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Pareja compra desechos reciclables en botadero

Quienes recolectan papel, latas y envases de vidrio en el basurero, caminan pocos metros para venderlos a precios que consideran aceptables.

Publicada 30 de enero 2004, El Diario de Hoy


Wenceslao Martínez
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com

Compran basura y de ello han hecho un negocio que les favorece a ellos y a las decenas de pepenadores que a diario llegan al botadero situado en el cantón Cutumay Camones.

Ellos son José Agustín Romero y Esmeralda del Carmen Osegueda, creadores de una ingeniosa empresa que desde hace 12 años se ha convertido en su forma de obtener ingresos.

Compran materiales reciclables que luego venden a empresas en la capital.

No es poco lo que obtienen. Cada semana entregan entre 70 y 80 quintales de productos a los furgones.

Grandes cantidades de materiales reciclables son almacenados en champas. Foto EDH

Expertos

Reciclar es para ellos una vida. Su negocio es llamado “La Bolsa” y está desde hace un año a pocos metros del botadero.

Antes lo hacían en Quezaltepeque y se especializaban en desechos de hierro que compraban para revender a fundidoras.

De ahí les expulsaron por razones que no quieren detallar y se trasladaron a Santa Ana, donde en poco tiempo convencieron a los pepenadores de que les vendieran los materiales.

La demanda es tal, que han tenido que contratar a dos auxiliares, a quienes pagan el salario mínimo.
Ellos preparan los depósitos en los que almacenan papel, aluminio y envases de vidrio.
“A veces ni terminamos de desayunar cuando ya nos tocan la puerta”, indicó satisfecha Osegueda.

Ellos usan una báscula para pesar lo que les venden, salvo las botellas, que son compradas por unidades.
Es tanto el producto que obtienen que ya no tienen que viajar a la capital a entregarlo como en los primeros meses.
Hoy las empresas a las que abastecen envían una vez por semana los furgones para recogerlos.

Quienes les llegan a vender se ahorran caminar largas distancias con la carga. Hoy venden el papel a 50 centavos de colón, la libra de latas a tres colones y la de cobre a 3.50.

Las botellas, por unidad, se compran a 15 centavos.

La pareja que ha montado esta microempresa está satisfecha con los resultados.
No les sorprenden, ya que tienen años de dedicarse a ello y piensan que a la vez que logran una estable fuente de ingresos, ayudan a otros.

No son grandes sus utilidades, pero al menos resultan suficientes para el sostenimiento de su familia.
Personas que conocen el mecanismo de compra, comentan que bien se podría convertir en una opción para familias pobres que a través de la organización puedan abrir sus mercados.

Papel y latas son pesados en una báscula. Foto EDH

Y ahora...

La alcaldía ha regulado el acceso al botadero, para prevenir desgracias. No se permite niños ni adultos mayores. Todos tienen acceso a controles de salud .

Pepenadores están satisfechos

Es un proceso de hormigas. Durante todo el día llegan a “La Bolsa” los pepenadores a entregar su carga.
A cambio reciben el dinero que de otra manera tendrían que buscar en distintas zonas de la ciudad.
“Me parece bien la idea”, indicó Manuel de Jesús Valencia, un padre de familia que se gana la vida hurgando en la basura, al referirse a los compradores.

Él asegura que cada día gana entre 30 y 40 colones con lo que les vende. Con eso debe sostener a su compañera de vida y a cuatro hijos.

“Esta es la única herencia que voy a dejar a mis niños”, expresa resignado Juan José Estrada, otro dedicado al mismo oficio, mientras señala su carga de papel y botellas de vidrio.

Otros que realizan las mismas labores que él están satisfechos, ya que no deben caminar con sus cargas de papel, latas o botellas. Hoy las venden prácticamente en el sitio que las recogen y les pagan en el momento.
Cada día, “La Bolsa” recibe entre 8 y 15 quintales de materiales reciclables.
Decenas de personas se benefician con esto y a la fecha no hay problemas.


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