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Pintora salvadoreña destaca en EE.UU.

Karla Rodas fue nominada al premio al Artista Revelación de Washington del año 2003. Ella ha pintado murales en la capital de Estados Unidos, en Illinois y en México

Publicada 16 de enero 2004, El Diario de Hoy

Francisco Ayala-Silva
En Washington-.
El Diario de Hoy

escenarios@elsalvador.com

Una vez al año el alcalde de Washington entrega reconocimientos a los artistas de la capital estadounidense.

La decimonovena premiación fue el pasado lunes 5 de enero, y la pintora salvadoreña Karla Rodas estaba nominada al premio a la Artista Revelación.

En la premiación del año anterior se habían mencionado a dos artistas salvadoreños, uno de los cuales recibió un galardón: el actor Quique Avilés.

El otro fue el pintor Nicolás Shi. Asimismo, recibió un premio el centro de danza en el que participa el Ballet Teatro El Salvador, de Miya Hisaka. Pero en la noche del pasado lunes 5 de enero, Karla Rodas era la única salvadoreña nominada.

Blue Forest es otra obra con dimensiones menos monumentales: 18’’ x 16’’. Foto EDH

En el colosal Centro Kennedy para las Artes, su categoría fue la primera en ser mencionada. Jim Vance, maestro de ceremonias, narrador de historias y presentador de televisión, invitó a las presentadoras a anunciar el premio. Éste fue para Tim Tate, un escultor que hace trabajos en vidrio, algunos de ellos monumentales.
Pero Karla Rodas también ha hecho trabajos monumentales, algunos del tamaño de casas.

Karlísima


Karla Rodas nació en San Salvador en 1970. A los cinco años de edad ya estudiaba con el maestro José Mejía Vides y a los siete con Armando Solís.

Su madre, la poeta Mayamérica Cortez, emigró a Estados Unidos escapando de la violencia. Karla la siguió con su hermana y hermano cuando tenía 14 años. No hablaba inglés, pero en cuatro años se convirtió en la estudiante de arte más destacada de su secundaria en Annandale, Virginia.

Sus buenas notas le valieron una beca para estudiar en la Universidad Washington, de San Luis, en el estado de Missouri. Ella recuerda sus años de universidad como años agotadores, de trabajar mucho y comer poco. En 1992 se licenció en idioma francés y en arte.

Desde entonces ha luchado para sobrevivir en una ciudad cuyos artistas son talentosos. La competencia es fiera pero ella ha conseguido participar en proyectos monumentales, con el nombre de Karlísima.

Uno de estos proyectos fue un mural de casi sesenta metros cuadrados en la histórica zona de la Calle U, que una vez fue el centro bohemio de la capital hasta que cayó en poder de pandillas y drogas. La creación de ese mural, diseñado por la pintora Anne Marchand, es parte del exitoso proceso de recuperación de la zona donde, hace casi un siglo, tocaba su piano el legendario Duke Ellington.

Otro de los murales en los que participó está en la ciudad de Ottawa, Illinois. Es un proyecto del pintor washingtoniano Byron Peck que recreaba a escala monumental a los soldados locales muertos en la Guerra de Secesión (1861-1865). En el pasado año participó, con Anne Marchand, en la creación de un mural en Sinaloa, México.

Asimismo, ha exhibido sus cuadros en Europa, Estados Unidos y El Salvador.
Aquella noche del 5 de enero fue sólo otro momento para Karla Rodas. Sus verdaderos momentos monumentales son cuando, ante una pared, pinta.

Armando Solís es otro de los maestros que introdujo a Karlísima en las artes plásticas.
Karlísima plasma sus raíces en I am the Light & Energy, pintura al óleo que mide 72’’ x 64’’.
Brilliant Sun muestra la versatilidad de Karla, quien recibió clases con José Mejía Vides.


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