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Claudia Núñez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Consternada, temblorosa, no sé cómo explicarlo.
El aviso de un accidente me tomó por sorpresa.
Las personas con las que acababamos compartir temores y risitas de nervios
al ver las piruetas de los aviones, ya no están.
¿Cómo se llama don Chino?, le pregunté.
Chino, así me puede decir, asi me dicen todos, dijo
sonriendo, mientras esperabamos el turno para subirnos en las avionetas.
Me voy en ése, pregunté y me subí en
una Super Decatlón azul con amarillo.
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| Jorge Alberto López Pérez (izquierda),
de 46 años, era fotoperiodista. Foto
Huber Rosales |
Tómeme las fotos don Chino y después
me las pasa, le dije a Jorge López, fotoperiodista de Diario
El Mundo. Ok, respondió sonriendo y empezó a
fotografiarme.
Nunca en mi vida me había subido a un avión, ni siquiera
comercial; las manos me sudaban y las piernas me temblaban.
Y usted cómo se llama, le pregunté al piloto.
Mario Díaz, para servirle; acomódese bien, me
contestó. No me habían puesto bien los cinturones y él
le pidió al muchacho que los asegurara, porque si no, va
a salir volando, me dijo.
Don Mario me explicó cómo debía viajar y me dijo
que me relajara; esto de volar es lo más bonito, comentó.
Me relajé, me agarré bien y me encomendé al Creador.
Alzamos vuelo. No percibí nada extraño, ni en el motor ni
el funcionamiento del vehículo. Don Mario me puso el micrófono
del interocomunicador cerca de la boca y me dijo que no me lo alejara.
Después de las instrucciones de la torre de control, empezamos
a platicar:
¿Cuanto tiempo tiene de estar volando?
Este año, cumplo 45
¿Y nunca ha tenido accidentes?
No gracias a Dios. ¿A dónde quiere que la lleve?
A algún lugar bonito. (Y sobrevolamos el lago de Ilopango, Apopa,
y otros lugares). Autorización para piruetas, consultó
don Mario a la torre.
Me repitió que me relajará porque iba a sentir cosas extrañas,
que aflojara mi cuerpo. Después de que la cabeza me dio vueltas
varias veces, don Mario me preguntó: ¿le gustó?.
¿Está bien chivo, vamos a hacer otra?, le respondí.
Al bajar de la avioneta, don Chino (el fotoperiodista) me enseñó
las fotos que tomó. Sólo deme su correo y yo se las
mando, anótenlos aquí, nos dijo a mi compañera
Susana y a mí. Era la primera vez que lo veía, pero no sabía,
ni imaginaba que iba a ser la última.
Regresé al periódico y como a las dos de la tarde recibí
una llamada. ¿Quién habla?, hay un accidente, el chino,
el chino, me dijo alguien alarmado. Era Ernesto López, se
escuchaba afligido, pero no tanto para que yo me preocupara. Después
vinieron las confirmaciones de nombres, datos imprecisos y el llanto.
Que Dios los tenga en su Gloria y gracias al Creador porque a nosotros
no nos tocaba. Nunca olvidaré a Don Chino ni a Don Mario.
Un instante fue suficiente.
Cronología de accidentes
Desde el año 2000, hasta más el reciente, que enluta a
la comunidad periodística, se han registrado accidentes aéreos,
tanto militares, civiles como policiales. En el primero murió también
un fotoperiodista.
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20 de julio 2000
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26 de octubre 2001
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17 de enero 2002
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9 de septiembre 2002
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11 de diciembre 2002
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| Policía Una
avioneta, tipo O2, de la Policía se estrelló en los
Planes de Renderos. Murieron tres, entre ellos el fotoperiodista de
la corporación, Gustavo Gómez. |
Ingenieros Un helicóptero, sólo
para dos personas, se estrelló también en Changayo,
Ilopango, y murieron sus ocupantes: dos ingenieros de una constructora |
Jefe de aviación
Milton Andrade, jefe de la Fuerza Aérea, murió al estrellarse
el Fouga Magister que pilotaba, en prácticas para
un show aéreo. |
Chocan con volcán Un avión
bimotor, procedente de Guatemala, se estrelló con la cara poniente
del Volcán de San Salvador. Tres empresarios murieron. |
Helicóptero
policial Uno de los helicópteros de la Policía al realizar
tareas de seguridad para el aeropuerto. Tres vidas se perdieron en
el accidente. |
Escabrosa ruta a la tragedia
Hay que entrar por la arenera, indicaban algunas personas
que ya se habían enterado del accidente. Íbamos en el carro
y los celulares de los periodistas no dejaban de sonar.
¿Están muertos?, preguntaban con insistencia.
Poco después llegaría la confirmación de la noticia:
los dos tripulantes de la avioneta habían fallecido al estrellarse
en un cerro.
La misión ahora era llegar al lugar del hecho como fuera posible.
Después de recorrer media hora por caminos angostos y poblados
de tierra, llegamos a la zona conocida como la cascajera.
Los lugareños nos dieron pistas de por dónde avanzar. Caminamos
otra media hora para llegar a una zona. Escalamos enormes gaviones hechos
de piedra y cemento. ¡Aquí es!, gritó
una voz.
Llegamos muertos de sed y de cansancio por la escalada. En contrapicado
podíamos ver la avioneta estrellada entre los árboles. Pero
estaba lejos y muy alta; era imposible llegar hasta ahí.
Hay que dar la vuelta y subir el cerro, dijeron. Sin tiempo
para tomar un descanso, nos pusimos en marcha para tratar de subir por
otro lado.
No es un cerro gigante, pero con el cansancio, los nervios, la sed y la
noticia de que ambos estaban muertos, todo parecía más difícil.
Pero los ánimos de la caravana de periodistas no decayeron ante
el reto de subir. Agilizamos el paso y nos ayudamos entre todos.
El camino era sumamente escabroso, lleno de espinas y ramas por todas
partes. Después de casi una hora de ascenso, llegamos al lugar
de la tragedia.
La escena: una avioneta hecha trizas entre los árboles y dos compañeros
que, minutos antes compartían risas y bromas con nosotros, yacían
muertos dentro de ella.
Todos los periodistas hacíamos nuestro trabajo y buscábamos
información, pero también sentimos el dolor por la partida
de uno de los nuestros, quien murió haciendo su trabajo en una
terrible aventura por los aires.
El viejo murió
haciendo lo que le gustaba.
En los 40 años de ser piloto nunca había tenido ningún
accidente. Yo no creo que haya sido un error humano ni desperfecto
mecánico
Mario Díaz Hijo del piloto |
Hablé con él por
teléfono justo antes de que se subiera a la avioneta, me dijo
que le faltaba hacer unas fotos aéreas y que cuando bajara
me volvería a llamar para contarme
Daysi Menéndez compañera de vida |
El negro era un piloto con muchos
años de experiencia.
Era responsable, no era un piloto joven. Es más peligroso cruzar
el bulevar del ejército en moto que volar un avión
Carlos Dardano
piloto club de aviación |
Estamos impresionados, es lamentable.
Ahora lo que nos queda es pedirle fortaleza a Dios para resignarnos.
Él era muy jocoso, alegre, bromista. No le hacía mala
cara al trabajo
Paúl André Méndez
redactor diario el mundo |
Le gustaba el peligro, siempre
le gustó andar en la acción. Ni para la guerra le pasó
nada. No sé cómo le pudo pasar esto. Conmigo era bien
llevadero
Ángel López hermano de Jorge López |
Estamos adoloridos pues era un
profesional de primer nivel. Obtuvo reconocimientos en los últimos
años. Era amigable y respecto al trabajo no le importaba hora
o día
Ricardo Chacón director diario el mundo |
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