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Una guerra contra las “maras” con poco éxito

A pesar de los múltiples esfuerzos, la Policía ha fracasado en varios intentos por terminar con ese flagelo. La criminalidad sigue.

Equipo de Investigaciones
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El problema de las “maras” es más complejo de lo que muchos especialistas creen . Foto EDH

El parangón es duro, pero tiene mucho de cierto. Muchos llaman a Soyapango “Soyajevo”, en comparación con Sarajevo, la ciudad yugoslava que fue destruida por una guerra a principios de la década pasada.

La delincuencia y la inseguridad afectan a las mayorías, que conviven con una cotidiana incertidumbre, aunque todo parezca normal. Crímenes, robos, lesiones y amenazas se cuentan por decenas.

Durante nueve meses, El Diario de Hoy ha dado seguimiento al comportamiento delincuencial y a los infructuosos planes de la Policía Nacional Civil (PNC) por cambiarle el rostro a una región extremadamente violenta.

Las más patéticas muestras de la violencia son los hechos ocurridos recientemente: la captura de pandilleros involucrados en horrendos crímenes y la masacre cometida en una colonia que, aunque pertenece territorialmente a Ciudad Delgado, por su proximidad, se identifica más con Soyapango.
Fue el mismo director de la PNC, Mauricio Sandoval, quien asumió la tarea con un inusitado fervor. Pretendía diseccionar el municipio, desarticular las pandillas y, así, ganar una de sus más grandes batallas. Toda una cátedra de intervención policial urbana. Pero el éxito no llega.

A mediados de abril pasado, Sandoval cambió la jefatura de la delegación policial de Soyapango, que además comprende los municipios de Ilopango y San Martín.

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Inmediatamente, mandó a acondicionar una oficina propia en el edificio policial, ubicado en Ilopango, para estar cerca de la zona de combate.

Incluso, en varias ocasiones, el mismo Sandoval llegó en horas de la noche y de la madrugada a patrullar varias zonas peligrosas del municipio.

Durante los primeros días “entraron con todo”, como se suele escuchar entre los jóvenes policías. En zonas de alto riesgo como Las Margaritas y la San José, en el norte de Soyapango, se desplegaron agentes antimotines de la Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO), quienes tenían una única misión: mantener a raya a los pandilleros que operan en esos sectores.
Por más represivo que fuera el nuevo sistema, no dio los resultados esperados. Los índices de delitos cometidos no disminuyó como se esperaba.

En la práctica, quienes conocen la zona saben perfectamente que en ese municipio la regla es simple: “A mayor represión, mayor violencia por parte de los pandilleros”.
Con la misma intensidad y con una mayor agresividad hacia los ciudadanos-víctimas, las pandillas siguieron operando. El problema es aún más grave debido a la relación entre las “maras” y el crimen organizado.

Las colonias Las Margaritas, El Pepeto, Los Conacastes y Prados de Venecia son controladas por la “Mara Salvatrucha”; en tanto, la “18” domina Montes de San Bartolo, La Campanera, repartos San José y San Ramón.

Cambios

Varias semanas después de iniciado el “nuevo plan”, Sandoval ya no llegaba con tanta frecuencia, aunque sus asistentes permanecían en la trinchera coordinando novedosos ataques.

En un afán por acercarse a las pandillas e intentar convertirlas, el Director de la PNC nombró al subcomisionado Gerbert Omar Larios, para entenderse con los “mareros”. Algunos le llamaron inmediatamente “El Zar de las Pandillas” en Soyapango.

Con el nombre de “Sol Naciente”, la PNC montó un operativo el 11 de septiembre anterior para detener a los líderes de las pandillas que operan con mayor fuerza en la zona norte de Soyapango.
Al final, 28 jóvenes fueron capturados. Con ese zarpazo, la guerra cambiaba de rumbo, aparentemente.

Revés

Lo que ocurrió días después es significativo y relevante: la mayoría de acusados de distintos delitos quedaron libres. Sólo dos sospechosos de participar en un crimen ocurrido en la comunidad 22 de Abril fueron enviados a prisión.

Otra vez en las calles, los “mareros” volvieron a actuar con más ahínco y desafiar a la PNC.
Este hecho, explican especialistas en distintas disciplinas, tan sólo corrobora una realidad: el problema de Soyapango no sólo se refiere a una simple guerra entre diferentes bandos, del delito y la represión.

El desorden va más allá y necesita, necesariamente, una lectura más completa desde diferentes perspectivas para encontrar una solución.

Debido al obvio fracaso de la operación “Sol Naciente” y otras iniciativas, “El Zar de las Pandillas” abandonó el frente de batalla.
A mediados de octubre, fue trasladado hacia la ciudad de Sonsonate, para ocupar la jefatura de esa delegación policial.

Otros experimentos se han seguido haciendo en Soyapango; sin embargo, la realidad no cambia.
La mejor evidencia son los índices: durante el 2002 se registraron 103 homicidios en la zona. El 50 por ciento de esos crimenes fueron cometidos por pandilleros.

Para este año los presagios son oscuros. Sólo en enero, que recién terminó, se registraron 22 muertes en ese municipios; en el mismo período, del año pasado, únicamente se reportaron ocho homicidios. Diez de los crímenes ocurridos el mes pasado se cometieron en la zona norte de Soyapango.

Situación crítica

En los últimas semanas, el panorama ha cambiado drásticamente debido a la conmoción que provocaron diversos crímenes.

Sólo así se ha logrado someter a varios miembros de la “Mara 18”.
Sin embargo, en el día a día, la situación en las comunidades es muy difícil.
Las pandillas siguen operando con la misma fuerza, pues el liderazgo ha sido transferido a otros jóvenes.

Al menos, 600 jóvenes integran ambas “maras”.

Muchos policías, los que recorren esos estrechos y hacinados pasajes tienen mucho temor ante posibles ataques por venganza.

Y es que en ese peligroso ambiente, cualquiera puede caer abatido por las balas o por las penas.
Una de las últimas víctimas de esa silenciosa guerra fue el mismo jefe de la delegación de Soyapango, subcomisionado Rodolfo Canjura, quien fue removido luego de la fuga de un peligroso pandillero.

Aunque la PNC lo intente, será difícil controlar ese convulsionado “microcosmos”, llamado ingratamente “Soyajevo”.

 

 

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