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Comentando
ENRON, RADIOGRAFÍA DE AVARICIA
Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Una empresa exitosa en el largo plazo sólo puede ser manejada
por las cuatro virtudes: Verdad, belleza, bondad y unidad
De cualquier modo que se mire, los efectos económicos de
la guerra con Irak no serán buenos. Los mercados detestan
la incerti-dumbre y la volatilidad
Con el fin del comunismo, el capitalismo tiene que enfrentar a su
nuevo enemigo: Sus propios excesos. La legitimidad del capitalismo
como modelo social y económico tiene su mayor enemigo en los
abusos y fraudes de los ejecutivos que el mundo empresarial muchas
veces crea. Esto fue evidente en el caso de Enron.
El año pasado fue el año de Enron. Durante 2002, se
conocieron los abusos y la administración fraudulenta de los
gerentes de Enron en contra de sus accionistas, acreedores y consumidores.
Enron era, hasta 2001, la compañía de energía
eléctrica más grande del mundo y la séptima empresa
más grande de Estados Unidos. Toda compañía de
energía eléctrica quería ser como Enron.
¿Pero en qué consistió el fraude de Enron? El
engaño consistía en mantener toda pérdida y mala
transacción fuera de los estados financieros auditados, que
toda empresa que cotiza en bolsa de valores debe hacer públicos.
Por ejemplo, supongamos que Enron necesitaba $100 para hacer un negocio,
pero ya había excedido sus límites de crédito.
Si solicitaba más préstamos, sus balances se iban a
ver muy endeudados, y esto podría afectar el valor de su acción
en bolsa. Enron, entonces, creaba una compañía en las
islas Caimán, llamada Energía I, por ejemplo. Energía
I pedía el préstamo que Enron necesitaba y le daba el
dinero a Enron a cambio de un activo o acciones.
Enron, por lo tanto, le transfería un activo a Energía
I o le daba acciones. En cualquier caso, el activo siempre permanecía
en control de Enron, ya que Energía I realmente y legalmente
pertenecía a Enron.
Por consiguiente, Enron obtenía los fondos que necesitaba sin
reportarlos como aumento de deuda y mantenía el control de
sus activos y acciones. Ahora multipliquen este ejemplo por millones
de transacciones y millones de dólares. En cada una de estas
transacciones, los principales ejecutivos de Enron eran los accionistas
de las compañías en las islas Caimán. Estos ejecutivos
recibían enormes pagos y beneficios por hacer estas transacciones.
Enron necesitaba estos fondos, ya que sus negocios de administración
de riesgos estaban fracasando. Enron se había diversificado
a vender productos financieros. Por ejemplo, Enron vendía productos
financieros para el riesgo climático. Supongamos que usted
tiene una empresa de venta de paraguas en Miami. Si llueve mucho este
año, usted venderá muchos paraguas. De lo contrario,
probablemente tenga pérdidas. Este tipo de empresas le pagaba
a Enron una prima por su producto de riesgo climático. Si llovía,
la compañía le seguía pagando a Enron sus cargos
mensuales. Si no llovía, entonces Enron estaba obligado a darle
enormes sumas de dinero a dicha empresa que compensaran la pérdida
en ingresos. Esto es como un seguro, pero sin activos físicos.
Enron decía que estaban en el negocio de los activos virtuales.
La gerencia de Enron sostenía que podía dominar un mercado
sin tener que comprar los activos. Era un negocio de capital intelectual,
fascinante y muy riesgoso. Enron sostenía que estaba creando
nuevos y enormes mercados. Las pérdidas de estos negocios fueron
tan grandes que Enron diseñó la forma de financiarse
vía la creación de compañías en las islas
Caimán.
Para lograr cubrir este juego exitosamente, por años, Enron
recurrió a la ayuda de sus auditores, Arturo Andersen, sus
abogados y sus mejores ejecutivos. A cambio de su cooperación,
estos ejecutivos y auditores se volvieron millonarios. Finalmente,
el negocio no soportó más perdidas y Enron aplicó
al capítulo 11 de la Ley de Bancarrota de Estados Unidos.
En el mundo empresarial, hablamos de riesgo cambiario, riesgo crediticio,
riesgos de mercado y riesgos de pérdidas operacionales. Pero
Enron nos ha mostrado un riesgo más importante que estos: el
riesgo de la mala administración.
Pocas veces este riesgo fue tan evidente como en el caso de Enron.
No hay seguro ni garantías contra el riesgo de la mala administración.
Al final del día y después de más 200 años
desde que Adam Smith inició el capitalismo moderno con su libro
La riqueza de las naciones, podemos concluir que Aristóteles
probablemente tenía razón. Una empresa exitosa en el
largo plazo sólo puede ser manejada por las cuatro virtudes:
Verdad, belleza, bondad y unidad.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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