Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Cuando el sol despunta, las calles de la capital despiertan y el comercio
comienza a andar.
Los vendedores abren sus puestos informales e instalan sus carpas o canastos.
Muy cerca, otros encienden el fuego para preparar los alimentos que más
tarde venderán entre el gremio.
Cuando la comida está lista, la instalan en pequeños carruajes
metálicos que facilitan la movilización en medio de la multitud
de vendedores y del tráfico pesado.
Las que más abundan son las ventas de café con pan y el
chocolate caliente, que resultan una buena opción para aquellos
vendedores que aún no han hecho el nombre de Dios a
las 7:00 de la mañana. Con 25 centavos de dólar se compran
un desayuno.
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| Ingenio. En las calles abundan las ventas móviles.
Foto: EDH/Lissette Monterrosa |
Pero si no es suficiente, también ofrecen panes con frijoles,
queso o crema y huevos revueltos. Estos también cuestan 25 centavos.
Los proveedores de alimentos para los comerciantes no descansan, pues
a las 10:00 de la mañana comienzan los preparativos para el almuerzo.
La mayoría de vendedores prepara los alimentos en el estacionamiento
San Vicente de Paúl, ubicado sobre la Avenida 29 de
Agosto, al costado oriente del Mercado Central. Otras se encuentran en
el pabellón número siete de dicho mercado.
Cuando la comida está lista, la colocan en los carros metálicos.
Los más modernos parecen verdaderos restaurantes móviles
de comida a la vista y funcionan con un dispositivo que permite mantener
los alimentos calientes.
También disponen de parrillas y un espacio para el tambo de gas.
Un equipo de este tipo puede costar hasta 15 mil colones.
Hay otros más sencillos, que tienen un sistema combinado, es decir
que pueden funcionar con gas o carbón. Un modelo así cuesta
unos tres mil colones.
Encendidos los fogones, salen a vender por los alrededores del Mercado
Central, la Calle Rubén Darío, Calle Arce, 5a. y 7a. avenidas
Sur y Norte y sector del Parque Hula Hula, entre otros. Un plato completo
cuesta un dólar.
Los negocios de comida sobre ruedas se han convertido en una opción
rentable para muchas comerciantes en los últimos años, porque
sus cliente son los mismos vendedores informales.
Muchas de estas mujeres resultaron afectadas por el incendio de 1998,
el cual destruyó varios pabellones del Mercado Central.
Un menú variado por un dólar
Las ventas de comida sobre rueda ofrecen diversos platillos. Desde carne,
pescado, pollo y pastas hasta nutritivas sopas. Un plato de carne con
arroz, chimol y dos tortillas o una sopa cuesta lo mismo.
El precio resulta razonable para los centenares de comerciantes informales,
cuyas escasas economías les obligan a ahorrar un poco. Otra ventaja
es que no deben abandonar sus puestos para comer, pues los alimentos llegan
hasta su lugar de trabajo.
Doña Idalia Elizabeth Cruz, quien antes vendía en el Pabellón
Número 4 del Mercado Central, incendiado en 1998, ahora tiene un
puesto en el estacionamiento San Vicente de Paúl.
Aquí sólo preparo la comida, porque vendemos más
al andar en la calle, dice la mujer de tez morena, quien a diario
camina más de una hora.
Sin embargo, el sacrificio vale la pena, pues las ganancias son suficientes,
para continuar al siguiente día con la misma faena.