio y burlas.
Problemas
Pocos amigos juegan con Griselda. Son más los que se burlan.
Incluso, en el Centro Escolar Ofelia Herrera, le exigieron una constancia
médica de que su enfermedad no es transmisible y, según
la madre, de no hacerlo así le pedían que se retirara.
El caso fue considerado una discriminación y llegó a la
Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. Ahí
se pidió a la madre de la niña presentar una denuncia. Pero
Mario Antonio Prudencio, director del centro de estudios, expresó
que todo fue un mal entendido y ya se solucionó.
La niña pide que la comprendan, quiere subir a los buses sin que
la gente se aleje de ella, quiere que la acepten como una persona normal,
con aspiraciones y sueños, aunque con una incómoda enfermedad.
En espera de ayuda y aprecio
Griselda pide que la comprendan, quiere subir a los buses sin que la
gente se aleje de ella, quiere que la acepten como una persona normal.
Suficientes problemas tiene su familia para comprar las medicinas que
ella necesita o para buscar alternativas médicas a su dolencia,
como para ver a la pequeña triste cada vez que es rechazada. En
su familia sólo el padre trabaja y, además de la pequeña,
hay otros dos hijos. La compra de medicinas para aliviar el sufrimiento
físico de la pequeña significa un gasto mensual de más
de 100 dólares, y muchas veces no pueden hacerlo. Ellos esperan
alternativas médicas. Confían en que algún profesional
conozca la manera de reducir el daño. Quien les quiera ayudar puede
visitarles en la 3a. Calle Poniente, Residencial Las Águilas, Polígono
N, casa 7, tercera etapa.