Wenceslao Martínez
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Compran basura y de ello han hecho un negocio que les favorece a ellos
y a las decenas de pepenadores que a diario llegan al botadero situado
en el cantón Cutumay Camones.
Ellos son José Agustín Romero y Esmeralda del Carmen Osegueda,
creadores de una ingeniosa empresa que desde hace 12 años se ha
convertido en su forma de obtener ingresos.
Compran materiales reciclables que luego venden a empresas en la capital.
No es poco lo que obtienen. Cada semana entregan entre 70 y 80 quintales
de productos a los furgones.
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| Grandes cantidades de materiales reciclables
son almacenados en champas. Foto EDH |
Expertos
Reciclar es para ellos una vida. Su negocio es llamado La Bolsa
y está desde hace un año a pocos metros del botadero.
Antes lo hacían en Quezaltepeque y se especializaban en desechos
de hierro que compraban para revender a fundidoras.
De ahí les expulsaron por razones que no quieren detallar y se
trasladaron a Santa Ana, donde en poco tiempo convencieron a los pepenadores
de que les vendieran los materiales.
La demanda es tal, que han tenido que contratar a dos auxiliares, a quienes
pagan el salario mínimo.
Ellos preparan los depósitos en los que almacenan papel, aluminio
y envases de vidrio.
A veces ni terminamos de desayunar cuando ya nos tocan la puerta,
indicó satisfecha Osegueda.
Ellos usan una báscula para pesar lo que les venden, salvo las
botellas, que son compradas por unidades.
Es tanto el producto que obtienen que ya no tienen que viajar a la capital
a entregarlo como en los primeros meses.
Hoy las empresas a las que abastecen envían una vez por semana
los furgones para recogerlos.
Quienes les llegan a vender se ahorran caminar largas distancias con la
carga. Hoy venden el papel a 50 centavos de colón, la libra de
latas a tres colones y la de cobre a 3.50.
Las botellas, por unidad, se compran a 15 centavos.
La pareja que ha montado esta microempresa está satisfecha con
los resultados.
No les sorprenden, ya que tienen años de dedicarse a ello y piensan
que a la vez que logran una estable fuente de ingresos, ayudan a otros.
No son grandes sus utilidades, pero al menos resultan suficientes para
el sostenimiento de su familia.
Personas que conocen el mecanismo de compra, comentan que bien se podría
convertir en una opción para familias pobres que a través
de la organización puedan abrir sus mercados.
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| Papel y latas son pesados en una báscula.
Foto EDH |
Y ahora...
La alcaldía ha regulado el acceso al botadero, para prevenir desgracias.
No se permite niños ni adultos mayores. Todos tienen acceso a controles
de salud .
Pepenadores están satisfechos
Es un proceso de hormigas. Durante todo el día
llegan a La Bolsa los pepenadores a entregar su carga.
A cambio reciben el dinero que de otra manera tendrían que buscar
en distintas zonas de la ciudad.
Me parece bien la idea, indicó Manuel de Jesús
Valencia, un padre de familia que se gana la vida hurgando en la basura,
al referirse a los compradores.
Él asegura que cada día gana entre 30 y 40 colones con lo
que les vende. Con eso debe sostener a su compañera de vida y a
cuatro hijos.
Esta es la única herencia que voy a dejar a mis niños,
expresa resignado Juan José Estrada, otro dedicado al mismo oficio,
mientras señala su carga de papel y botellas de vidrio.
Otros que realizan las mismas labores que él están satisfechos,
ya que no deben caminar con sus cargas de papel, latas o botellas. Hoy
las venden prácticamente en el sitio que las recogen y les pagan
en el momento.
Cada día, La Bolsa recibe entre 8 y 15 quintales de
materiales reciclables.
Decenas de personas se benefician con esto y a la fecha no hay problemas.