Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy
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Desde
la edad que tengo conciencia de lo que sucede en mi entorno, siempre recuerdo
que los salvadoreños hemos encontrado a cada nuevo reto, una o
más salidas alternas favorables para resolverlo, e incluso, para
superarlo.
Somos un pueblo hecho de una contextura biopsíquica muy especial,
que nos diferencia del resto en muchos aspectos, capaces de sacar provecho
hasta de los depósitos de lava, pues nos caracterizamos porque
a cada situación novedosa que se nos pone enfrente tenemos una
forma singular de exprimirnos el cerebro para encontrarle solución,
y el recién acordado Tratado de Libre Comercio (TLC) regional con
Estados Unidos no será la excepción: ¡nos vamos a
devanar los sesos para cumplirlo muy bien!
Gracias a esa capacidad de trabajo y de ingenio, el salvadoreño
se ha ganado, desde hace muchísimos años, el prestigio de
que siempre goza en otras naciones. Bien decía mi padre: dale al
salvadoreño una rama de árbol y él se encargará
de convertirla en un instrumento de labranza, para ponerse a sembrar la
tierra que le rodea. Hubo un tiempo en que pensaba que la estrechez territorial,
el exceso de población, el atraso en que vivíamos hace algunas
décadas atrás, eran los acicates que nos motivaban a buscarle
salida a todos los problemas que nos afli- gían. Tal vez sean factores
condicionantes, pero no decisivos. Hay pueblos con grandes extensiones
territoriales, con menos índices de crecimiento poblacional, con
menos problemas agobiantes que el nuestro, pero que no acusan un espíritu
de trabajo tenaz y de superación como lo hace el salvadoreño.
Esa tenacidad e ingeniosidad de nosotros es como parte de nuestra idiosincrasia
nacional.
Y de este rubro no escapa tampoco la mujer salvadoreña. De hecho,
miles de hogares nuestros son sostenidos, a brazo partido y corazón
abierto, por mujeres. Además, tengamos presente que la mayor cantidad
poblacional del país se encuentra del lado femenino, por lo que
no cabe ninguna duda que en esto del TLC se habrá considerado como
uno de los factores de ejecución exitosa el desempeño de
la mujer trabajadora y su ineludible capacitación futura.
Si algo criticamos a quienes llevaron a cabo esta negociación es
el hermetismo con que actuaron, y por ello han surgido dudas, la incertidumbre
ante algo tan competitivo, nada menos que tratar con la nación
más poderosa del planeta, con el socio comercial más importante
del mundo y con uno de los mercados más grandes de la Tierra, pero
es igual: nos pondremos a devanar los sesos y ya veremos cómo,
después de superado el primer impacto que toda situación
nueva ocasiona, ya encontraremos los salvadoreños las mil formas
de acomodarnos al TLC y seguir avanzando con éxito. ¿Acaso
no lo hicieron nuestros abuelos cuando se firmó el primer TLC con
Estados Unidos, durante el gobierno del general Gerardo Barrios en 1863?
Sabemos que el reto principal se concentrará entre los medianos,
pequeños y micro productores. Pero a ellos, y que me lo confirme
el amigo Rigoberto Monge, les repito el dicho que mi padre me decía:
los salvadoreños tenemos ese don especial de Dios de poder devanarnos
los sesos para salvar pronto los obstáculos que la vida nos presenta.
Pues, manos a la obra: ¡A echarnos aceite tres en uno en el cerebro
y seguir hacia el futuro, con fe y optimismo, para cumplir al máximo
con este TLC!
* Psicólogo y abogado.