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Analizando
“Estilos de desarrollo económico” en Centro América

Por “estilo de desarrollo” entenderemos los componentes principales de las economías y sus características de interrelación, mediante las cuales se enfrentan, durante una época determinada, los desafíos de crecimiento económico y desarrollo (PNUD).

Publicada 7 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Carlos E. Mena Guerra*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

La creación e impulso del Mercado Común Centroamericano y las políticas de sustitución de importaciones (principalmente industriales), fueron los componentes centrales del “estilo de desarrollo” de la década de los sesenta y hasta principios de los ochenta del Siglo XX. Empero, el crecimiento del PIB en ese período demostró con éxito de dicho estilo.

Algunas críticas sobre ineficiencia económica, acumulación de deuda externa y estados sobredimensionados dejaron poco margen para la permanencia de ese estilo de desarrollo “hacia adentro”.

A mediados de la década de los ochenta, Centro América puso en marcha una nueva dinámica económica y política, caracterizada por fuerte énfasis en la promoción de las exportaciones, estabilidad de los grandes agregados económicos, drástica reducción en el tamaño y funciones del Estado, apertura a las importaciones, liberalización de los mercados y atracción de inversión extranjera, como nuevo estilo, dinámica que se ha profundizado con la negociación de tratados de libre comercio con la región y otros países a inicios del Siglo XXI.

Este conjunto de políticas fue formulado, en parte, por los acreedores de la deuda externa de los países de Latinoamérica y es conocido como el Consenso de Washington. Luego de casi dos décadas de esta estrategia y observar algunos beneficios, tales como estabilidad en la inflación, recuperación del crecimiento económico (luego de la “década perdida” de los ochenta), está claro que estos beneficios no han sido suficientes, pues los niveles de desarrollo humano se han mantenido muy bajos.

El nuevo estilo de desarrollo, entonces, ha considerado necesario incluir como objetivos la promoción de la educación, fortalecimiento de los mercados financieros y erradicación de la pobreza, entre otros. El crecimiento económico, por sí mismo (como ya se ha dicho antes), no es una garantía para el desarrollo humano ni tampoco una plataforma duradera para el alcance de este objetivo. Pero también se debe recalcar que, sin crecimiento, no será posible un desarrollo humano deseable.

Estudios econométricos sobre la relación entre el crecimiento económico y el desarrollo humano, realizado con información del período 1960 a 1992, para un conjunto de naciones en desarrollo, se concluyó que: varios de los países con sesgo “pro desarrollo humano” llegaron a disfrutar de ciclos de desarrollo virtuoso en sus economías, mientras que aquellos con estilo sesgado “pro desarrollo económico” únicamente no alcanzaron tales beneficios. Este comportamiento confirmaría la necesidad de dar prioridad a políticas de desarrollo humano para alcanzar un ciclo virtuoso en el crecimiento y bienestar.

Reformas económicas que no mejoran los indicadores sociales se vuelven insostenibles en el tiempo, por ello, existe la necesidad de ampliar la agenda de reformas económicas e incluir aquellas que ayuden al desarrollo humano, lo contrario ha evidenciado ser perjudicial para el crecimiento mismo que se persigue y que es tan necesario.

La aprobación de la Iniciativa de la Cuenca de Caribe (ICC), en Estados Unidos, representó un salto hacia una nueva dinámica, sobre todo en la expansión de las exportaciones de maquila textil de las Zonas Francas de Exportación (ZFE), desde la región al mercado estadounidense, pero la ausencia de una política industrial de sustitución competitiva de importaciones de insumos aparece como una de las grandes deficiencias estratégicas del actual estilo de desarrollo regional.

El régimen de la maquila textil en las ZFE representa un arreglo fiscal o aduanero, básicamente, necesario en condiciones de precariedad económica para atraer inversión externa, pero no debería constituirse en un arreglo permanente y estático dirigido a “moler impuestos” a cambio de empleo.

Debido al escaso valor agregado puesto en la producción de maquila textil y la baja remuneración al factor humano, esta actividad no es la más deseable para establecer una plataforma de crecimiento económico, que conduzca a un desarrollo humano sostenible.

Pese a lo anterior, resulta esperanzador que a la luz de los cambios recientes en la economía internacional, se ha gestado una iniciativa de empresarios centroamericanos (particularmente hondureños), para desarrollar una fuerte inversión con la iniciativa de ofrecer “paquetes completos” en la fabricación textil (no sólo hilo y otros componentes, sino la tela misma, esto permitiría competir con el Lejano Oriente y China.

Otro elemento de valoración fundamental debería ser el empleo de recursos humanos que aporten más conocimiento, capacidad intelectual y, por lo tanto, mayor valor agregado nacional de la región.

(Fuente: 2do. Informe de Desarrollo Humano en Centro América y Panamá, PNUD 2003, capítulo 3, “El desafío del desarrollo económico”).
*Economista.

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