elsalvador.com WWW

Ultimo adiós a un ángel

El cantón La Lucha, en Zacatecoluca, unió sus oraciones para pedir por el alma del infante de seis años que murió por una bala perdida.

Publicada 9 de enero 2004, El Diario de Hoy

Jesús Corvera
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Madrugaron. Siete de los tíos de Melvin Borja coincidieron en el cementerio del cantón La Lucha, de Zacatecoluca, La Paz, ayer a las 7:00 de la mañana. Su misión: abrir la fosa donde ahora descansan los restos de su sobrinito.

La dura tarea abarcó la mañana entera. El apoyo de varios amigos de la familia les permitió concluir la obra al mediodía.

El populoso cantón está de luto. Uno de sus niños dejó de sonreír y partió al cielo para convertirse en ángel. Ayer, el entierro fue la prioridad en la agenda de los habitantes.

A las 12:00 del día, el río Apanta lucía lleno de mujeres, niños y hombres que aseaban sus cuerpos para vestir después sus prendas oscuras. “Voy aprisa, porque tengo que arreglarme para ir al sepelio del angelito...”, expresó una de las señoras.

Un grupo musical católico interpretó cánticos religiosos ayer durante el sepelio del niño Melvin Daniel Borja Tiznado.
Foto EDH

El grupo musical de los católicos del cantón que coordina don José Tomás Ramos ensayó los cánticos que interpretarían durante el funeral. “En estos momentos somos hermanos en Cristo, acompañamos a los fieles con el alma y la música... tocaremos para despedir al angelito”, afirmó Ramos.

La caravana con los restos de Melvin llegó a las 3:10 de la tarde. El féretro lo trasladó un vehículo facilitado por la PNC. Además, la policía custodiaba la marcha y dirigió el tráfico desde San Marcos, en San Salvador, hasta Zacatecoluca.

¡Hasta cuándo!

La consternación reinó durante el sepelio. Los que conocieron al niño lo lloraron. Las frases de condena contra las pandillas no faltaron. Así como las peticiones de justicia contra los culpables.

Decenas de niños y niñas portaron las flores. Caminaron frente al carro fúnebre hasta el sitio donde Melvin fue enterrado.
El dolor venció a María Tiznado y Víctor Borja, padres del pequeño. La madre se desmayó, después de arrojarse sobre el féretro y gritar llamando a su hijito.

Fueron varias personas las que perdieron el sentido.
Nadie los criticó y todos se preguntaron por qué los más inocentes deben pagar las consecuencias de la violencia que impera en el país.

 

elsalvador.com WWW