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Los pequeños fueron repatriados de Guatemala
Carlos y Moisés llegaron a casa

Se reencontraron con su familia, formada por su padre, una tía, dos abuelas y una buena cantidad de primos. Los hermanos ya comenzaron las clases en la escuela.

Publicada 21 de enero 2004, El Diario de Hoy

Liz Aguirre
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Al abrirse la puerta en casa de la familia Vargas, 10 caritas curiosas se asoman a recibir al que llega de visita.

Entre ellos hay dos pequeños que recién se han incorporado a la ya poblada vivienda.

Se trata de Carlos Antonio y José Moisés Cubías Vargas, de 11 y 5 años de edad, quienes fueron repatriados desde Guatemala el pasado diciembre.

Los hermanitos llegaron hace una semana a la casa donde vive su padre, Elías Isaí Vargas, en Usulután.

Estaban bajo tutela del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (Isna) y fueron entregados sus familiares más cercanos.

La hora de almuerzo implica convocar a la decena de chicos. Todos, de
inmediato, acuden por su plato y se disponen a alimenarse. Foto: EDH/Cristóbal Arévalo

En la casa viven, además, dos abuelas, una tía y ocho primos de los niños, todos menores de edad. “Cuando vinieron los del Isna no sabíamos. Nos cayeron de sorpresa”, dijo Sara Marlene Vargas, tía de los dos chicos. Ahora, ha firmado ser la responsable de los menores.

La familia no se había dado cuenta que los niños ya estaban en el país, hasta que una vecina les dijo que habían salido en las noticias.

Ya con su familia paterna, los hermanitos Cubías miran una cara más amable de la vida, pues los primeros años de sus existencias los vivieron encerrados y sufriendo maltratos.
El lunes 12 asistieron a su primer día de clases en la escuela Anita Guerrero, junto a sus ocho primos. Carlos quedó en 5º grado y José Moisés estudia kinder.

No era primera vez


Elías Isaí, papá de los niños, cuenta que la madre se llevó a Guatemala a José Moisés cuando tenía cuatro meses de nacido.

Pasó un tiempo y ella regresó para llevarse a otra de sus hijas. Sin embargo, la policía guatemalteca la recuperó y la pequeña fue repatriada. Los hechos sucedieron hace unos cinco años. Después se llevó a Carlos.

La tía Sara no tiene hijos varones, pero Moisés ha llenado ese vacío. El pequeño aún es bastante tímido. Foto: EDH/Cristóbal Arévalo

Una confusa historia de abandono de niños, viajes a Guatemala y engaños a los familiares se ha tejido alrededor de la vida de esta familia.
Carlos y José Moisés tienen otros dos hermanos, Rosa Elvira y José Elías, además de una media hermana, Yacira, que ya tiene 15 años.

Salir adelante


La pobreza es evidente en casa de los Vargas. La familia sobrevive sólo con el dinero que envían dos parientes desde Estados Unidos. Elías, el padre, es jornalero y por ahora no tiene nada fijo. “Trabajo que me cae, trabajo que hago”, dice.

La tía Sara es la responsable de los 10 chicos que viven en la casa. Los lleva a la escuela, va a las reuniones de padres y supervisa que todos hagan sus deberes. A la hora de la comida se repiten uno a uno los nombres de los pequeños para que se lleven su plato con frijoles, tortillas y papa con huevo.

“Dichosos nos sentimos de que los hayan dejado aquí (a Carlos y José Moisés), aunque la vida que se vive aquí es bien pobre”, dice Sara Marlene.

Por su parte, Carlos dice: “me siento bien porque aquí juego y voy a la escuela... quiero ser doctor”.
El niño escapó por una ventana de la casa donde su madre los dejaba encerrados en Guatemala. Y se empeñó en sacar de ahí a su hermano.

Así pasa el día en casa de los Vargas, escuchando a los niños jugar, reír y pelear y a los adultos tratando de enseñarles a vivir y a pensar en el futuro.
José Elías y Carlos comparten, cada tarde, la hora de hacer los deberes.
Los hermanitos ya se encuentran en la
vivienda de sus familiares.


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