Franklin Zelaya
El Diario de Hoy
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Sentada sobre la cama, al final de su vivienda de ladrillo, adobe y lámina,
vive Amalia Peña. La señora de 87 años habita desde
hace 35 en su casa construida sobre lápidas, en el interior del
cementerio municipal.
La señora vive únicamente con el recuerdo de la mocedad
que disfrutó junto a su esposo. Asegura que fue el ex alcalde Efraín
Escalante quien autorizó, en 1969, su estadía y la de tres
familias más en el camposanto.
Desde entonces, otras familias han ido poblando el lugar hasta llegar
a 45. Los más pequeños, los jóvenes y algunos adultos
han nacido, crecido y procreado hijos en este lugar sagrado.
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Entre cruces José Alexander, de 10 años,
se acostumbró a vivir cerca de los difuntos.
Foto EDH |
Los habitantes de la Comunidad La Colina, como le llaman sus residentes,
solicitan a las autoridades municipales que les proporcionen un terreno
más apropiado para ser reubicados. O, en último caso, que
se les construya un muro para vivir separados del cementerio.
El gerente general de la comuna, Gilberto Pérez, afirmó,
a finales de diciembre, que en breve los ocupantes del cementerio serían
trasladados al terreno de la ex Universal, donde está contemplado,
además, construir un mercadito de comidas típicas.
No obstante, las palabras del funcionario se contradicen con lo expresado
por Marcela Vargas, de promoción social de la comuna.
Aseguró que para este año no se ha planificado ningún
traslado, en parte, porque no se cuenta con un terreno para reubicarles.
Los vecinos parecen confirmar las palabras de Vargas. Hasta la fecha,
aducen que no han recibido la visita del personal de la alcaldía
para informes de algún plan.