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Opinando
¡A devanarnos los sesos con el TLC!

Si algo criticamos a quienes llevaron a cabo esta negociación es el hermetismo con que actuaron, y por ello han surgido dudas, la incertidumbre ante algo tan competitivo.

Publicada 26 de enero 2004, El Diario de Hoy

Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Desde la edad que tengo conciencia de lo que sucede en mi entorno, siempre recuerdo que los salvadoreños hemos encontrado a cada nuevo reto, una o más salidas alternas favorables para resolverlo, e incluso, para superarlo.

Somos un pueblo hecho de una contextura biopsíquica muy especial, que nos diferencia del resto en muchos aspectos, capaces de sacar provecho hasta de los depósitos de lava, pues nos caracterizamos porque a cada situación novedosa que se nos pone enfrente tenemos una forma singular de exprimirnos el cerebro para encontrarle solución, y el recién acordado Tratado de Libre Comercio (TLC) regional con Estados Unidos no será la excepción: ¡nos vamos a devanar los sesos para cumplirlo muy bien!

Gracias a esa capacidad de trabajo y de ingenio, el salvadoreño se ha ganado, desde hace muchísimos años, el prestigio de que siempre goza en otras naciones. Bien decía mi padre: dale al salvadoreño una rama de árbol y él se encargará de convertirla en un instrumento de labranza, para ponerse a sembrar la tierra que le rodea. Hubo un tiempo en que pensaba que la estrechez territorial, el exceso de población, el atraso en que vivíamos hace algunas décadas atrás, eran los acicates que nos motivaban a buscarle salida a todos los problemas que nos afli- gían. Tal vez sean factores condicionantes, pero no decisivos. Hay pueblos con grandes extensiones territoriales, con menos índices de crecimiento poblacional, con menos problemas agobiantes que el nuestro, pero que no acusan un espíritu de trabajo tenaz y de superación como lo hace el salvadoreño. Esa tenacidad e ingeniosidad de nosotros es como parte de nuestra idiosincrasia nacional.

Y de este rubro no escapa tampoco la mujer salvadoreña. De hecho, miles de hogares nuestros son sostenidos, a brazo partido y corazón abierto, por mujeres. Además, tengamos presente que la mayor cantidad poblacional del país se encuentra del lado femenino, por lo que no cabe ninguna duda que en esto del TLC se habrá considerado como uno de los factores de ejecución exitosa el desempeño de la mujer trabajadora y su ineludible capacitación futura.

Si algo criticamos a quienes llevaron a cabo esta negociación es el hermetismo con que actuaron, y por ello han surgido dudas, la incertidumbre ante algo tan competitivo, nada menos que tratar con la nación más poderosa del planeta, con el socio comercial más importante del mundo y con uno de los mercados más grandes de la Tierra, pero es igual: nos pondremos a devanar los sesos y ya veremos cómo, después de superado el primer impacto que toda situación nueva ocasiona, ya encontraremos los salvadoreños las mil formas de acomodarnos al TLC y seguir avanzando con éxito. ¿Acaso no lo hicieron nuestros abuelos cuando se firmó el primer TLC con Estados Unidos, durante el gobierno del general Gerardo Barrios en 1863?

Sabemos que el reto principal se concentrará entre los medianos, pequeños y micro productores. Pero a ellos, y que me lo confirme el amigo Rigoberto Monge, les repito el dicho que mi padre me decía: los salvadoreños tenemos ese don especial de Dios de poder devanarnos los sesos para salvar pronto los obstáculos que la vida nos presenta. Pues, manos a la obra: ¡A echarnos aceite tres en uno en el cerebro y seguir hacia el futuro, con fe y optimismo, para cumplir al máximo con este TLC!

* Psicólogo y abogado.

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