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Los inquilinos del Asilo Santa Teresa de Jesús

Aguilares. Alcaldía, iglesia católica y voluntarios ayudan a este hogar. No obstante, requieren más recursos.

Publicada 19 de enero 2004, El Diario de Hoy

Susana Peñate
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Con el único brazo que le queda, María Concepción Urrutia cuida y mima a “Chiqui”, un gato que se ha convertido en su compañía y distracción en el Asilo Santa Teresa de Jesús.

“Era de la señora que hacía la comida, pero me dio lástima cómo lo trataban y por eso lo recogí.

Lo tengo en el cuarto, porque soy amante de los animales”, sostiene esta de anciana de 84 años, quien a pesar de su edad y discapacidad es una de las personas más activas del hogar.

En este centro, construido por el Club Rotario San Salvador Noroeste hace un año, hay 12 personas internadas.

Aunque uno de los requisitos es ser mayor de 60 años, hay casos como el de María Teresa Pineda, de 48, que permanece en la institución de ayuda. La señora padece de parálisis y su madre no pudo mantenerle.

María Eugenia Villagrán es, a sus 52 años, otra excepción en este hogar, ubicado en Aguilares.

La mujer sufrió hace tiempo un accidente y fue ingresada en el Hospital Rosales. Como ningún familiar preguntó por ella, al final, fue trasladada a las instalaciones de este hogar. Quienes conocen a esta señora, afirman que tiene dos hijos en Ciudad Delgado, pero hasta la fecha no ha podido contactarles.

Como el resto de integrantes del asilo, se levanta entre las seis y siete de la mañana para bañarse y desayunar. El resto del día pasan sentados o caminan por los corredores, pero sin mayor entretenimiento.

Elvira Alegría, una de las tres cuidadores, afirmó que “por el mismo abandono se sienten solos”.
El hogar tiene muchas necesidades. Si quiere colaborar, póngase en contacto con la alcaldía municipal.

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