Susana Peñate
El Diario de Hoy
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Con el único brazo que le queda, María Concepción
Urrutia cuida y mima a Chiqui, un gato que se ha convertido
en su compañía y distracción en el Asilo Santa Teresa
de Jesús.
Era de la señora que hacía la comida, pero me dio
lástima cómo lo trataban y por eso lo recogí.
Lo tengo en el cuarto, porque soy amante de los animales, sostiene
esta de anciana de 84 años, quien a pesar de su edad y discapacidad
es una de las personas más activas del hogar.
En este centro, construido por el Club Rotario San Salvador Noroeste hace
un año, hay 12 personas internadas.
Aunque uno de los requisitos es ser mayor de 60 años, hay casos
como el de María Teresa Pineda, de 48, que permanece en la institución
de ayuda. La señora padece de parálisis y su madre no pudo
mantenerle.
María Eugenia Villagrán es, a sus 52 años, otra excepción
en este hogar, ubicado en Aguilares.
La mujer sufrió hace tiempo un accidente y fue ingresada en el
Hospital Rosales. Como ningún familiar preguntó por ella,
al final, fue trasladada a las instalaciones de este hogar. Quienes conocen
a esta señora, afirman que tiene dos hijos en Ciudad Delgado, pero
hasta la fecha no ha podido contactarles.
Como el resto de integrantes del asilo, se levanta entre las seis y siete
de la mañana para bañarse y desayunar. El resto del día
pasan sentados o caminan por los corredores, pero sin mayor entretenimiento.
Elvira Alegría, una de las tres cuidadores, afirmó que por
el mismo abandono se sienten solos.
El hogar tiene muchas necesidades. Si quiere colaborar, póngase
en contacto con la alcaldía municipal.