El Diario de Hoy
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Han pasado 10 años y medio desde que llegamos a El Salvador a
ver a Nathan.
No puedo creer que haya transcurrido tanto tiempo.
En 1996 también adoptamos a Kimberly, en Filipinas.
La llevamos a casa cuando sólo contaba con dos años. El
tiempo ha pasado muy rápido.
En 1999 descubrí que estaba embarazada.
¡Era un milagro! Los médicos dijeron que nunca íbamos
a tener un bebé. ¡Vaya si estaban equivocados! Nathan tenía
unos ocho años, y Kimberly, cinco cuando nació Sarah.
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| Nathan, Kimberley y Sarah posan
con su padre adoptivo, Jim Rossi, en la residencia de la familia en
Connecticut, Estados Unidos. Foto EDH |
Cuando esperaba a Sarah, al salir para mi trabajo, Nathan siempre me
daba un beso de despedida y abrazaba mi vientre. Nunca lo voy a olvidar.
A los niños les encantaba ayudarme a darle de comer al bebé;
pero, por alguna razón, nunca tuve voluntarios para cambiar pañales.
Nathan es un chico muy, muy inteligente. Recibe clases aceleradas en la
escuela. Los profesores le estiman. Aprende con asombrosa rapidez.
Lo encaminamos a una preparatoria a los cuatro años, de manera
que pudiese acostumbrarse al trato con otros niños. Ahora tiene
12 años y cursa el Séptimo Grado.
Le gusta mucho leer. No podemos proveerle suficientes libros al paso que
él los demanda. Mientras toma su desayuno, lee el periódico.
Recuerda todos los detalles de lo que lee y discute los temas con nosotros.
A Nathan le gusta la música, es uno de sus pasatiempos favoritos.
Posee alrededor de 85 discos compactos. También le gusta hacer
tabla en la nieve, y este año aprenderá a esquiar. Le entusiasma
la idea de ir a la universidad, donde espera estudiar Veterinaria o Derecho.
Es un niño muy cortés y considerado. A menudo nos asombra
su personalidad.
Posee unos bellos ojos color café, piel morena, cabellera negra.
Puede mirarlo a uno y hacer que el corazón se nos derrita.
Es muy selectivo en su comida, igual que Jim, su padre. Ambos toman alimentos
saludables.
Le encantan las ensaladas y las frutas. Su postre favorito es waffle
con sorbete encima, y su plato predilecto, arroz a la italiana, risotto.
También le gustan los tacos, sobre todo, como los prepara mami.
Cuando estaba aún en El Salvador, Celina, cabeza de una generosa
familia que le dio albergue temporal, le daba guineos de seda. No sabemos
porque ahora ya no los prueba.
A Nathan le gusta jugar baloncesto. En la cochera hemos instalado un aro
donde pasa horas haciendo tiros a la canasta.
Él y su padre no se pierden los juegos del equipo de la Universidad
de Connecticut en la televisión. También le gusta ver el
programa de Jeff Corwin, un experto en vida animal que presenta reportajes
muy interesantes.
Todos los años, Nathan juega al fútbol, que es otro deporte
que le gusta mucho. También le encanta ir de compras. Es muy buen
comprador, conoce los precios y calidades de los productos tanto como
yo. Sabe reconocer una ganga y la relación precio calidad de los
artículos.
Hemos conservado todo lo que Nathan trajo a Estados Unidos. Sus zapatos
hechos en El Salvador, muchos ornamentos navideños artesanales
y todos los regalos que le dieron los miembros de la familia de Celina
Morán de Guerra, una generosa salvadoreña que nos ayudó
mucho en el proceso de adopción de Nathan, por entonces llamado
Andrés. Debo decir que Celina es una persona maravillosa. No podemos
agradecerle lo suficiente los cuidados y amor que ella y su familia le
dieron a Nathan.
Nuestra filipina
Kimberly, nuestra graciosa filipina, es un as del patinaje. ¡Es
simplemente fabulosa! Tiene un entrenador y va a patinar tres o cuatro
veces a la semana. Es muy buena patinando. No nos sorprendería
verla un día en las olimpíadas. Tiene la cabellera negra,
ojos oscuros y piel aceitunada.
Es capaz de esbozar una sonrisa que fascina. Es una niña alegre
e inquieta. Pasó los primeros dos años de su vida en un
orfelinato. Resulta asombroso verla ahora. Es la mariposa social de la
familia. Buena conversadora y a quien siempre le gusta estar en todo.
Ahora ya cumplió los nueve años y estudia el Cuarto Grado.
El español se les enseña a todos los niños desde
el Tercer Grado. Creo que eso los equipará ventajosamente a medida
que crezcan. Nathan, que también ha estado tomando clases de español,
se ha convertido en el mejor amigo de su hermana Kimberley.
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| Nathan y Kimberly se divierten en
la piscina del patio de su casa. El terreno mide cerca de ocho mil
metros cuadrados. Foto EDH |
Ambos comparten el buen corazón y la actitud positiva hacia todos
y todo. Saben cómo es que han llegado a formar parte de nuestra
familia y lo aceptan de muy buen grado. Los dos coinciden en decir que
no querrían que las cosas fueran de otra manera.
Y luego, Sarah
Sarah ha llegado como un bono agregado a nuestra familia. Es como decimos:
El conejito energetizador. ¡Nunca se está quieta!
Cumplirá cuatro años en febrero. Nació el 29 de febrero
de 2000, un año bisiesto. Nathan encuentra esto divertido. ¡De
hecho, ella sólo tiene un cumpleaños cada cuatro años!
Dice que a ese ritmo nunca va a envejecer. Sarah adora a sus hermanos
mayores.
Ella tiene una complexión clara, con unos impresionantes ojos azules.
Es otra a la que le gusta estar en todo. Atiende el prekínder y
le va muy bien.
Aprendió ya todo el abecedario, puede contar hasta 10 en español,
sabe de memoria la dirección y número telefónico
de su casa, y además escribe y deletrea su nombre de pila. Mi agenda
y la de Jim son muy apretadas pero no cambiamos por nada el compartir
tiempo con nuestros hijos,
Vamos juntos al cine. Siempre hacemos cosas en conjunto. Nos gusta ira
de vacaciones a Nueva Jersey. A menudo nos alojamos a la orilla del mar.
A los chicos les encanta la playa, nadar y hacer castillos de arena. Hemos
construido una piscina en nuestro patio donde los niños disfrutan
durante el verano.
Nathan y Kimberley ya aprendieron a nadar, y Sarah va por el mismo camino.
Tenemos un patio muy grande que mide alrededor de ocho mil metros cuadrados.
Si el clima lo permite, los niños pasan la mayor parte del tiempo
retozando en el terreno.
Andan en sus bicicletas o simplemente corren a su antojo, lo cual es saludable
para ellos. En invierno salen a deslizarse sobre la nieve con sus trineos.
Con la llegada de estos niños se completó nuestro hogar
y nuestras vidas tomaron un maravilloso giro. Nuestros hijos se quieren
mucho entre sí. Esperamos que así se mantengan cuando crezcan.
Se portan muy bien, tanto que la gente nos felicita por ello. Les hemos
enseñado a respetar a la gente y a ser corteses y educados.
Nathan, Kimberley y Sarah forman parte de una familia medianamente grande,
pero siempre estamos juntos la mayor parte del tiempo, particularmente
en su festividad preferida: la Pascua. Cocinamos en el patio y emprendemos
grandes y animadas búsquedas de huevos del Conejo Pascual.