elsalvador.com WWW

Toda una vida recluidos
Un refugio hasta los dieciocho

La llegada el mundo de Salomón y Karla estuvo marcada por el infortunio. Los progenitores de uno y otra les abandonaron recién nacidos. Pero la providencia les deparó un magnífico e insospechado destino.

Publicada 19 de enero 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Los jóvenes que pasan toda su vida o parte de ella en una institución de protección al menor, al cumplir su mayoría de edad, tienen que abandonar la institución por el reglamento de estos hogares, ir a un mundo totalmente desconocido para ellos, ya que han tenido poco o ningún contacto con la realidad que se les avecina.

El Gobierno cobija a estos muchachos y les prepara con oficios, pero no pueden garantizar trabajo para que se puedan desempeñar.

Un futuro incierto

Cindy Jazmín tiene 17 años, estudia segundo año de bachillerato opción contador.

Parece una adolescente que tiene los conflictos propios de esa edad, sin embargo, en ella se refleja una madurez poco común y preocupación al saber que pronto dejará de ser una persona “institucionalizada” para formar parte de una realidad a la que nunca se ha enfrentado.

Tiene ocho años de estar en el hogar. Junto a ella ingresaron sus hermanas menores Olivia y Stefani.

Su madre se encuentra en la cárcel, y una de sus hermanas nació en el reclusorio. El único apoyo familiar es su abuela, alquien que puede brindarle apoyo, aunque no ayuda económica.

Añora el amor de una familia. Está empeñada en poder graduarse de bachiller, conseguir un trabajo gracias al oficio que aprendió en el albergue, buscar un lugar donde vivir y así sacar a sus hermanas de la institución, ayudarles y continuar sus estudios.

Nueve años en albergue

Con una madre esquizofrénica, tuvieron que intervenir las autoridades para proteger a los menores y, luego, ingresar a los niños en una institución. La menor de los niños tenía 7 años cuando fue internada junto con cinco hermanos.

Sin embargo, los tres menores corrieron mejor suerte y fueron adoptados por diferentes familias, las restantes aún se encuentran en el hogar.

Así empieza, el relato de Juana Esperanza. Está por cumplir sus 18 años y sabe que tiene que enfrentarse a su realidad, el salir del hogar sin empleo, sin tener techo ni estar amparada por nadie.

Actualmente estudia primer año de bachillerato. Tiene la esperanza de terminar educación media, trabajar como secretaria, ayudarles a sus hermanas en lo que pueda .

Sin embargo, lamenta que cuando llegó al hogar las adopciones fueran muy difíciles. La poca orientación que se daba en ese tema, a ella le caló, pues se quedó de interna, y ahora no quisiera salir de la institución, ya que no sabe lo que le espera afuera.

“Tengo temor de salir”

Delia Suleyma viene de una familia de 11 hermanos. Ella está por cumplir su mayoría de edad. Llegó a los 12 años, junto con su hermana de 13 años y quien posee capacidades especiales. Su madre les abandonó siendo muy pequeña y le dejó bajo el cuidado de sus hermanos.

Quiero estudiar enfermería, pero antes tengo que terminar el bachillerato. Cuando salga del hogar, desee trabajar en cerámica para poder costear mis estudios y ayudarle a mi hermana, afirma Delia.

Tengo temor de salir, pero le pido a Dios, fuerza para seguir luchando y enfrentarme sola a un mundo que a veces es muy cruel.

Espero poder encontrar trabajo, y confío en que alguno de mis hermanos podría ayudarme a tener techo.
Pienso mucho en mi hermana, que no puede valerse por ella misma, sino que depende de alguien más.

En el hogar nos dan mucho apoyo, pero no nos podemos quedar, nos incentivan a que trabajemos de día y estudiemos en la nocturna. Pero es muy difícil encontrar trabajo.


elsalvador.com WWW