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Vendedores de las alturas

Panchimalco. A José Luis, poco le importa el sacrificio de recorrer una y otra vez el escabroso ascenso de La Puerta del Diablo. La necesidad puede más que el peligro que enfrenta.

Publicada 19 de enero 2004, El Diario de Hoy

Regina Miranda
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Son dos escalas, de cinco minutos cada una, las que José Luis González, de 13 años, hace para descansar, luego de cargar el quintal de hielo para las minutas que vende, todos los fines de semana, en la cima de La Puerta del Diablo, en Los Planes de Renderos.

Después de comer unas cuantas pupusas y descansar un poco, relajando su espalda, se prepara para cargar su materia prima, que, desde muy temprano, ha comprado en el Mercado Central.

Es medio kilómetro de distancia lo que tiene que caminar el pequeño vendedor para llegar a la cúspide de la piedra.

Al principio del camino, el pequeño José muestra su valentía y en su rostro no se perciben indicios de cansancio.
A diez minutos de iniciada la travesía, le resulta imposible seguir caminando al mismo ritmo que comenzó. Los pasos se vuelven lentos y las gotas de sudor comienzan a brotar en su infantil rostro.

En el primer descanso, se entretiene y platica con algún turista o policía que brinda seguridad en la zona.

Después, continúa con la misma rapidez que comenzó. Sin embargo, al caminar otro tramo de 250 metros, sus rodillas se doblan por el cansancio, y sus pies se resbalan por el mal estado de algunos tramos del camino.

Su cuerpo tambalea. Al caminar, el hielo comienza a derretirse y cae en su vestimenta. Es hora de la segunda pausa.
Se sienta en un lugar donde algún arbusto proyecte su sombra.

Aprovecha para ofrecer agua a los turistas fatigados por el trajín. Luego, toma un refresco y espera a sus otros compañeros de labores.

Al llegar hasta la cima de la piedra se sienta a reposar y comienza a preparar todos los implementos para vender las minutas.
El trabajo lo finaliza a eso de las 6:00 p.m. De ahí, hasta el otro fin de semana.

 
11:10 Descanso Los menores aprovechan la primera estación para relajar la espalda. Una charla con un policía hace más ameno el trajín.
11:15 Ascenso Cinco años de práctica en estas labores permiten que los menores ya no resbalen con lo quebrado y tortuoso del terreno, como sucedía antes.
11:20 A.M. Nueva pausa Los muchachos aprovechan el segundo descanso para vender agua a los turistas cansados o retrasados.
11:30 A.M. Lo último Luego de media hora de recorrido, la cima de La Puerta del Diablo es alcanzada por los adolescentes. Atrás han dejado el inclemente sol y las peligrosas ráfagas de viento que soplan con fuerza.
11:40 La venta A cambio de $0.60, los turistas pueden degustar de un sabroso raspado, que incluye una enorme cuota de sacrificio por parte de estos niños.
 

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