El Diario de Hoy
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El candidato comunista a la presidencia, Schafik Handal, dijo en TCS
que había que asegurar la veracidad del contenido de
los medios. Y esa veracidad, de acuerdo a sus criterios, consiste
en publicar lo que él y su partido digan, como la BBC de
Inglaterra, refiriéndose a la radio televisión de
derecho público de ese país.
No sólo la BBC británica, sino que las televisoras estatales
en las naciones europeas están obligadas a conceder espacios a
todos los partidos políticos representados en los parlamentos,
de acuerdo al respaldo electoral que cuenten.
Pero no hay ninguna ley o regulación en democracia alguna, que
obligue a los medios independientes a publicar nada que sus editores y
dueños no quieran. La única forma como se puede garantizar
la libertad de expresión, es cuando las personas y los medios de
difusión son libres para decir pero también para no decir;
en el momento en que se viola ese principio, se pierde la libertad.
En la mayoría de naciones democráticas, los medios -diarios,
radiodifusoras y estaciones de televisión-informan de las actividades
de todos los partidos y de lo que hacen y dicen sus miembros y cabecillas.
Lo hacen por convicción y lo hacen para servir a sus lectores y
oyentes, no porque haya ley o autoridad que lo imponga.
Los medios en todo el mundo se esfuerzan por brindar información
cierta, útil y relevante. Pero cada publicación y cada editor
lo hace ceñido a la ética, a su profesionalismo, a los recursos
con que cuenta y a lo que el público espera. Y decimos lo
que el público espera para darle nombre a una sabiduría
práctica y a la experiencia del buen periodista, que conoce a sus
lectores y oyentes, como asimismo es un experto sobre su país y
su comunidad. Si operan diez radiodifusoras en una ciudad, habrá
diez puntos de vista diferentes en algún grado, que se complementan
unos a otros y además son sus propios contrapesos.
Desde hace rato apalean periodistas
Los comunistas, al igual que en toda dictadura, hablan de información
veraz, o noticias objetivas, pero buscan lo mismo:
controlar lo que se publica. El señor Handal siempre esquiva aclarar
en qué manera se puede determinar cuando una nota es veraz
o no lo es, o sobre quién recaería la autoridad para decidirlo.
Así ocurrió en el Medioevo: la Santa Inquisición
daba el permiso para publicar libros y periódicos, precisamente
para proteger a los fieles de informaciones o ideas no veraces y además
heréticas. Aquellos quemaban a los herejes y Castro los mete veinte
y treinta años en la cárcel. Por su parte el partido comunista
ya comenzó la persecución de los periodistas y medios informativos,
apaleándolos, amenazándolos y difamándolos.
A lo que conduce la información veraz lo muestran los
diarios cubanos: ocho páginas mal impresas, pura propaganda del
régimen, nula información útil para el público
en general, ninguna publicidad. A la llegada de Castro al poder, los periodistas
(presionados por gente del régimen) agregaban coletillas a las
notas que según ellos, eran tendenciosas, no veraces, antirrevolucionarias.
La veracidad se imponía desde el poder. Pero muy pronto
los diarios y emisoras cayeron en manos de Castro y se cerraron todos
los espacios a lo que no es propaganda comunista.