Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
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Viene
a nuestra memoria el recuerdo de aquel histórico episodio en Francia,
cuando a un noble que reunía todos los requisitos para ocupar el
trono que había quedado vacante, se le advirtió: Usted
no puede ascender al trono, porque no es católico. A lo que
aquel príncipe ni corto ni perezoso, respondió astutamente:
París bien vale una misa... ¡Y se hizo católico!
Cosas veredes, Sancho, amigo.
Y hoy en día, la historia se repite aquí, en nuestro país.
Pues vemos a uno de los candidatos de la oposición de izquierda,
y a muchos de su partido, asistiendo a misas, procesiones, y enviando
mensajes de Navidad, para congraciarse con los futuros votantes. Es decir,
queriendo dar una imagen diferente de lo que es y piensa en materia religiosa,
con el único fin de captar votos, a fin de triunfar en la próxima
contienda electoral.
Y es este un ejemplo del triste espec- táculo que observamos de
parte de políticos que durante el resto de su vida se han conocido
como no religiosos, y con una filiación atea bien determinada,
y ahora con el objeto de alcanzar el poder, abiertamente quieren confundir,
por no decir engañar al pueblo que está meditando sobre
a quién dar el voto en las próximas elecciones. O sea que
el fin justifica los medios, consigna que han hecho suya los de la izquierda
radical. No parando mientes en prometer cosas imposibles de cumplir. A
sabiendas de que en nuestro país, por razones económicas,
hay que ser cuidadosos en los cambios, pues se pueden causar daños
irreparables.
No nos cansaremos de dar la voz de alerta sobre lo perjudicial, dañino
y catastrófico que sería el que llegara al Ejecutivo el
representante de los extremistas, pues él, quien en todo momento
se ha caracterizado por su carácter y actitudes violentas, aunque
de momento en los afiches de propaganda se le presente sonriente y tolerante,
ya en el gobierno y revestido de poder, haría, al frente de su
camarilla de fanáticos, un gobierno de retroceso, destruyendo todo
lo bueno que hasta ahora se ha logrado.
Porque para ellos sólo la organización marxista-leninista
es la buena y lo demás hay que deshacerlo, anularlo, revocarlo.
Por estas razones, todo ciudadano consciente tiene el deber de sopesar
lo grave de dicha amenaza, que pone en peligro su futuro, su hogar, su
familia, la paz del país, y nos llevarían a un estado de
desenfreno, que sobrepasaría a todo lo imaginable.
Nikita Krushchev dijo en uno de sus tantos discursos: No se crea
que los comunistas hemos cambiado de parecer acerca de la religión.
Seguimos siendo los ateos de siempre, estamos haciendo todo lo posible
por liberar a aquellos que se encuentren aún bajo el influjo de
ese soporífero religioso.
De tal manera que el marxismo es la ciencia perfecta. Y al decir de Lenin:
Predicaremos siempre una filosofía científica, debemos
combatir las inconsecuencias de los cristianos. Y también
dijo: La moral es un recurso exclusivamente burgués. Y como
consecuencia de todo lo anterior para los comunistas todo aquello que
fomente la revolución es moral, legal y humano.
¡El Salvador bien vale una misa!
*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.