Eduardo Torres *
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
A
mes y medio de la elección presidencial en nuestro país,
intensa, intensísima ha sido la semana que hoy llega a su fin.
En primer lugar, no es usual que en un lapso tan corto un día
de por medio nos visiten dos subsecretarios de Estados Unidos: Grant
Aldonas, subsecretario de Comercio, y Roger F. Noriega, subsecretario
de Estado para Asuntos Interamericanos.
En segundo lugar, tampoco es fácil reunir la cantidad y calidad
de empresarios centroamericanos que vinieron a la reunión de la
Caribbean Central American Action (CCAA), con el fin específico
de apoyar el Tratado de Libre Comercio Centro América-Estados Unidos
y lograr así su ratificación, tanto en el Congreso de Estados
Unidos como en las asambleas centroamericanas.
Bien lo pusieron empresarios, funcionarios estaban cuatro de los
cinco ministros de Economía de la región, y diplomáticos:
el TLC con los Estados Unidos es más que un acuerdo comercial,
es la oportunidad histórica que por siempre hemos venido buscando
para derrotar la pobreza a través de la generación de miles
y miles de empleos.
Miremos, si no creemos, el caso de México.
Más rico mientras más se acerca a Estados Unidos del
Distrito Federal, hacia Monterrey; más pobre, conforme va
dejando distancia en ruta hacia la frontera con Guatemala del Distrito
Federal hacia Chiapas.
Diez años después de la entrada en vigencia del Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en
inglés), según cifras de la Oficina del Representante Comercial
estadounidense (USTR), NAFTA ha tenido mucho éxito, tanto
para Estados Unidos como para sus socios comerciales en ese acuerdo:
México y Canadá.
Su contribución específica ha sido un mayor intercambio
comercial, mayor productividad, mejores empleos y más altos salarios.
En los diez años de vigencia del NAFTA, informa USTR,
se ha más que duplicado el total de actividad comercial (entre
los tres países), aumentando de $306 a $621 mil millones de dólares,
lo que equivale decir 1,700 millones de dólares diarios en actividad
comercial.
Las importaciones de México hacia Estados Unidos han aumentado
un 242%, con la consiguiente reducción de pobreza y mejora en la
calidad de vida de miles y miles de mexicanos.
o siendo tratado comercial alguno de por sí la panacea, NAFTA hizo
posible para los mexicanos aumentar sus exportaciones en 2001 fueron
$143 mil millones de dólares, un aumento del 232% comparado con
1993; permitió mayores salarios para los trabajadores, se
hicieron recipientes de la inversión extranjera y les fortaleció
su sector agrícola.
Uno de cada cinco puestos de trabajo en México está orientado
hacia las exportaciones, y cerca de la mitad de los tres millones y medio
de los puestos de trabajo generados en ese país entre 1995-2000
son resultado directo del NAFTA. El sector exportador en México
paga un 37% más a sus empleados que su sector tradicional manufacturero.
A partir entonces de NAFTA, hay que ver CAFTA como algo más, mucho
más que un acuerdo comercial. Hay que verlo como el proyecto económico
regional que fortalecerá la democracia y consolidará el
esquema de libertades, con la construcción de bloques para el desarrollo.
Fortalecerá la economía de mercado, fomentando la competencia
e impulsando la siempre anhelada pero nunca realmente lograda integración
centroamericana. Tras lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, ratificará
nuestra condición de aliados de Estados Unidos, de vecinos confiables,
proveyendo una mayor seguridad hemisférica.
demás, es el único proyecto existente en la actualidad,
ahora que repunta la economía estadounidense y mejora el entorno
internacional, que puede darnos tasas de crecimiento económico
sostenido, digamos de un 5% promedio, generando unos 250 mil empleos durante
el próximo quinquenio.
Sólo como referencia, existen en la actualidad unos 100 mil em-
pleos en el área de la maquila, dando oportunidad a decenas de
miles de mujeres, cabezas de hogar en su mayoría, de llevar sustento
a sus hogares.
Para quien esto escribe, el TLC es el factor fundamental del plan de gobierno
de los próximos años; incomprensible, resulta oponerse a
él.
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.
eduardo@elsalvador.com