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Domingo sangriento en Iraq

La explosión, que según fuentes iraquíes ha sido debida a un atentado suicida, provocó el incendio de media docena de automóviles. El eco de la deflagración retumbó en todo el centro del núcleo urbano

Publicada 19 de enero 2004, El Diario de Hoy

BAGDAD, IRAQ
SERVICIOS CABLEGRAFICOS.
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

No menos de 25 personas, dos estadounidenses y el resto iraquíes, murieron ayer al explotar un vehículo todoterreno cargado con 500 kilos de explosivos en las cercanías de la sede de la Autoridad Provisional de la Coalición en Bagdad.

Según un portavoz estadounidense, la explosión se produjo en la entrada de las oficinas del administrador de EE.UU. para Iraq, Paul Bremer.

Además, hay 131 heridos. El jefe de la Policía de Bagdad eleva a 35 los muertos.

La explosión sucedió en la entrada de un antiguo palacio presidencial de Sadam Husein y que hoy es utilizada por los aliados.

Un hombre auxilia a un civil herido momentos después de las explosiones. Foto AP

En concreto, la bomba estaba colocada delante de las oficinas del administrador estadounidense para Iraq, Paul Bremer. Estos edificios están en la denominada “zona verde”, un perímetro de seguridad que delimita las bases y edificios de los aliados en Bagdad.

Según indicaron fuentes militares estadounidenses, además de los 25 muertos, unas 130 personas han resultado heridas de diversa consideración, entre ellas algunos soldados de la coalición. Los dos muertos de nacionalidad estadounidense eran civiles que trabajaban para el Departamento de Defensa.

“Jamás volver”


“Oí un fuerte estallido y me caí al suelo”, cuenta Hamid Hawam, quien sólo sufrió heridas leves en la cabeza.

“Entonces vi coches ardiendo, muchos heridos y mucha sangre”. Los gritos de socorro se elevaban en el aire, las ambulancias no lograron al principio atravesar el caos.

Coches privados que pasaban por el lugar recogían a los heridos para llevárselos al hospital.
Hace diez días, Hawam, padre de dos niños procedente de Babil, a 80 kilómetros al sur de Bagdad, consiguió trabajo como limpiador en la sede de la administración estadounidense en Bagdad.

Ante la puerta, soldados estadounidenses y miembros iraquíes de la seguridad registran cuidadosamente a los empleados iraquíes como él en busca de armas o artefactos explosivos. Una tarea que lleva su tiempo.

Unos cien hombres y mujeres esperaban también el domingo a poder entrar, y como siempre tuvieron que hacer cola durante más de una hora.
Horas después de la explosión, Hawam seguía en estado de shock.

Un hombre corre frente a varios vehículos en llama. Foto AP

“Jamás volverá aquí”, afirma Hawam. “No, ni siquiera voy a regresar a Bagdad”. Echará de menos los 5.000 dinares (3.7 dólares) que ganaba al día con los estadounidenses. Ese fue precisamente el motivo por el que aceptó el trabajo, después de pensarlo seriamente.

“Monstruoso”

El administrador civil estadounidense en Iraq, Paul Bremer, condenó el domingo el atentado perpetrado contra una fila de personas que esperaban ante la puerta de la sede de la administración norteamericana en Bagdad, acto que calificó de “monstruoso”.

El acto terrorista es “una muestra más de las asesinas y cínicas intenciones de los terroristas de soterrar la libertad, la democracia y el progreso en Iraq”, afirmó Bremer en una declaración distribuida en Bagdad tras el atentado.
“Una vez más han sido iraquíes inocentes los asesinados por estos terroristas en un acto de violencia sin sentido”, agregó Bremer.

“Nuestro plan de traspasar el poder a un nuevo gobierno iraquí en julio de este año sigue sin cambios”. El 1 de julio, la administración civil dirigida por Bremer pretende entregar la soberanía del país a un gobierno de transición iraquí.

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