Julio Calderón
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Al menos seis reclusos resultaron heridos, con quemaduras de agua hirviente
o afectados con crisis nerviosas durante disturbios provocados por pandilleros
en el centro penal de Mariona, al norte de San Salvador.
Los desórdenes se iniciaron a las 2:40 de la tarde de ayer, cuando
un miembro de la Mara 18 atacó a otro reo, coordinador de sector,
que anunció el fin de la jornada de visitas y conminó a
salir a la familia del atacante.
Entonces más reos, mareros y comunes, intervinieron y la trifulca
se fue generalizando.
En ese instante unas 150 personas, mayormente mujeres y menores de edad,
estaban en pasillos, cerca de celdas y espacios libres del lugar. Al
escuchar los gritos y los golpes, les dijimos a la gente que mejor se
saliera por su propia seguridad. Algunos lo hicieron, pero otros decidieron
quedarse adentro, dijo un guardia que pidió no ser identificado.
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Policías y custodios vigilan desde un
punto estratégico hacia el interior del presidio.
Foto EDH |
Casi una hora después, del interior del centro se comenzaron a
escuchar golpes en el techo, por lo que se decidió lanzar una señal
de alerta entre los vigilantes.
Al filo de las 4:15 fue necesario que los agentes de seguridad dispararan
sus armas hacia la cancha para restablecer el orden. Esto provocó
que los familiares que estaban afuera gritaran.
Los disparos aumentaron y los curiosos salieron huyendo, mientras que
los propietarios de pequeños negocios decidieron encerrarse.
Policías y agentes de seguridad del penal, así como los
periodistas, corrieron hacia un pasaje lateral al centro, desde donde
se ven las canchas deportivas.
Desde allí, un guardia penitenciario hizo varios disparos, luego
de ver cómo, aparentemente, los reos cargaban a uno de sus compañeros.
Fue falsa alarma.
Durante casi 25 minutos, los disparos arreciaron. Luego la calma volvió
y un grupo de reclusos apareció gritando que un niño, de
los que habían llegado de visita, se había desaparecido.
Pero esto se descartó.
Afectados
Las autoridades policiales y del centro penitenciario dijeron que resultaron
heridos los reclusos Daniel Mejía Ulloa, de 27 años; Daniel
Antonio Zavaleta, de 25; Luciano Arias Pineda, de 23; Marvin Ladislao
Mejía, de 24, y Celio Natanel Mejía, de 22. Todos fueron
identificados como miembros de la Mara 18 por las autoridades.
Otro interno, Mercedes Alvarenga fue víctima de una crisis de nervios.
Tres de los heridos fueron hospitalizados.
Agentes policiales de la delegación de Mejicanos acordonaron el
lugar para evitar fugas.
A las 6:30 de la tarde, los reos estaban en sus celdas y todo volvió
a la normalidad.
Un guardia que no quiso ser identificado dijo que aún a esa hora
los reclusos aún estaban enardecidos. A las 7:00 p.m., pocas personas
esperaban información de sus parientes afuera.
Vecinos de la zona pidieron a las autoridades que refuercen la seguridad
o que, en el mejor de los casos, trasladen la penitenciaría a otro
lugar.
La policía aseguró que no tuvo que intervenir y que la seguridad
del presidio fue la única que dirigió el operativo y restauró
el orden.
Momentos de agonía
Los incidentes en Mariona parecen cíclicos.
Los disturbios previos a éste, el 24 de julio, dejaron un muerto
y siete heridos. En diciembre de 2002 hubo una revuelta en la murieron dos
policías. Lo siguiente ocurrió ayer.
2:40 p.m.
Daniel Antonio Zavaleta ataca a otro reo, no identificado, porque conminó
a sus familiares a retirarse, pues había terminado la visita. Los
reclusos discutieron y comenzaron las peleas.
3:30 p.m.
Los guardias de seguridad en el centro penal empiezan a evacuar a los
familiares de los reclusos. Se ordena a los internos que regresen a sus
celdas. No acatan la orden.
4:15 p.m.
La seguridad interviene y dispara hacia la cancha. La gente afuera estalla
en gritos y angustia. Poco después, las autoridades comenzaron
a evacuar a los heridos.
5:30 p.m.
Las autoridades declaran que han retomado el control de los pabellones.
Aún persiste el alboroto, pero todo se va normalizando. Los familiares
y curiosos se retiran poco a poco.