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Tema para meditar
Ser diferentes

No temas, la fuerza de Dios es arrolladora y tus sacrificios tendrán una recompensa inimaginable.

Publicada 8 de enero 2004, El Diario de Hoy

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Al comenzar un nuevo año, todos deberíamos tener una lista de propósitos para mejorar nuestra vida y la de las personas que nos rodean.

Por eso deseo compartir con ustedes unos pensamientos del libro “Líderes para el Evangelio”, de Human Life International (www.hli.org), que una buena amiga me mandó para meditar sobre lo que hemos hecho bien, mal y lo que debemos mejorar.

¿Eres de aquellos que tiene miedo a ser diferente a los demás? ¿De los que no quieren llamar la atención para que no se metan contigo? Entonces ten- drías que abandonar tu cristianismo, porque todo el que se proponga ser un buen cristiano, por fuerza, ha de ser diferente a los demás.

En un mundo de mentira y falsedad... la sinceridad choca. En un mundo plagado de materialismo, hedonismo e inmoralidad... la castidad desentona. En un ambiente de egoísmo... contrasta la virtud.

No te extrañes ni te duela si adoptas una actitud de valentía, de responsabilidad, de honradez; en una palabra, si eres diferente... tu actitud molestará. Aunque no digas nada, habrá quienes se sentirán incómodos ante ti. Se sentirán acusados de cobardía, de poca generosidad y puede ser que manifiesten esta incomodidad despreciándote, riéndose de ti o ridiculizándote. Será para ti un momento difícil y duro, en que has de demostrar tu rectitud de intención, pero no te eches para atrás.

Te echarán en cara que divides, que eres exagerado, intolerante, radical, que quieres imponer tu criterio y que te gusta llamar la atención. Sin darse cuenta, incluso tus mejores amigos, quizá a veces tus propios padres y parientes te harán un cerco para que cambies de actitud, para que seas un poco como todos. Necesitarás energía y fortaleza para seguir adelante sin ceder.

Te sentirás incomprendido, que te dejan solo, hasta ese que pensabas podía ser tu apoyo. Solo, en tus ideas y en tu forma de obrar. Y sentirás la tentación de abandonar tu postura coherente de esfuerzo, de honradez y volver a ser como todos. Pero atiende, volver hacia atrás sería una traición a ti mismo. Te harías despreciable a tus propios ojos. Una traición a tus amigos, a esos que te critican, pero que en el fondo admiran tu actitud y tienen en ti un ejemplo que imitar.

Sería una traición a Dios, que cuenta contigo para transformar tu ambiente y el mundo entero. Sigue, pues, adelante, no seas traidor. Los grandes hombres siempre han sido perseguidos, pero son los únicos con los que Dios cuenta para hacer su obra.
A Jesús de Nazareth ya para nacer no le admitieron en la posada; Herodes intentó eliminarle; los de su pueblo, ya de mayor, querían despeñarle; los jefes de Israel le tenían envidia y juraron matarle; uno de sus mejores amigos le traicionó; sus discípulos le abandonaron. Se quedó solo y ya conoces su pasión y muerte.

Todo porque era diferente, por decir la verdad. ¿Qué habría sido de nosotros, si Jesús, por temor, se hubiera echado para atrás? Antes de morir, Jesús había dicho a sus amigos: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”. Y así ha sucedido siempre. Juan Bautista fue decapitado por decir la verdad sobre el adulterio. Los apóstoles fueron martirizados y muchos millones de mártires, apedreados, quemados, echados a los leones y atormentados de mil maneras.

¿Qué delito habían cometido? Eran honrados, valientes, limpios, eran diferentes, como Jesús. Y eso a muchos les molestaba entonces y les molesta ahora. Los Santos de todos los tiempos se han visto despreciados, incomprendidos y perseguidos. Han tenido que sufrir, siempre ha sucedido así y seguirá sucediendo. Pero no temas, Jesús también ha dicho: “Yo he vencido al mundo... Yo estoy con vosotros”.

¿Solo? ¡Imposible! Ya has visto que no he querido ocultarte la dificultad. Ser diferente cuesta y compromete pero Jesús te dice: “Toma tu cruz y sígueme”. Es imposible que te mantengas en pie si no buscas la ayuda que sólo viene de la fuerza de Dios. La tienes en los evangelios; leyéndolos con frecuencia te sentirás animado a seguir su ejemplo. La tienes en los sacramentos, dispuesto siempre a perdonarte, a meter en ti su fuerza, su vida, su gracia y su Espíritu. La tienes en el sagrario, como un amigo esperando tus confidencias. La tienes en los demás, para amarlo y servirlo en ellos. La tienes dentro de ti, compañero de lucha y de victorias.

No temas, la fuerza de Dios es arrolladora y tus sacrificios tendrán una recompensa inimaginable.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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