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Desde la Ciencia Política
La espiral del silencio

El respeto a las libertades vrs. el cambio, son las consignas que todos hemos escuchado a lo largo de este proceso electoral.

Publicada 21 de enero 2004, El Diario de Hoy

Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

He recibido en días recientes varias inquietudes sobre el tema de la teoría de la espiral del silencio.

Presumo que las mismas son el resultado de la entrevista que este periódico realizara a uno de los pocos estudiosos de la ciencia política en El Salvador, cuando refiriéndose al ambiente electoral que estamos viviendo, previo a las elecciones del 21 de marzo, afirmaba que lo que puede estar sucediendo en el país, es precisamente lo que sostiene la teoría en comento.

Sin perjuicio que al final de este artículo expresaré mi propia opinión acerca de la aplicación de la espiral del silencio en lo que llevamos de la campaña electoral, pasaré de inmediato a referirme a la teoría que Elisabeth Noelle-Neuman perfeccionó ( y es así porque ya la misma había sido citada por otros autores a lo largo de la historia), para explicar el concepto de la opinión pública.

La citada teoría se puede resumir en el “rechazo al aislamiento social”. Nadie en una sociedad prefiere el rechazo a la aceptación de sus conciudadanos. Así, cuando una opinión es la que prevalece en el ambiente, los individuos tratamos de acuerdo a la observación que hacemos del comportamiento de otros individuos, de adaptarnos a aquella situación que sea aceptada por la generalidad y rechazamos aquella idea que nos pueda aislar y llevarnos al “ostracismo social”, y si no la rechazamos, aunque estemos de acuerdo con ella, guardamos silencio y nos adherimos a las mayorías, dado que las minorías se encuentran en una enorme desventaja por haber elegido el silencio como opción. En otras palabras, citando a Edurne Uriarte, “los individuos tenderán a sumarse, a manifestar en público la opinión que perciben como dominante y a ocultar la minoritaria”.

Noelle-Neuman cita un ejemplo que me parece idóneo para terminar de entender esta teoría, el cual es descrito por Tocqueville. Este último pensador, hace referencia a cómo la iglesia, durante el Siglo XVIII francés, “se volvió muda”... “los hombres que conservaban la antigua fe temieron ser los únicos que seguían fieles a ella y más amedrentados por el aislamiento que por el error, se unieron a la multitud sin pensar como ella...”.

Son, pues, cuatro elementos en los que esta autora alemana basa su teoría: 1. La sociedad amenaza a los individuos con el aislamiento; 2. los individuos experimentan un continuo miedo al aislamiento; 3. este miedo al aislamiento hace que los individuos intenten evaluar continuamente el clima de opinión, y 4. los resultados de esta evaluación influyen en el comportamiento en público, en especial en la expresión pública o el ocultamiento de sus opiniones (Noelle –Neuman, 1995:261).

Insisto, parece entonces absolutamente claro que el miedo al aislamiento es el motor que impulsa a la espiral del silencio: o se está orgulloso y con toda claridad se expresa la opinión a favor de un determinado tema, para el caso, en el proceso electoral en el que estamos inmersos, el ejemplo más claro sería expresar públicamente con orgullo su simpatía con un determinado partido político, o por el contrario, dado que la opinión preponderante es que el partido político contrario es prácticamente el ganador, se guarda silencio y la espiral crece en su contra y a favor del primero, por miedo a sufrir un rechazo social.

En alusión a este ejemplo, Neuman recuerda que fue una estudiante, en las elecciones de Alemania en 1965, la que le inspiró la teoría citada. Esta estudiante portaba un pin del partido “cristianodemócrata” y lo hacía únicamente para experimentar cuál era la reacción de sus compañeros de estudio. Cuando más tarde se encontró de nuevo con dicha estudiante, la autora cuenta cómo ésta, ahora sin el pin en su pecho, le manifestó lo horrible de la experiencia, dado el aislamiento del que fue objeto por sus compañeros afines a los “socialdemócratas”.

Con todo lo anterior, tenemos suficiente base teórica para expresar nuestra propia opinión de lo que está sucediendo en El Salvador. Iniciemos afirmando que una herramienta fundamental para la comprobación de la espiral del silencio, son las encuestas de opinión. Éstas han favorecido en los últimos meses al candidato oficial. Y lo han hecho por un amplio margen frente a su contendiente principal, el FMLN.

El respeto a las libertades vrs. el cambio, son las consignas que todos hemos escuchado a lo largo de este proceso. Los que pregonan la libertad lo hacen basados en el progreso que El Salvador ha tenido en los últimos veinte años. No temen expresar que continuarán construyendo sobre lo logrado y que las políticas de libertad de empresa y apoyo al sector productivo serán base fundamental de su gobierno.

Reconocen, asimismo, que deben corregir todas aquellas políticas que en el modelo actual han impedido la equidad y la inclusión de todos. Los que pregonan el cambio, lo hacen con ambigüedad, basados en un plan de gobierno que tiene como antecedentes varios documentos en los que las contradicciones respecto de la dolarización, las privatizaciones (aunque sí estamos de acuerdo en que falta una adecuada regulación) y la seguridad jurídica, se ponen en duda. Y lo que es peor, lo hacen temiendo que su líder, implemente, de llegar al gobierno, un modelo comunista.

Ello ha llevado a que los seguidores del partido de las libertades expresen públicamente su favoritismo y ganen cada vez más adeptos, y ha hecho que aquellos, temerosos del aislamiento, sobre todo por lo que su líder ha expresado respecto de su afinidad ideológica, callen y prefieran no expresar en público su simpatía electoral.

La espiral del silencio en nuestro país no es una pura aplicación teórica de los que callan porque prefieren subirse al “carro ganador” y los que hablan porque están orgullosos de defender la libertad. Es una pugna clara y precisa, de los que prefieren el progreso, frente a los que dudan que el comunismo pueda ser una opción viable para el país. Cuando izquierdas y derechas, discutan, sobre políticas públicas y no sobre ideologías radicales, la espiral del silencio habrá terminado su paso por El Salvador.

*Abogado, Master en Derecho Empresarial, con estudios en Ciencia Política.

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