Liz Aguirre
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Al abrirse la puerta en casa de la familia Vargas, 10 caritas curiosas
se asoman a recibir al que llega de visita.
Entre ellos hay dos pequeños que recién se han incorporado
a la ya poblada vivienda.
Se trata de Carlos Antonio y José Moisés Cubías
Vargas, de 11 y 5 años de edad, quienes fueron repatriados desde
Guatemala el pasado diciembre.
Los hermanitos llegaron hace una semana a la casa donde vive su padre,
Elías Isaí Vargas, en Usulután.
Estaban bajo tutela del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo
Integral de la Niñez y la Adolescencia (Isna) y fueron entregados
sus familiares más cercanos.
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La hora de almuerzo implica convocar a la decena
de chicos. Todos, de
inmediato, acuden por su plato y se disponen a alimenarse. Foto:
EDH/Cristóbal Arévalo |
En la casa viven, además, dos abuelas, una tía y ocho primos
de los niños, todos menores de edad. Cuando vinieron los
del Isna no sabíamos. Nos cayeron de sorpresa, dijo Sara
Marlene Vargas, tía de los dos chicos. Ahora, ha firmado ser la
responsable de los menores.
La familia no se había dado cuenta que los niños ya estaban
en el país, hasta que una vecina les dijo que habían salido
en las noticias.
Ya con su familia paterna, los hermanitos Cubías miran una cara
más amable de la vida, pues los primeros años de sus existencias
los vivieron encerrados y sufriendo maltratos.
El lunes 12 asistieron a su primer día de clases en la escuela
Anita Guerrero, junto a sus ocho primos. Carlos quedó en 5º grado
y José Moisés estudia kinder.
No era primera vez
Elías Isaí, papá de los niños, cuenta que
la madre se llevó a Guatemala a José Moisés cuando
tenía cuatro meses de nacido.
Pasó un tiempo y ella regresó para llevarse a otra de sus
hijas. Sin embargo, la policía guatemalteca la recuperó
y la pequeña fue repatriada. Los hechos sucedieron hace unos cinco
años. Después se llevó a Carlos.
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| La tía Sara no tiene hijos varones, pero
Moisés ha llenado ese vacío. El pequeño aún
es bastante tímido. Foto: EDH/Cristóbal
Arévalo |
Una confusa historia de abandono de niños, viajes a Guatemala
y engaños a los familiares se ha tejido alrededor de la vida de
esta familia.
Carlos y José Moisés tienen otros dos hermanos, Rosa Elvira
y José Elías, además de una media hermana, Yacira,
que ya tiene 15 años.
Salir adelante
La pobreza es evidente en casa de los Vargas. La familia sobrevive sólo
con el dinero que envían dos parientes desde Estados Unidos. Elías,
el padre, es jornalero y por ahora no tiene nada fijo. Trabajo que
me cae, trabajo que hago, dice.
La tía Sara es la responsable de los 10 chicos que viven en la
casa. Los lleva a la escuela, va a las reuniones de padres y supervisa
que todos hagan sus deberes. A la hora de la comida se repiten uno a uno
los nombres de los pequeños para que se lleven su plato con frijoles,
tortillas y papa con huevo.
Dichosos nos sentimos de que los hayan dejado aquí (a Carlos
y José Moisés), aunque la vida que se vive aquí es
bien pobre, dice Sara Marlene.
Por su parte, Carlos dice: me siento bien porque aquí juego
y voy a la escuela... quiero ser doctor.
El niño escapó por una ventana de la casa donde su madre
los dejaba encerrados en Guatemala. Y se empeñó en sacar
de ahí a su hermano.
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Así
pasa el día en casa de los Vargas, escuchando a los niños
jugar, reír y pelear y a los adultos tratando de enseñarles
a vivir y a pensar en el futuro.
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José
Elías y Carlos comparten, cada tarde, la hora de hacer los
deberes.
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Los
hermanitos ya se encuentran en la
vivienda de sus familiares.
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