El Diario de Hoy
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Los jóvenes que pasan toda su vida o parte de ella en una institución
de protección al menor, al cumplir su mayoría de edad, tienen
que abandonar la institución por el reglamento de estos hogares,
ir a un mundo totalmente desconocido para ellos, ya que han tenido poco
o ningún contacto con la realidad que se les avecina.
El Gobierno cobija a estos muchachos y les prepara con oficios, pero no
pueden garantizar trabajo para que se puedan desempeñar.
Un futuro incierto
Cindy Jazmín tiene 17 años, estudia segundo año
de bachillerato opción contador.
Parece
una adolescente que tiene los conflictos propios de esa edad, sin embargo,
en ella se refleja una madurez poco común y preocupación
al saber que pronto dejará de ser una persona institucionalizada
para formar parte de una realidad a la que nunca se ha enfrentado.
Tiene ocho años de estar en el hogar. Junto a ella ingresaron sus
hermanas menores Olivia y Stefani.
Su madre se encuentra en la cárcel, y una de sus hermanas nació
en el reclusorio. El único apoyo familiar es su abuela, alquien
que puede brindarle apoyo, aunque no ayuda económica.
Añora el amor de una familia. Está empeñada en poder
graduarse de bachiller, conseguir un trabajo gracias al oficio que aprendió
en el albergue, buscar un lugar donde vivir y así sacar a sus hermanas
de la institución, ayudarles y continuar sus estudios.
Nueve
años en albergue
Con una madre esquizofrénica, tuvieron que intervenir las autoridades
para proteger a los menores y, luego, ingresar a los niños en una
institución. La menor de los niños tenía 7 años
cuando fue internada junto con cinco hermanos.
Sin embargo, los tres menores corrieron mejor suerte y fueron adoptados
por diferentes familias, las restantes aún se encuentran en el
hogar.
Así empieza, el relato de Juana Esperanza. Está por cumplir
sus 18 años y sabe que tiene que enfrentarse a su realidad, el
salir del hogar sin empleo, sin tener techo ni estar amparada por nadie.
Actualmente estudia primer año de bachillerato. Tiene la esperanza
de terminar educación media, trabajar como secretaria, ayudarles
a sus hermanas en lo que pueda .
Sin embargo, lamenta que cuando llegó al hogar las adopciones fueran
muy difíciles. La poca orientación que se daba en ese tema,
a ella le caló, pues se quedó de interna, y ahora no quisiera
salir de la institución, ya que no sabe lo que le espera afuera.
Tengo
temor de salir
Delia Suleyma viene de una familia de 11 hermanos. Ella está por
cumplir su mayoría de edad. Llegó a los 12 años,
junto con su hermana de 13 años y quien posee capacidades especiales.
Su madre les abandonó siendo muy pequeña y le dejó
bajo el cuidado de sus hermanos.
Quiero estudiar enfermería, pero antes tengo que terminar el bachillerato.
Cuando salga del hogar, desee trabajar en cerámica para poder costear
mis estudios y ayudarle a mi hermana, afirma Delia.
Tengo temor de salir, pero le pido a Dios, fuerza para seguir luchando
y enfrentarme sola a un mundo que a veces es muy cruel.
Espero poder encontrar trabajo, y confío en que alguno de mis hermanos
podría ayudarme a tener techo.
Pienso mucho en mi hermana, que no puede valerse por ella misma, sino
que depende de alguien más.
En el hogar nos dan mucho apoyo, pero no nos podemos quedar, nos incentivan
a que trabajemos de día y estudiemos en la nocturna. Pero es muy
difícil encontrar trabajo.