El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Los del PCN proponen reactivar los cultivos del algodón, en parte
porque tienen a la vista el terrible abandono en que están propiedades
antes muy prósperas, ahora cubiertas de maleza.
También lo dicen por decir algo. Como lo hemos señalado
muchas veces, ir por las carreteras costeras es muy doloroso por el abandono
de tanta extensión de tierra.
Y están abandonadas por tres causas:
La primera, la reforma agraria impuesta a punta de pistola
por Duarte y compañía; la segunda, la guerra enloquecida
que desató el comunismo sobre El Salvador; la tercera, que no hay
manera de que esas tierras se trabajen bajo un esquema de mercado.
Las mal llamadas cooperativas no están capacitadas para otra cosa
que efectuar cultivos elementales o siembra de cereales. Con la reforma,
buena parte del territorio volvió a la época de los pipiles.
Fomentar el cultivo del algodón es una loable aspiración,
pero se necesitan dos para bailar el tango: los políticos que planifican
grandezas por un lado, y por otro los agricultores que estén con
el deseo, los conocimientos, los enlaces, los equipos, el capital y el
aparataje requerido para echar a andar esa gran empresa del algodón.
Por culpa del desmadre de la década perdida, los algodoneros que
quedaban después de los acosos de anteriores gobiernos, se jubilaron
en su mayor parte.
Uno se puede preguntar, como ejemplo, cuántos pilotos fumigadores
están por allí, dispuestos a volver a esa sacrificada labor.
Idea que a la vez nos trae un recuerdo: nuestro amigo, gran persona y
patriota Ulises González se inició como piloto en una destacada
carrera de algodonero y agricultor. Fue admirable en él y en otros
agricultores como Juan Wright y Raúl Ávila, el empuje con
que llevaban a cabo sus proyectos, pese a los riesgos y trabajos que eso
exigía.
Otra cosa se demostró con el algodón, que tener las tierras
no es garantía de nada; lo esencial son los hombres emprendedores.
El fracaso de la Reforma Agraria se debió a que en su colosal,
lustrosa y granítica ignorancia, los duartistas no entendieron
que la prosperidad del campo no depende de la tenencia o de
la política, sino de la visión y empeño del buen
agricultor, como de la seguridad jurídica.
Promesas locas como programa
De lo que se trata, pues, no es de tener las buenas intenciones, sino
poner en movimiento medidas efectivas y sabias para reactivar la campiña.
El señor Ramírez tiene que influir sobre los diputados pecenistas
para que vayan a visitar esas extensiones en abandono, y le entren al
tema de la reforma a la reforma agraria.
Es muy fácil, debe agregarse, presentar como programa de
gobierno lo que no pasa de ser más que promesas u ocurrencias
sin sentido como hace Ramírez.
Hay algo que debemos agregar. El candidato del PCN dijo en la entrevista
de TCS que había quienes robaban miles de colones y
les entregaban la Palma de Oro. Si tiene pruebas de tan grave cosa, le
ofrecemos publicárselas en este Diario, más cuando las personas
e instituciones que han recibido ese galardón se caracterizan por
sus altos méritos cívicos, empresariales y humanos. O prueba
semejante acusación, o pide disculpas públicas para no quedar
como difamador.