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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Yo sigo el sabio axioma popular de zapatero a tus zapatos.
¿Por qué no hablo de política? Porque no sé
nada de esa ciencia e industria y lo que he llegado a saber me ha causado
rubor, algunas veces tristeza y, por qué no decirlo, pena.
Cuando fui contratado por la editorial, se me encargó una columna
de motivación personal, que diera ánimos y hablara de lo
bueno, de lo bello, de lo inspirador del mundo. Después de tantos
años, no sé si logré el cometido.
Los cronistas de política harían lo suyo por su parte, porque
ellos eran los zapateros y no yo...
Decían los griegos que el hombre que no era político o era
un ángel o era un demonio. Yo no creo ser ni una cosa ni la otra,
sino un hombre más, desencantado por su tiempo y su sociedad política.
Creo que en el mundo nacerá un nuevo concepto del poder político
para que la civilización no perezca en el anunciado nuevo orden
que se avecina.
El mundo debe cambiar su tenebrosa economía de guerra por una maravillosa
economía de la paz, que en vez de misiles haya estrellas iluminando
la noche de nuestra historia.
Mientras tanto, en medio de la trinchera yo hablaré de la paz,
en medio de las sombras encenderé la tenue estrella de mi candil,
porque sé que no sólo de pan vive el hombre, sino del trabajo
que se le ha encomendado.
Y mi trabajo era ese, untar el bálsamo perfumado en el adolorido
corazón. ¿Cómo? Bueno, mirando lo bueno, lo dulce
que aún queda en el mundo, cantando canciones de esperanza en algún
lugar de la colina, mientras allá lejos, en el valle irreal y resplandeciente
se escuchaban los himnos y los tambores de guerra.
Día Día
Hay dos hechos económicos que operan en forma opuesta.
El primero es la tendencia a pagar poco, ahorrar, evadir responsabilidades.
De allí casos como querer quitar a los viejos y a las embarazadas
de un negocio. Pero el segundo es el que domina: cuando hay crecimiento
e inclusive bonanza, se pagan salarios y prestaciones más altos,
pero se vende y se gana muchísimo más. No hay que confundir,
a este respecto, la diferencia entre un crecimiento orgánico de
la economía, y lo que proponen los comunistas de subir salarios
por decreto. Lo uno genera un círculo virtuoso; lo otro, el desempleo
y la ruina.

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