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La nota del día
Lo prometen todo: lo posible y lo imposible

La propaganda que hacen los efemelenistas a lo largo y ancho del país, está destinada a engañar, confundir y seducir a la gente sencilla.

Publicada 8 de enero 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Hay ya montado un aparato gubernamental para proteger a los consumidores de engaños, estafas, malos productos, “exigencias leoninas” y sinvergüenzadas.

Si los vendedores no le cumplen una promesa a alguien, le venden como nuevo un artículo usado o le dicen que el bote tiene barniz y resulta con agua, hay oficinas donde recogen sus quejas y sancionan al estafador.

En los últimos meses el Ministerio de Economía ha publicado los nombres de entidades y comercios más frecuentemente denunciados, práctica que sin embargo es muy discutible. “Pero que lo hacen, lo hacen”.

Por su parte el Consejo Nacional de Publicidad vigila que no se anuncien productos y servicios que son un engaño al público. Es por similares motivos que El Diario de Hoy no publica avisos de brujos, magos, ni curanderos como hace otro matutino. No vamos a prestarnos al engaño, ni publicaremos en nuestras páginas comerciales del ungüento curalotodo.

Hay una excepción lustrosa: la propaganda que hacen los efemelenistas a lo largo y ancho del país, está destinada a engañar, confundir y seducir a la gente sencilla. Como todos lo saben, cinco mil agitadores andan por cerros, caminos y villorrios ofreciendo lo que la gente les pide: salud gratis, créditos abundantes y baratos, semilla, tierras y casas, banca de fomento, asistencia técnica, etcétera. Una “banca de fomento”, les aseguran, dará dinero a raudales a quien lo pida, a muy bajas tasas de interés. Y si no pagan los créditos, pues siempre será posible conseguir que los perdonen.

Igual andan en las barriadas. A los taxistas les dicen que la gasolina para ellos será casi gratis y les financiarán para “renovar sus unidades”. En Cuba también los taxistas pudieron renovar sus unidades: les dieron bicicletas para que jalaran una canasta donde el turista va a las viviendas con adolescentes. Y cuando no alcanzan las bicicletas, les proveen de una mula para jalar la canasta.

Pagarán la fiesta con las reservas

A los pobres campesinos les dicen que parcelarán las propiedades “del patrón”; lo probable es que de caerle la desgracia al país de un triunfo comunista, de inmediato se producirán invasiones de tierras y el descuaje total, inmediato e irreparable del territorio nacional. Como en los primeros meses del régimen duartista, abundará la leña.

Hay agricultores que están esperanzados en que “el Frente” va a reactivar la agricultura; hace unos meses dos cabecillas de los cañeros salieron diciendo que iban a votar por el partido que más les ofreciera. ¡Pues ya tienen por quienes votar! Cualquier efemelenista estará dispuesto a prometerles maravillas, e inclusive notarizar las promesas: créditos abundantes a menos del uno por ciento de interés anual; asistencia técnica, compra de cosechas, dinero para que remodelen sus casas y viajen a Miami, establecimiento de maquilas en sus propiedades, dote en contante y sonante para las hijas feas.

Cuando se le pregunta al candidato o a cualquiera de sus adláteres, de dónde saldrá el dinero para pagar tantas maravillas, son muy precisos: de los ricos. Allí están esos enormes caudales que llaman “reservas” que se pueden utilizar “para generar empleo”. Los bancos tienen reservas, las empresas tienen reservas, las administradoras de pensiones tienen reservas, el ISSS tiene reservas. Son dineros ociosos que los tontos capitalistas no saben en qué utilizar, los que despiertan una irresistible codicia del Frente.

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