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Sólo un minuto para conocerlos

Con quienes acabábamos de estar compartiendo fueron protagonistas de esta tragedia.

Publicada 25 de enero 2004, El Diario de Hoy

Claudia Núñez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Consternada, temblorosa, no sé cómo explicarlo.

El aviso de un accidente me tomó por sorpresa.

Las personas con las que acababamos compartir temores y risitas de nervios al ver las piruetas de los aviones, ya no están.

“¿Cómo se llama don Chino?”, le pregunté. “Chino, así me puede decir, asi me dicen todos”, dijo sonriendo, mientras esperabamos el turno para subirnos en las avionetas.

“Me voy en ése”, pregunté y me subí en una Super Decatlón azul con amarillo.

Jorge Alberto López Pérez (izquierda), de 46 años, era fotoperiodista. Foto Huber Rosales

“Tómeme las fotos ‘don Chino’ y después me las pasa”, le dije a Jorge López, fotoperiodista de Diario El Mundo. “Ok”, respondió sonriendo y empezó a fotografiarme.

Nunca en mi vida me había subido a un avión, ni siquiera comercial; las manos me sudaban y las piernas me temblaban.

“Y usted cómo se llama”, le pregunté al piloto. “Mario Díaz, para servirle; acomódese bien”, me contestó. No me habían puesto bien los cinturones y él le pidió al muchacho que los asegurara, “porque si no, va a salir volando”, me dijo.

Don Mario me explicó cómo debía viajar y me dijo que me relajara; “esto de volar es lo más bonito”, comentó. Me relajé, me agarré bien y me encomendé al Creador.

Alzamos vuelo. No percibí nada extraño, ni en el motor ni el funcionamiento del vehículo. Don Mario me puso el micrófono del interocomunicador cerca de la boca y me dijo que no me lo alejara. Después de las instrucciones de la torre de control, empezamos a platicar:

¿“Cuanto tiempo tiene de estar volando”?

“Este año, cumplo 45”

¿Y nunca ha tenido accidentes?

“No gracias a Dios. ¿A dónde quiere que la lleve?”

A algún lugar bonito. (Y sobrevolamos el lago de Ilopango, Apopa, y otros lugares). “Autorización para piruetas”, consultó don Mario a la torre.

Me repitió que me relajará porque iba a sentir cosas extrañas, que aflojara mi cuerpo. Después de que la cabeza me dio vueltas varias veces, don Mario me preguntó: “¿le gustó?”. “¿Está bien chivo, vamos a hacer otra?”, le respondí.

Al bajar de la avioneta, don Chino (el fotoperiodista) me enseñó las fotos que tomó. “Sólo deme su correo y yo se las mando”, anótenlos aquí, nos dijo a mi compañera Susana y a mí. Era la primera vez que lo veía, pero no sabía, ni imaginaba que iba a ser la última.

Regresé al periódico y como a las dos de la tarde recibí una llamada. “¿Quién habla?, hay un accidente, el chino, el chino”, me dijo alguien alarmado. Era Ernesto López, se escuchaba afligido, pero no tanto para que yo me preocupara. Después vinieron las confirmaciones de nombres, datos imprecisos y el llanto.

Que Dios los tenga en su Gloria y gracias al Creador porque “a nosotros no nos tocaba”. Nunca olvidaré a Don Chino ni a Don Mario. Un instante fue suficiente.

Cronología de accidentes

Desde el año 2000, hasta más el reciente, que enluta a la comunidad periodística, se han registrado accidentes aéreos, tanto militares, civiles como policiales. En el primero murió también un fotoperiodista.

20 de julio 2000
26 de octubre 2001
17 de enero 2002
9 de septiembre 2002
11 de diciembre 2002
Policía Una avioneta, tipo O2, de la Policía se estrelló en los Planes de Renderos. Murieron tres, entre ellos el fotoperiodista de la corporación, Gustavo Gómez. Ingenieros Un helicóptero, sólo para dos personas, se estrelló también en Changayo, Ilopango, y murieron sus ocupantes: dos ingenieros de una constructora Jefe de aviación Milton Andrade, jefe de la Fuerza Aérea, murió al estrellarse el “Fouga Magister” que pilotaba, en prácticas para un “show” aéreo. Chocan con volcán Un avión bimotor, procedente de Guatemala, se estrelló con la cara poniente del Volcán de San Salvador. Tres empresarios murieron. Helicóptero policial Uno de los helicópteros de la Policía al realizar tareas de seguridad para el aeropuerto. Tres vidas se perdieron en el accidente.

Escabrosa ruta a la tragedia

“Hay que entrar por la arenera”, indicaban algunas personas que ya se habían enterado del accidente. Íbamos en el carro y los celulares de los periodistas no dejaban de sonar.

“¿Están muertos?”, preguntaban con insistencia. Poco después llegaría la confirmación de la noticia: los dos tripulantes de la avioneta habían fallecido al estrellarse en un cerro.

La misión ahora era llegar al lugar del hecho como fuera posible. Después de recorrer media hora por caminos angostos y poblados de tierra, llegamos a la zona conocida como “la cascajera”.

Los lugareños nos dieron pistas de por dónde avanzar. Caminamos otra media hora para llegar a una zona. Escalamos enormes gaviones hechos de piedra y cemento. “¡Aquí es!”, gritó una voz.

Llegamos muertos de sed y de cansancio por la escalada. En contrapicado podíamos ver la avioneta estrellada entre los árboles. Pero estaba lejos y muy alta; era imposible llegar hasta ahí.

“Hay que dar la vuelta y subir el cerro”, dijeron. Sin tiempo para tomar un descanso, nos pusimos en marcha para tratar de subir por otro lado.

No es un cerro gigante, pero con el cansancio, los nervios, la sed y la noticia de que ambos estaban muertos, todo parecía más difícil.

Pero los ánimos de la caravana de periodistas no decayeron ante el reto de subir. Agilizamos el paso y nos ayudamos entre todos.

El camino era sumamente escabroso, lleno de espinas y ramas por todas partes. Después de casi una hora de ascenso, llegamos al lugar de la tragedia.

La escena: una avioneta hecha trizas entre los árboles y dos compañeros que, minutos antes compartían risas y bromas con nosotros, yacían muertos dentro de ella.

Todos los periodistas hacíamos nuestro trabajo y buscábamos información, pero también sentimos el dolor por la partida de uno de los nuestros, quien murió haciendo su trabajo en una terrible aventura por los aires.

“El viejo murió haciendo lo que le gustaba.
En los 40 años de ser piloto nunca había tenido ningún accidente. Yo no creo que haya sido un error humano ni desperfecto mecánico”
Mario Díaz Hijo del piloto
“Hablé con él por teléfono justo antes de que se subiera a la avioneta, me dijo que le faltaba hacer unas fotos aéreas y que cuando bajara me volvería a llamar para contarme”
Daysi Menéndez compañera de vida
“El negro era un piloto con muchos años de experiencia.
Era responsable, no era un piloto joven. Es más peligroso cruzar el bulevar del ejército en moto que volar un avión”
Carlos Dardano
piloto club de aviación
“Estamos impresionados, es lamentable.
Ahora lo que nos queda es pedirle fortaleza a Dios para resignarnos. Él era muy jocoso, alegre, bromista. No le hacía mala cara al trabajo”
Paúl André Méndez
redactor diario el mundo
“Le gustaba el peligro, siempre le gustó andar en la acción. Ni para la guerra le pasó nada. No sé cómo le pudo pasar esto. Conmigo era bien llevadero”
Ángel López hermano de Jorge López
“Estamos adoloridos pues era un profesional de primer nivel. Obtuvo reconocimientos en los últimos años. Era amigable y respecto al trabajo no le importaba hora o día”
Ricardo Chacón director diario el mundo
   



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