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Cafetines sobre ruedas en el centro de la ciudad

Comercio. En estos negocios móviles ofrecen desde una taza de café y pan dulce hasta carne asada.

Publicada 21 de enero 2004, El Diario de Hoy

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Cuando el sol despunta, las calles de la capital despiertan y el comercio comienza a andar.

Los vendedores abren sus puestos informales e instalan sus carpas o canastos. Muy cerca, otros encienden el fuego para preparar los alimentos que más tarde venderán entre el gremio.

Cuando la comida está lista, la instalan en pequeños carruajes metálicos que facilitan la movilización en medio de la multitud de vendedores y del tráfico pesado.

Las que más abundan son las ventas de café con pan y el chocolate caliente, que resultan una buena opción para aquellos vendedores que aún no han hecho “el nombre de Dios” a las 7:00 de la mañana. Con 25 centavos de dólar se compran un desayuno.

Ingenio. En las calles abundan las ventas móviles. Foto: EDH/Lissette Monterrosa

Pero si no es suficiente, también ofrecen panes con frijoles, queso o crema y huevos revueltos. Estos también cuestan 25 centavos.

Los proveedores de alimentos para los comerciantes no descansan, pues a las 10:00 de la mañana comienzan los preparativos para el almuerzo.

La mayoría de vendedores prepara los alimentos en el estacionamiento “San Vicente de Paúl”, ubicado sobre la Avenida 29 de Agosto, al costado oriente del Mercado Central. Otras se encuentran en el pabellón número siete de dicho mercado.

Cuando la comida está lista, la colocan en los carros metálicos. Los más modernos parecen verdaderos restaurantes móviles de comida a la vista y funcionan con un dispositivo que permite mantener los alimentos calientes.

También disponen de parrillas y un espacio para el tambo de gas. Un equipo de este tipo puede costar hasta 15 mil colones.
Hay otros más sencillos, que tienen un sistema combinado, es decir que pueden funcionar con gas o carbón. Un modelo así cuesta unos tres mil colones.

Encendidos los fogones, salen a vender por los alrededores del Mercado Central, la Calle Rubén Darío, Calle Arce, 5a. y 7a. avenidas Sur y Norte y sector del Parque Hula Hula, entre otros. Un plato completo cuesta un dólar.

Los negocios de comida sobre ruedas se han convertido en una opción rentable para muchas comerciantes en los últimos años, porque sus cliente son los mismos vendedores informales.
Muchas de estas mujeres resultaron afectadas por el incendio de 1998, el cual destruyó varios pabellones del Mercado Central.

Un menú variado por un dólar

Las ventas de comida sobre rueda ofrecen diversos platillos. Desde carne, pescado, pollo y pastas hasta nutritivas sopas. Un plato de carne con arroz, chimol y dos tortillas o una sopa cuesta lo mismo.

El precio resulta razonable para los centenares de comerciantes informales, cuyas escasas economías les obligan a ahorrar un poco. Otra ventaja es que no deben abandonar sus puestos para comer, pues los alimentos llegan hasta su lugar de trabajo.

Doña Idalia Elizabeth Cruz, quien antes vendía en el Pabellón Número 4 del Mercado Central, incendiado en 1998, ahora tiene un puesto en el estacionamiento San Vicente de Paúl.

“Aquí sólo preparo la comida, porque vendemos más al andar en la calle”, dice la mujer de tez morena, quien a diario camina más de una hora.
Sin embargo, el sacrificio vale la pena, pues las ganancias son suficientes, para continuar al siguiente día con la misma faena.

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