Franklin Zelaya
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
La venta de materiales de valor histórico, sentimental y espiritual
de la antigua Iglesia Inmaculada Concepción se ha convertido en
una alternativa para la obtención de recursos con los cuales construir
el nuevo edificio.
Puertas, balcones, vitrales y demás piezas que formaron parte de
la iglesia de madera, fundada en 1854, por monseñor Tomás
Pineda y Saldaña permanecen en el suelo, a un costado del parqueo
de la iglesia provisional, con un precio simbólico que oscila de
10 a 50 dólares.
A pesar de la necesidad de las autoridades por obtener fondos, la apatía
y distanciamiento de los fieles católicos que salían de
la misa era notable.
Están muy sucios, aunque sea los hubieran lavado con una
manguera, comentó una señora, quien rápidamente
se volteó y se perdió en la muchedumbre.
Entre las 8:00 y 10:00 de la mañana, pocas personas se habían
interesado por las partes de la iglesia que el terremoto de 2001 convirtió
en reliquias.
La falta de preparación de los objetos, además de la poca
visibilidad de los mismos, hizo que esta primera jornada fuese poco exitosa.
Entre las piezas que resistieron a los sismos y a las adversidades del
tiempo se cuenta una pequeña anda de madera, utilizada desde la
fundación del templo.
Nuevo templo
Con el dinero recaudado en la venta de objetos, las autoridades eclesiásticas
pretenden autofinanciar una pequeña parte de la nueva estructura,
cuyo costo está estimado en un millón de dólares.
El proyecto del templo que se va a edificar en el mismo terreno comprende
un espacio de dos mil metros cuadrados y una capacidad para albergar a
cerca de 1,200 feligreses.
Como días atrás adelantó monseñor Rogelio
Esquivel, párroco de la iglesia, también se realizan otras
actividades, como la venta de un metro cuadrado de espacio a $350. Este
tipo de actividades comenzó en diciembre pasado.
Hasta la fecha, unos 500 fieles han comprado su pedacito de templo. La
meta, sin embargo, es llegar a 2,000 en las próximas semanas, para
finalizar las obras de un templo, que esperan esté terminado en
diciembre de este año.
Además, los feligreses también participan en la venta de
pupusas y otros platillos típicos para recaudar fondos.