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Testimonio de la familia de acogida
El deseo de ser padres y tres milagros concedidos

La pareja estadounidense James (Jim) y Gina Rossi adoptó a un niño salvadoreño y a una niña filipina, porque los médicos les dijeron que nunca podrían procrear hijos. Pero el milagro llegó con Sarah, y la felicidad de la pareja se ha multiplicado por tres. La madre cuenta la historia.

Publicada 19 de enero 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Han pasado 10 años y medio desde que llegamos a El Salvador a ver a Nathan.

No puedo creer que haya transcurrido tanto tiempo.

En 1996 también adoptamos a Kimberly, en Filipinas.

La llevamos a casa cuando sólo contaba con dos años. El tiempo ha pasado muy rápido.

En 1999 descubrí que estaba embarazada.

¡Era un milagro! Los médicos dijeron que nunca íbamos a tener un bebé. ¡Vaya si estaban equivocados! Nathan tenía unos ocho años, y Kimberly, cinco cuando nació Sarah.

Nathan, Kimberley y Sarah posan con su padre adoptivo, Jim Rossi, en la residencia de la familia en Connecticut, Estados Unidos. Foto EDH

Cuando esperaba a Sarah, al salir para mi trabajo, Nathan siempre me daba un beso de despedida y abrazaba mi vientre. Nunca lo voy a olvidar.

A los niños les encantaba ayudarme a darle de comer al bebé; pero, por alguna razón, nunca tuve voluntarios para cambiar pañales.

Nathan es un chico muy, muy inteligente. Recibe clases aceleradas en la escuela. Los profesores le estiman. Aprende con asombrosa rapidez.

Lo encaminamos a una preparatoria a los cuatro años, de manera que pudiese acostumbrarse al trato con otros niños. Ahora tiene 12 años y cursa el Séptimo Grado.

Le gusta mucho leer. No podemos proveerle suficientes libros al paso que él los demanda. Mientras toma su desayuno, lee el periódico. Recuerda todos los detalles de lo que lee y discute los temas con nosotros.

A Nathan le gusta la música, es uno de sus pasatiempos favoritos. Posee alrededor de 85 discos compactos. También le gusta hacer tabla en la nieve, y este año aprenderá a esquiar. Le entusiasma la idea de ir a la universidad, donde espera estudiar Veterinaria o Derecho.

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Es un niño muy cortés y considerado. A menudo nos asombra su personalidad.

Posee unos bellos ojos color café, piel morena, cabellera negra. Puede mirarlo a uno y hacer que el corazón se nos derrita.
Es muy selectivo en su comida, igual que Jim, su padre. Ambos toman alimentos saludables.

Le encantan las ensaladas y las frutas. Su postre favorito es “waffle” con sorbete encima, y su plato predilecto, arroz a la italiana, “risotto”. También le gustan los tacos, sobre todo, como los prepara mami.

Cuando estaba aún en El Salvador, Celina, cabeza de una generosa familia que le dio albergue temporal, le daba guineos de seda. No sabemos porque ahora ya no los prueba.

A Nathan le gusta jugar baloncesto. En la cochera hemos instalado un aro donde pasa horas haciendo tiros a la canasta.
Él y su padre no se pierden los juegos del equipo de la Universidad de Connecticut en la televisión. También le gusta ver el programa de Jeff Corwin, un experto en vida animal que presenta reportajes muy interesantes.

Todos los años, Nathan juega al fútbol, que es otro deporte que le gusta mucho. También le encanta ir de compras. Es muy buen comprador, conoce los precios y calidades de los productos tanto como yo. Sabe reconocer una ganga y la relación precio calidad de los artículos.

Hemos conservado todo lo que Nathan trajo a Estados Unidos. Sus zapatos hechos en El Salvador, muchos ornamentos navideños artesanales y todos los regalos que le dieron los miembros de la familia de Celina Morán de Guerra, una generosa salvadoreña que nos ayudó mucho en el proceso de adopción de Nathan, por entonces llamado Andrés. Debo decir que Celina es una persona maravillosa. No podemos agradecerle lo suficiente los cuidados y amor que ella y su familia le dieron a Nathan.

Nuestra filipina

Kimberly, nuestra graciosa filipina, es un as del patinaje. ¡Es simplemente fabulosa! Tiene un entrenador y va a patinar tres o cuatro veces a la semana. Es muy buena patinando. No nos sorprendería verla un día en las olimpíadas. Tiene la cabellera negra, ojos oscuros y piel aceitunada.

Es capaz de esbozar una sonrisa que fascina. Es una niña alegre e inquieta. Pasó los primeros dos años de su vida en un orfelinato. Resulta asombroso verla ahora. Es la mariposa social de la familia. Buena conversadora y a quien siempre le gusta estar en todo.

Ahora ya cumplió los nueve años y estudia el Cuarto Grado. El español se les enseña a todos los niños desde el Tercer Grado. Creo que eso los equipará ventajosamente a medida que crezcan. Nathan, que también ha estado tomando clases de español, se ha convertido en el mejor amigo de su hermana Kimberley.

Nathan y Kimberly se divierten en la piscina del patio de su casa. El terreno mide cerca de ocho mil metros cuadrados. Foto EDH

Ambos comparten el buen corazón y la actitud positiva hacia todos y todo. Saben cómo es que han llegado a formar parte de nuestra familia y lo aceptan de muy buen grado. Los dos coinciden en decir que no querrían que las cosas fueran de otra manera.

Y luego, Sarah

Sarah ha llegado como un bono agregado a nuestra familia. Es como decimos: “El conejito energetizador”. ¡Nunca se está quieta! Cumplirá cuatro años en febrero. Nació el 29 de febrero de 2000, un año bisiesto. Nathan encuentra esto divertido. ¡De hecho, ella sólo tiene un cumpleaños cada cuatro años!

Dice que a ese ritmo nunca va a envejecer. Sarah adora a sus hermanos mayores.

Ella tiene una complexión clara, con unos impresionantes ojos azules. Es otra a la que le gusta estar en todo. Atiende el prekínder y le va muy bien.

Aprendió ya todo el abecedario, puede contar hasta 10 en español, sabe de memoria la dirección y número telefónico de su casa, y además escribe y deletrea su nombre de pila. Mi agenda y la de Jim son muy apretadas pero no cambiamos por nada el compartir tiempo con nuestros hijos,

Vamos juntos al cine. Siempre hacemos cosas en conjunto. Nos gusta ira de vacaciones a Nueva Jersey. A menudo nos alojamos a la orilla del mar. A los chicos les encanta la playa, nadar y hacer castillos de arena. Hemos construido una piscina en nuestro patio donde los niños disfrutan durante el verano.

Nathan y Kimberley ya aprendieron a nadar, y Sarah va por el mismo camino. Tenemos un patio muy grande que mide alrededor de ocho mil metros cuadrados. Si el clima lo permite, los niños pasan la mayor parte del tiempo retozando en el terreno.

Andan en sus bicicletas o simplemente corren a su antojo, lo cual es saludable para ellos. En invierno salen a deslizarse sobre la nieve con sus trineos.

Con la llegada de estos niños se completó nuestro hogar y nuestras vidas tomaron un maravilloso giro. Nuestros hijos se quieren mucho entre sí. Esperamos que así se mantengan cuando crezcan. Se portan muy bien, tanto que la gente nos felicita por ello. Les hemos enseñado a respetar a la gente y a ser corteses y educados.

Nathan, Kimberley y Sarah forman parte de una familia medianamente grande, pero siempre estamos juntos la mayor parte del tiempo, particularmente en su festividad preferida: la Pascua. Cocinamos en el patio y emprendemos grandes y animadas búsquedas de huevos del Conejo Pascual.

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