Sergio Muñoz Bata*
El Diario de Hoy
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La
excelencia del servicio exterior brasileño, de merecida fama como
el más profesional de América Latina, ha sufrido un serio
descalabro gracias al activismo desmesurado de un camorrista juez brasileño.
Respondiendo de manera impulsiva al incremento en las medidas de seguridad
en los aeropuertos estadounidenses, el juez del Estado de Mato Grosso,
Sebastiao da Silva, ordenó a las autoridades migratorias brasileñas
improvisar un sistema de fichaje de los viajeros norteamericanos que visitan
Río de Janeiro, fotografiándoles y tomándoles sus
huellas dactilares.
La prisa y la deficiente tecnología brasileña motivaron
que, por cumplir con las medidas del juez, los trámites de entrada
a Brasil de los norteamericanos dilataran más de nueve horas. Esto
después de un viaje que toma más de diez horas de vuelo
y tres horas de espera en aeropuertos estadounidenses.
La controversia empezó la primera semana del nuevo año,
cuando la Secretaría de Seguridad Interior inauguró un sistema
de fichaje para extranjeros que visitan Estados Unidos. Según éste,
los ciudadanos de 150 países que requieren de un visado para internarse
en territorio nacional serán registrados con fotos y huellas dactilares
electrónicas. Los extranjeros provenientes de 27 países
que no requieren de un visado para ingresar a Estados Unidos están
exentos.
El nuevo programa tiene una doble finalidad. En primer lugar, reforzar
la amenazada seguridad nacional en tiempos de terrorismo. El otro, fortalecer
un sistema de inmigración tan deficiente que permite que unos diez
millones de personas vivan y trabajen en el país sin tener el obligado
permiso migratorio para hacerlo.
Las nuevas medidas han creado una enorme controversia y varias agrupaciones
defensoras de los derechos civiles la han visto como una invasión
al derecho a la privacidad de las personas. Temen que la sombra ominosa
del Big Brother que George Orwell predijo vigilaría
a la sociedad a partir de 1984, finalmente se haya materializado. Otro
temor es que otros países sigan el ejemplo de Brasil e intenten
reciprocar fichando a los norteamericanos que visitan su país.
También es evidente que el sistema tiene muchas limitaciones, pues
hasta la fecha se ha identificado a varios terroristas ingleses y ningún
brasileño o mexicano, y los británicos no serán fichados.
Reconozco que es difícil vencer el impulso de responder de la misma
forma a la arrogancia del poderío militar, económico y diplomático
estadounidense, tan ampliamente evidenciada el año pasado. El problema,
como bien lo ilustra la desmesurada respuesta brasileña, es que
la sinonimia que Brasil pretende establecer en este caso no existe. Estados
Unidos no singularizó a los ciudadanos de Brasil para ficharlos,
sino que los incluyó porque están en una larga lista de
países, 150, que requieren de visado para ingresar al país;
Brasil sí apartó a los norteamericanos para darles un trato
diferente. Brasil no ha sufrido un ataque como el que Estados Unidos vivió
el 11 de septiembre de 2001. Brasil no vive bajo la amenaza de bandas
de terroristas arropados en el fanatismo religioso. Brasil no tiene el
problema migratorio que Estados Unidos tiene con aquellas personas que
ingresan al país con un visado temporal y permanecen en él
indefinidamente.
En la postura brasileña hay también problemas de índole
práctica. Si lo que espera el Gobierno brasileño es que
el Gobierno estadounidense reaccione de manera timorata y modifique las
medidas de seguridad para exceptuar a los ciudadanos brasileños,
yo diría que las acciones del juez Da Silva, en vez de ayudarles,
han complicado peor la gestión. Si antes de la reacción
excesiva era poco probable que EE.UU. cediera, ahora es imposible.
En la actualidad unos 600,000 estadounidenses visitan Brasil anualmente
y si continúan los actos hostiles contra ellos, es difícil
concebir que habrá muchos dispuestos a viajar a Brasil en el futuro.
Algunos legisladores del Partido de los Trabajadores de Brasil han anunciado
su intención de formular una propuesta que aglutine a los países
del Mercosur en una respuesta conjunta a las medidas estadounidenses.
Si la propuesta llegara a tener éxito, su gestión conduciría
a sus respectivos países a un precipicio sin fondo. En tiempos
de emergencia debe prevalecer la razón y la comprensión.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.